En resumen, mantienen más del 50% de los votos y más de 2/3 de presidencias de las Câmaras Municipales, cuando en el total del Estado no subían del 20% de los votos y 1/6 de las Câmaras.
Con los años, esta hegemonía se quebrará ligeramente y así, en las elecciones municipales de 2005, la coalición liderada por el PCP obtendría en Alentejo y Setúbal un 45% de los votos, que le suponen 26 presidencias de Câmara (el 47%). Aún es una representación muy respetable y significativa, y más si la comparamos con los resultados estatales, donde sólo logra el 11% de los votos y el 13% de las Câmaras. Y es que en “el corazón de la Reforma Agraria” el PCP ha sido, y aún sigue siendo, la referencia de la lucha por la tierra y la explotación y usufructo para los que directamente la trabajan, sin otro objetivo que vivir dignamente de ella… ¡y colectivamente!, repiten los comunistas portugueses todavía.
8. CONCLUSIONES.
Si el “hambre de tierras” es una constante histórica en todo el mundo, en el sur de la Península Ibérica se ve subrayado por el sistema de ocupación y reparto medieval, cuando la conquista cristiana se efectúa cediendo a grandes señores y Órdenes Militares enormes territorios en propiedad. Las desamortizaciones liberales del siglo XIX completan la concentración de latifundios en pocas manos, dejando a las masas campesinas sin el recurso de subsistencia de tierras comunales y eclesiásticas.
Las luchas por conseguir un reparto de tierras y un orden social en el campo, son bandera reivindicativa de las fuerzas políticas y sindicales emergentes que en el siglo XX se organizan pese a la represión del poder constituido y su aparato policial. En Portugal se distinguirá por su fuerza y representación popular el PCP desde los años veinte; en España, el PSOE y los sindicatos CNT y UGT ya contaban con importante afiliación y respaldo campesino desde comienzos de siglo.
Con la instauración de la II República española en 1931, la reivindicación de una Reforma Agraria radical es asumida por el PSOE y la UGT (y dentro de ella, su poderosa sección agraria, la FNTT), bajo el liderazgo de Francisco Largo Caballero, además de por la CNT. El modelo de reparto y gestión de la tierra que defienden es la colectivización de la propiedad, el trabajo, la producción y la generación de actividades derivadas: comercialización, industrialización, etc.
Extremadura, y sobre todo la provincia de Badajoz, adquieren en el proceso un papel preponderante, por el activismo de la lucha agraria, por las ocupaciones reales afectadas y por las expropiaciones decretadas.
Con el estallido de la Guerra Civil en 1936 comienza a cobrar importancia la presencia del PCE, cuyo dirigente Vicente Uribe será Ministro de Agricultura. El Partido Comunista aboga por la entrega de tierras a pequeños campesinos y arrendatarios como forma de implicar a las clases medias en el proceso revolucionario, oponiéndose a la legalización permanente de las colectividades.
Surgen así dos posturas enfrentadas: la socialista, encabezada por la FNTT, cuyo Secretario General, Ricardo Zabalza declara la necesidad de afianzar la Revolución, sobre la base de las Colectividades, y la comunista, que defiende la propiedad del pequeño campesino como “sagrada”, en palabras de Uribe. El triunfo de los militares golpistas en 1939 acabará con este conflicto interno no resuelto, pero inclinado al modelo colectivista, por la mayor importancia de las fuerzas implicadas.
Con la Revolução dos Cravos en 1974, la lucha por la ocupación de latifundios improductivos o en abandono o semiabandono la asume casi en exclusiva el PCP, liderado incuestionablemente por Álvaro Cunhal. La defensa comunista del modelo colectivista es “sin fisuras”, al contrario que el partido homónimo español. En cambio, el Partido Socialista, surgido en el exilio, en Alemania, un año antes, y liderado por Mário Soares, prefiere un modelo de pequeños propietarios autónomos y de empresas familiares o pequeñas cooperativas tradicionales, al tiempo que no apoya la ocupación de tierras alentada por el PCP, desesperado por procesos de expropiación que se enlentecen en medio de las necesidades básicas del campesinado.
