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ENGAÑO Y COMPASIÓN DE UNA CRIANZA – 5– por Raúl Iturra

(Continuação)

 

Había llegado la hora, después de la disputa entre el Cardenal y la Corte Suprema, de separar los poderes entre la Iglesia Católica y el Estado que gobernaba la Nación, lo que fue hecho años más tarde. No se podía nombrar ni un Sacristán, sin el consentimiento del Estado. Rápidamente cada uno fue a sus deberes separados: el gobierno administraba el Estado, la Iglesia Católica, a sus fieles – habían más confesiones, pero eran de extranjeros convidados a poblar el país, como los Luteranos, Calvinistas, Presbiterianos y Metodistas, siempre bajo la vigilancia de la Iglesia Romana . Durante la gestión de Valdivieso, las relaciones entre la Iglesia y el Estado mejoraron notablemente, no faltaron en el horizonte algunos nubarrones que amenazaron con desencadenar la tormenta entre ambas Instituciones. El mayor de estos problemas estuvo representado, en 1856, por el denominado “Caso del Sacristán”. “Las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno durante el largo episcopado de Valdivieso, comenzaron a exasperarse con un hecho insólito, risible y doméstico, si así pudiera llamarse, porque lo provocó el empleado de la Catedral, Pedro Santelices. Este se insolentó contra su jefe, el sacristán mayor del templo, presbítero Francisco Martínez Garfias, quien lo destituyó del servicio, sin pedir el veniat del Gobierno. Santelices se quejó de la medida ante el Cabildo Metropolitano, y este alto cuerpo lo reincorporó. El canónigo tesorero, jefe del presbítero Martínez, reclamó al Vicario General subrogante, Vicente Tocornal, y éste con su autoridad ordinaria, confirmó la expulsión de Santelices” El asunto llegaría a la Corte Suprema, y, por orden de ésta, se conminó a Valdivieso a levantar la censura impuesta a los canónigos que habían tomado partido en la disputa, pero el Arzobispo “…no aceptaba mandatos que no fuesen del Romano Pontífice. Había llegado la hora de liberar a la Iglesia del poder secular. El fue quién dio en Chile las primeras batallas por la independencia de la Iglesia” La República de Chile no era un mar de rosas, como todo Estado en formación. En el Siglo XIX se establece la división del país entre conservadores y liberales, con una guerra civil en el medio, la del Parlamento con el Presidente de la República José Manuel Balmaceda. La entrada del concepto socialista a seguir la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique, la formación de partidos que luchen por el poder, hasta el apaciguamiento entre gobernantes y gobernados, con la elección para la Presidencia de la República de Arturo Alessandri Palma, narrada por mí en mi texto Una República democrática y presidencial: Chile, dentro de este mismo bloque cuando se denominaba Estrolabio, hoy es los viajes de los argonautas http://aviagemdosargonautas.blogs.sapo.pt . Está escrito en luso europeo y comienza así: 1. Independencia do Chile É conhecido e mais do que sabido, que o Chile era uma colónia da coroa de Espanha. Como país colonial, o título do Mandatário era o de Governador. Não era eleito pelo povo, era designado pelo Rei ou Rainha, como no caso do Chile, com uma cabeça coroada feminina Isabel II, apenas uma pequena que jogava a ser Rainha. O seu Pai, Fernando VII, da família Bourbon, tinha sido retirado do governo e levado em prisão régia a Baiona, pelo Imperador desses tempos, Napoleão Bonaparte. Guloso era Fernando VII de Espanha (San Ildefonso ou Escorial, 13 de Outubro de 1784 – Madrid, 29 de Setembro de 1833), rei espanhol, filho de Carlos IV e de Maria Luísa de Parma. Não queria sair da prisão, entregando feliz a monarquia a herdeira, sua filha Isabel. Napoleão tinha entregado a monarquia espanhola ao seu irmão José, que não soube ser Rei e ao primeiro levantamento do povo contra os Bonapartistas, fugiu e passou a ser Rei da Sicília, mais calma e serena para o seu prazer. El texto está escrito el 4 del 11 del 2011. Estos son los antecedentes que he reunido para lo que me interesa, la vida del Tucho Caldera. Antecedentes resumidos, que pueden ser leídos en los textos citados y, a veces, citados. En mi pensamiento, y lo digo en mi ensayo sobre Un país democrático y republicano: Chile (el título original está escrito en luso europeo, pero lo traduje para éste en Castellano), Chile era una República en formación. En la corta síntesis que precede este parágrafo, digo que acabó de ser un Estado como los otros desarrollados, en la época en que sufrió una dictadura y la muerte del Presidente Allende. Siempre había sido un país elitista y gobernado por la aristocracia, hasta la subida al poder de Arturo Alessandri Palma, comenzando así la clase media a gobernar, como he narrado en mi texto Una República democrática y presidencial, solo que el poder corrompe y los Alessandri de inmigrantes italianos, sin dinero, la mujer a trabajar de empleada doméstica y el padre, a trabajar como titiritero, es decir, a divertir a los niños de otras casas, en las calles, viviendo del dinero que recogía por la diversión de los niños Como he dicho antes, nadie se preocupaba por el pueblo: eran como despojos del día. Eran carne de cañón. Eran gobernados por liberales y conservadores, por otras palabras, por aristócratas de hombres de fe y otros, que no se interesaban en las creencias en divinidades, aún cuando se consideraban católicos. Entre la aristocracia y la clase media llamada alta, no era bien considerada la persona que un tuviera creencias, eran despreciados, excepto si tenían mucha riqueza y mucho poder.. Nunca olvido las palabras de amigos de mis padres que decían: hay que ahorrar e investir, para tener dinero y mucho, para la vejez, porque no hay una persona más hedionda y mal querida, que un viejo pobre. Ellos, como mi familia, tenían muy buenas entradas y sabían usarlas comprando oro, tierra, organizando empresas y sabiendo colocar en sitios rentables a sus descendientes, normalmente enviados a estudiar para graduarse en profesiones lucrativas. Muchos de ellos enviaban a sus hijos a estudiar cursos de pos grado a Universidades extranjeras, de donde volvían no solo con el grao, también con enamoradas lucrativas, que tenían dinero que sabían gastar bien, en conjunto con el marido.

 

NOTAS:

 

Con la aprobación de la Constitución de 1925 en Chile, se separó oficialmente la Iglesia del Estado. El artículo 10, numeral segundo establecía que: Artículo 10: La Constitución asegura a todos los habitantes de la República: 2º. La manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público, pudiendo, por tanto, las respectivas confesiones religiosas erigir y conservar templos y sus dependencias con las condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas. Las iglesias, las confesiones e instituciones religiosas de cualquier culto, tendrán los derechos que otorgan y reconocen, con respecto a los bienes, las leyes actualmente en vigor; pero quedarán sometidas, dentro de las garantías de esta Constitución, al derecho común para el ejercicio del dominio de sus bienes futuros. Los templos y sus dependencias, destinados al servicio de un culto, estarán exentos de contribuciones […] Constitución Política de la República de Chile de 1925 Con la aprobación de dicho texto, la larga disputa entre la Iglesia Católica en Chile y el Estado chileno terminaba por separar completamente las relaciones entre ambos. Cabe señalar que las disputas iniciales se desarrollaron desde los albores de la república, con el largo debate acerca del derecho que reclamaba el estado de proponer a la Santa Sede los candidatos a obispos y otros cargos eclesiásticos (derecho de patronato). Posteriormente la Cuestión del Sacristán (1856), una ley interpretativa del artículo 5º de la Constitución de 1833 que estableció una relativa libertad de culto (1865) y la dictación de las llamadas leyes laicas de 1883-84 (establecimiento de cementerios laicos, matrimonio civil y un registro civil) profundizaron las divisiones. La separación fue finalmente aprobada por la Santa Sede, llegándose a la firma de un concordato que puso término a las disputas. Por su parte, la Constitución de 1980 ratificó tal separación, al establecer: Fuente: revista archivum año iii nº 4 relaciones iglesia – estado en chile 6. Ibíd. pp. 494-495. 7. Ibidem.

 

(Continua)

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