Cuando se ven desde el aire los espacios monumentales, adquieren una visión de conjunto relevante. Se ve el bien patrimonial en sí y su relación con el entorno, que lo preserva o lo asfixia, que lo enaltece o lo minimiza.
Así, cuando uno monta en globo, sobrevolando la ciudad de Elvas, declarada el pasado 30 de junio Patrimonio de la Humanidad por sus fortificaciones, observa no solo sus líneas de murallas, respetadas en su integridad y autenticidad, sino también el tratamiento de su entorno, ese respeto por lo que constituye parte esencial de lo que fueron las defensas: los glacis, el terreno expedito de los alrededores.
Los glacis forman parte del significado histórico, utilitario, estratégico de la muralla abaluartada, pues constituyen un lugar abierto que ha de salvar el enemigo para tomar la plaza, al tiempo que un espacio necesario para vigilar y “hacer blanco” desde dentro. Pero, hoy, además de explicarnos el significado global de esta maquinaria de defensa, constituye un bien artístico complementario de primera magnitud, que embellece la monumentalidad de las construcciones complejas de la fortificación, dándole gran perspectiva visual.
Elvas ha sabido conservar estos entornos libres de edificaciones no solamente en sus murallas urbanas, sino en las construcciones periféricas, como son los fuertes y fortines. Los fuertes, ciertamente, continúan alejados espacialmente de la voracidad urbanística, pero algunos fortines han quedado englobados dentro de las
Hoy solo nos queda lamentarnos… y tomar lección de los atropellos y destrozos para no volver a cometerlos. Se suele decir que el que no conoce la historia está condenado a repetir los errores perpetrados en el pasado; ¿seguiremos repitiéndolos, aun conociendo las tropelías perpetradas?
