Situación hasta los años cuarenta del siglo XX.
España y Portugal, en el orden de las relaciones bilaterales, siempre estuvieron marcadas por el mutuo recelo. La “frontera permeable”, esa especie de “barrera de papel”, facilitaba la conspiración contra los respectivos regímenes en épocas de cambios no compartidos. Así ocurrió durante la “década ominosa” española (1823-1833), cuando los “miguelistas” portugueses, absolutistas partidarios de D. Miguel, 10 intrigaban en España contra María II; o pasó después con los “carlistas” españoles, integristas que encontraban refugio en Portugal para sus conspiraciones y guerras contra Isabel II. Extremadura y Alentejo tenían en todo ello un papel crucial, por su situación central, en el paso Madrid-Lisboa16.
Tras la implantación de la República portuguesa, en 1910, los recelos del rey de España, Alfonso XIII, se intensifican. Igual pasaría después con la formación en 1931 de un gobierno de izquierdas en la recién creada II República española, y más con el Frente Popular de 1936: Salazar siempre manifestó su prevención, incluso al propio embajador español, Sánchez-Albornoz, João Medina escribe sobre el encuentro de ambos:
“Duas condições… são necessárias para o êxito da sua actuação em Portugal. Primeiro, que a Espanha não sinta nenhum interesse em relação à independencia portuguesa… Segunda que a Espanha republicana não tivesse a mínima intervenção na política lusa”. Salazar acrescenta que há muitos espanhóis que se imiscuem nos problemas internos dos portugueses e les prometem libertá-los da ditadura, alem de que alguns jornais publicam artigos de portugueses emigrados, injuriosos para o regime portugues.17
No es de extrañar, así, que cuando Franco dé el golpe de estado que lleva a la Guerra Civil (1936-1939), los republicanos que huyen a Portugal sean reconducidos a España por las autoridades lusas, siendo uno de los episodios más lamentables la entrega en la frontera de Caya, en Badajoz, de donde pasarían a ser fusilados centenares de militantes obreros, sindicalistas y políticos, a pesar del esfuerzo -con enorme riesgo de su integridad y libertad- del pueblo portugués, alentejano en nuestro caso, por ocultarlos y protegerlos.
Son interesantes y emocionantes estos casos de solidaridad popular, en tanto los gobiernos se mantienen en guardia, o colaboran con las respectivas políticas represoras contra la libertad y el movimiento de los trabajadores. Estamos ante una etapa de grandes dificultades, de muchas penurias para los campesinos, que estallan en motines, enfrentamientos con las fuerzas de orden público y consiguientes huidas y 17 MEDINA., J.: Claudio Sánchez-Albornoz e Salazar. Revista DA Facultade de Letras. Lisboa, 1986. Pg. 65.
18 Ver la novela de ANTONIO BALLESTEROS DONCEL, Los mochileros. Diputación de Badajoz. 1ª edición de 1971; 2ª, 1999.
19 DÍAZ-PLAJA, F.: La II República y la Guerra Civil de España en sus documentos. Edit. Plaza y Janés. Barcelona, 1975. (Recoge en este sentido diversas intervenciones y estudios de Pascual Carrión).
refugios “al otro lado” de la frontera de líderes y activistas. Etapa también de contrabandistas, de “mochileros”: gente que se gana el sustento pasando de un país a otro artículos de consumo ordinario, normalmente cargando con ellos campo a través amparados en la noche18. Y también de asaltos a dehesas para hacerse con el humilde y vital botín de un saco de bellotas con que dar de comer a una, a tantas familias hambrientas. Etapa de vigilancia y persecuciones de la GNR y Guardia Civil respectivas contra una población de frontera depauperada y sistemáticamente reprimida.
Y en medio de tanta necesidad, una esperanza: la creada por la II República española de 1931. Había llegado el tiempo para España, y en concreto para Extremadura, de la soñada Reforma Agraria.
En aquellos momentos, en Extremadura, los jornaleros constituían el 52% de toda la población activa, los pequeños arrendatarios y aparceros el 16%, y otros 16% pequeños propietarios, o sea un 84% de población activa que no tenían tierras o eran manifiestamente insuficientes para alimentar a sus familias, mientras que el 1’8% de los propietarios tenían el 65% de la superficie19.
El 23 de septiembre de 1931 se publica la Ley de laboreo forzoso (boicoteada por los latifundistas), el 9 de septiembre de 1932 se aprueba la Ley de Bases para la Reforma Agraria (faltaban los decretos de desarrollo) y el 1 de noviembre de 1932 un Decreto de intensificación de cultivos (ante tanta tierra mal explotada, permitiendo la ocupación forzosa en arrendamiento durante dos temporadas). Pero en diciembre de 1933 -más de un año después de este decreto de emergencia- en Extremadura sólo hay 110.000 ha. ocupadas, y apenas se contemplan partidas presupuestarias oficiales para seguir arrendando en los presupuestos oficiales de 1934 y 1935. Sólo con el triunfo del Frente Popular el 16 de febrero de 1936 se acelerará el proceso; en abril, hay 125.331 ha. ocupadas en la provincia de Badajoz y 113.446 ha. en la provincia de Cáceres, tras un nuevo Decreto de intensificación de cultivos, de 3 de 12 marzo de 1936, y bajo el impulso de la socialista Federación de Trabajadores de la Tierra (FTT)20.
20 Ver CAYETANO ROSADO, M.: La Reforma Agraria en Extremadura y el Alentejo portugués.
Creada la esperanza, puesto en marcha el mecanismo de reparto de tierras, bajo sistema colectivista, el golpe militar del 18 de julio de 1936 romperá con todas las expectativas, aunque durante la Guerra Civil las zonas que se mantienen leales al Gobierno legal de la República, y concretamente las comarcas de La Serena y La Siberia en Badajoz, desarrollarán un importante proceso de propiedad y producción colectivista que dio trabajo, pan y prosperidad a toda la zona en los pocos años que duró, desapareciendo todo ello con el triunfo franquista de 1939.
16 Ver GARCÍA PÉREZ, J., SÁNCHEZ-MARROYO, F. y MERINO, Mª.J.: Historia de Extremadura. Los tiempos actuales. Universitas Editorial/Junta de Extremadura. Badajoz, 1985. Pgs. 745-760.
