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La vivienda de los inmigrantes temporeros en Extremadura – por Moisés Cayetano Rosado

 

 

Extremadura, a lo largo de toda su historia, ha sido una región de paso y de asentamiento. Culturas y civilizaciones se han sucedido, conformando un  pueblo mestizo, enriquecido por la multiculturalidad que ha dejado un poso bien compactado.

 

Sin embargo, a causa de la colonización de América en los siglos XVI y XVII, así como las masivas migraciones de finales del siglo XIX, una pérdida poblacional profunda desertizó grandes áreas de la región, y en especial en los años sesenta del siglo pasado: saldrían de Extremadura casi el 40% de sus habitantes entre 1955 y 1975, duplicando el porcentaje algunas zonas, como Alcántara o La Siberia. Sólo la generalizada crisis económica mundial iniciada en 1973 y agudizada en 1979 cortó el proceso.

 

Pero nuevamente, a partir de finales de los años ochenta del siglo XX volveríamos a retomar esa seña de identidad de pueblo de acogida, si bien en esta ocasión no como colonizados o conquistados por civilizaciones invasoras, sino solicitados por personas y grupos pertenecientes al escalón más oprimido de los sectores laborales “expulsados” de sus lugares de origen.

 

Y ante éstos, se sitúa con profesionalidad y empeño sostenidos uno de nuestros más esforzados y jóvenes investigadores universitarios, Domingo Barbolla, que durante ya más de 15 años lleva estudiando la inmigración en Extremadura, y especialmente las condiciones de acogida, expectativas y encuadres laborales, las actitudes de los nativos para con ellos y la vivienda de estos inmigrantes.

 

Ahora, este profesor de Antropología Social de la Universidad de Extremadura, nos presenta un denso libro de más de 500 páginas, dividido en 17 capítulos, bajo el título general de La vivienda de los inmigrantes temporeros en Extremadura (2000-2003). Ejemplarizando el materialismo cultural, editado por la Fundación Academia Europea de Yuste. Las zonas de estudio son: Talayuela, Valle del Jerte, Vegas de Coria-Plasencia, Vegas Bajas, Tierra de Barros y un grupo que engloba a otras zonas de menor importancia numérica.

 

Al análisis y comentario de los datos cuantitativos y constatados, une unas precisas conclusiones año a año y zona a zona, así como propuestas de actuación que deberían pasar a ser un programa de consulta y gestión obligatorio para los responsables sociales, empresariales, sindicales y políticos de la región en general y cada parte de asentamiento en particular: las experiencias de los propios extremeños en nuestro proceso migratorio y los análisis que Domingo Barbolla hace son suficientemente clarificadores de lo que el “choque convivencial” puede significar de no tener en cuenta las peculiaridades, mentalidades y necesidades personales y de grupo de estos colectivos de inmigrantes, y sobre todo de sus hijos y demás descendientes.

 

Un importante capítulo dedicado a estudiar, mediante una impecable encuesta, las actitudes de los jóvenes extremeños sobre los emigrantes, nos arroja conclusiones muy especiales: la saturación de inmigrantes perjudica la valoración que se tiene de los mismos, no favorece los repartos igualitarios, y mucho menos en materias muy valoradas, como es la vivienda. O sea, ¡ojo al futuro! Educación, formación en la tolerancia y atención oficial a las necesidades básicas de todos -nativos e inmigrantes- en prestaciones sociales y vivienda asequible, serán claves para evitar enquistamientos, problemas agudos y rupturas irreversibles.

 

Domingo Barbolla termina su exhaustivo estudio con una frase de Theilhard de Chardin que resume la intencionalidad manifiesta de este trabajo clarificador: “llegará un día -está llegando- en el que la inteligencia de cada hombre esté al servicio de la especie humana al ser conscientes de una inteligencia superior

alimentada por todas y cada una de ellas. Es el tiempo”. Como dice Domingo una línea más atrás: “que el ser humano sea la suma y no la resta”. Suma en convivencia y en igualdad de oportunidades, en que también se insiste en estas conclusiones llenas de compromiso y apuestas por todos los hombres que en su tierra o fuera de ella tienen derecho al trabajo, al pan y, como decía el poeta Florentino Huerga, a que ningún niño muera “sin casa y sin ventana”.

Estamos, en definitiva, ante un libro riguroso, útil para todos, comprometido y militante del hombre y la solidaridad al margen de etnias, culturas y fronteras, que en Extremadura deberá ser de necesaria consulta y compromiso para todos.

 

 

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