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ENGAÑO Y COMPASIÓN DE UNA CRIANZA – 2 – por Raúl Iturra

(Continuação)

 

 

 

 

La mejora de las condiciones de los obreros fue lenta, y no sería hasta 1920 cuando se empezaran a dictar las leyes sociales mínimas, tales como la de pago en dinero y jornada de trabajo. Por su parte, en 1914, el general Silva Renard, escapó malherido de un intento de asesinato por parte del anarquista Antonio Ramón Ramón, un español cuyo hermano Manuel Vacca fue muerto en la Santa María. El general Silva Renard moriría unos años más tarde a causa de estas heridas.

 

 

Cualquiera que haya sido el número de víctimas, el gobierno de la época ordenó no expedir certificados de defunción de los fallecidos, enterrándolos a todos en una fosa común en el cementerio de la ciudad. Sólo en 1940 se exhumaron sus restos, los cuales fueron enterrados nuevamente, esta vez en el patio del Servicio Médico Legal de dicha ciudad. Con motivo de la conmemoración de los cien años de la matanza, el gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet ordenó que se exhumaran nuevamente los restos y que fueran depositados en un monumento especialmente dedicado a ellos en el lugar del crimen.

 

La muerte no es una estadística: es un hecho personal y privado que se convierte en público cuando la maldad humana desata sus huracanes. Y entonces da lo mismo que sean cien o mil, porque, más allá del dolor, sólo pesa la injusticia, la implacable inconsciencia, especialmente si se trata de amparar un sistema en el cual la carne humana es un medio para sustentar la riqueza. Mario Bahamonde. Pampinos y Salitreros (Santiago: Editorial Quimantú, 1973):

 

93, en http://www.anarkismo.net/article/7037

 

Los hechos de la matanza fueron intencionalmente omitidos por los gobiernos de la época. Con el paso del tiempo, sus trágicos hechos sirvieron de inspiración para cantantes y poetas, mientras que sus efectos sociales fueron investigados desde mediados del siglo XX.

 

Las principales obras que tratan este evento son: Libros • 1952 – Volodia Teitelboim, Hijo del salitre; 1985 – Eduardo Devés, Los que van a morir te saludan, 2002 – Hernán Rivera Letelier, Santa María de las flores negras.; Música: 1970 – Luis Advis, Cantata de Santa María de Iquique. (interpretada por Héctor Duvauchelle y Quilapayún). Teatro: 2004 – Compañía La Patogallina, 1907: 2007 – Compañía Teatro del Oráculo, Santa María de Iquique: La Venganza de Ramón Ramón •

 

 (Continua)

 

 

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