ENGAÑO Y COMPASIÓN DE UNA CRIANZA – 4 — por Raúl Iturra

(Continuação)

Durante la primera mitad del siglo XIX, las relaciones Iglesia-Estado, en Chile, estuvieron determinadas por la insistencia del Gobierno chileno para lograr que la Santa Sede reconociese a sus gobernantes el Derecho de Patronato. Como sabemos, no fue posible obtenerlo, a pesar de haber enviado el Gobierno tres misiones ante la Santa Sede para tal efecto.xxx La primera de estas misiones fue encabezada por el canónigo José IgnacioCienfuegos, quien se constituyó en Roma, en 1821, como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del gobierno de O’Higgins, con la finalidad de obtener de la Santa Sede el otorgamiento del Derecho de Patronato: derecho a percibir una cuota del Diezmo, la erección de nuevas diócesis, la elevación de la sede obispal de Santiago a Metropolitana, la reforma al voto de los regulares y el nombramiento de un Nuncio para Chile. Las tratativas de Cienfuegos no fueron exitosas y la Santa Sede decidió enviar a Chile, en 1823, a Monseñor Juan Muzi como Vicario Apostólico; misión integrada, además, por el canónigo Juan María Mastai Ferretti (futuro Papa Pío IX) y el presbítero José Sallusti. La misión llegó a Chile en 1824 y fue obstaculizada por el Gobierno de Freire, debiendo abandonar el país el 30 de Octubre de 1824. El fracaso de la misión Muzi fue atribuida por éste al canónigo Cienfuegos, mediante una Carta Apologética enviada desde Montevideo, en la cual el Vicario Apostólico ponía en tela de juicio la validez del título de Gobernador Eclesiástico que Cienfuegos poseía, culpándolo, además, de notables excesos en el ejercicio de su cargo. Cienfuegos viajó nuevamente a la Santa Sede en 1827, donde intentó demostrar que la desconfianza que existía hacia su persona, era infundada. Este segundo viaje de Cienfuegos significó obtener para Chile el nombramiento de Manuel Vicuña Larraín como Vicario Apostólico de Santiago, y el suyo propio como Vicario Capitular de Concepción, siendo ambos instituidos en propiedad, en sus diócesis, por el Papa Gregorio XVI, en 1832. Durante la década de 1840, el Gobierno envió a Roma otras dos misiones; la primera de ellas, en el mismo año 1840, estuvo a cargo de Francisco Javier Rosales quien se desempeñaba como Encargado de Negocios de Chile en Francia. Esta misión logró que la Santa Sede reconociese la Independencia de nuestro país, como la República de Chile en América Meridional. Rosales logró también obtener de la Santa Sede la elevación de Santiago a sede Metropolitana, y la creación de dos nuevas diócesis, la de Coquimbo en el Norte y la de Chiloé en el Sur, antes delo comienzo de la Costa desmembrada del territorio continental, pero no pudo conseguir que se reconociese a los gobernantes chilenos el Derecho de Patronato, ya que éste había sido ratificado por la Iglesia a los reyes españoles durante la Restauración.xxx Finalmente, entre 1847 y 1850, tuvo lugar la última misión tendiente a obtener de la Santa Sede el tan anhelado Derecho de Patronato. El Presidente Bulnes encomendó esta misión a Ramón Luis Irarrázaval, quién tuvo que entenderse con los delegados designados para tal fin por el nuevo Papa, Pío IX. Si bien Irarrázaval presentó un documento oficial del Estado chileno fundamentando la petición ante la Santa Sede, ella no tuvo éxito alguno ante la cerrada oposición de los cardenales Corboli Bussi y Carlo Vizardelli, quienes condujeron las conversaciones por orden del Papa. Rosales no logró que Roma aceptase la firma de un Concordato entre ambos Estados. En 1845, el Gobierno chileno había presentado como candidato para Arzobispo de Santiago al presbítero Rafael Valentín Valdivieso, siendo éste avalado, además, por el Cabildo Eclesiástico de Santiago. En 1847, la Santa Sede, mediante la Bula Divini Disponenti Clementia, confirió a Valdivieso la canónica institución de Arzobispo de la Iglesia Metropolitana de Santiago, siendo consagrado el dos de julio de 1848. Valdivieso se abocó fundamentalmente a sus labores pastorales, a dignificar el magisterio tanto entre el clero secular como en el clero regular, y a oponerse decididamente al protestantismo, que, por esos años, iba ganando terreno en el país. “Sin duda que la Divina Providencia nos proporciona los Prelados según las exigencias del siglo. El Señor Doctor Don Rafael Valentín Valdivieso, dignísimo Arzobispo de esta Arquidiócesis presenta un espectáculo grandioso de esta verdad. Conocedor a fondo de los hombres que nos gobiernan y las tendencias de la época, se halla dotado al mismo tiempo de una firmeza y energía admirables. Nada le arredra e intimida y su revista Archivum año iii nº 4, comentaba sobre las relaciones entre la Iglesia – Estado en Chile .xxx “Sus vastos y variados conocimientos; su amor entrañable a la Santa Sede y el más asiduo empeño porque no se empañe en lo menor el lustre de la Santa Disciplina Eclesiástica. Defensor infatigable de la Independencia de la Iglesia, no pierde ocasión para sacar ventaja del Gobierno, sin comprometer por esto ninguna de sus regalías y privilegios…No piensa sino en el bien de su Iglesia y para esto no impone las manos sino a los ordenados dignos de sus virtudes y conocimientos…Baste decir que todos admiran su talento, su saber, su desprendimiento, su caridad, su humildad y sus costumbres ejemplares” Si bien, durante la gestión de Valdivieso, las relaciones entre la Iglesia y el Estado mejoraron notablemente, no faltaron en el horizonte algunos nubarrones que amenazaron con desencadenar la tormenta entre ambas Instituciones.

 

El mayor de estos problemas estuvo representado, en 1856, por el denominado “Caso del Sacristán”. “Las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno durante el largo episcopado de Valdivieso, comenzaron a exasperarse con un hecho insólito, risible y doméstico, si así pudiera llamarse, porque lo provocó el empleado de la Catedral, Pedro Santelices. Este se insolentó contra su jefe, el sacristán mayor del templo, presbítero Francisco Martínez Garfias, quien lo destituyó del servicio. Santelices se quejó de la medida ante el Cabildo Metropolitano, y este alto cuerpo lo reincorporó. El canónigo tesorero, jefe del presbítero Martínez, reclamó al Vicario General subrogante, Vicente Tocornal, y éste con su autoridad ordinaria, confirmó la expulsión de Santelices” El asunto llegaría a la Corte Suprema, y, por orden de ésta, se conminó a Valdivieso a levantar la censura impuesta a los canónigos que habían tomado partido en la disputa, pero el Arzobispo “…no aceptaba mandatos que no fuesen del Romano Pontífice…

NOTAS:

 

[1] Retirado del documento RELACIONES IGLESIA-ESTADO EN CHILE, DESDE 1820 HASTA LA MUERTE DEL ARZOBISPO RAFAEL VALENTÍN VALDIVIESO, EN 1878. Autoría de Zvonimir Martinic Drpic*, Estudios de Perfeccionamiento en Universidad de Florencia. Profesor de Universidad de Chile y Universidad Marítima de Chile.

 

[1] Fuentes: 3. AA.EE.SS. Fascículo 71. Chile. 1850-1851. Relación deMonseñor Federico Luis Chiaissi Camarero de Honor de Su Santidad, respecto de los Asuntos Religiosos de Chile. 20 de octubre de 1850.4. Araneda Bravo, Fidel. Op. Cit. p. 493, 5. Ibíd. p. 494.

 

[1] Encina, Francisco. História de Chile. Tomo XIII. Editorial Nascimento. Santiago 1949. p. 260.

 

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