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ENGAÑO Y COMPASIÓN DE UNA CRIANZA – 7 – por Raúl Iturra

(Continuação)

 

 No oía las noticias, pero con mi prolífera imaginación, veía en Caldera un Capitán Nemo, que sabía descubrir el mundo, siendo esa descubiertas parte de sudelito.

 

Con el paso del tiempo, descubrí que Jules Verme y Caldera nada tenían ni en los hechos ni en las apariencias. Verne  era un escritor anarquista, adorado por el pueblo; Caldera, un alevoso criminal, sin ideas políticas. A única remota semejanza es que el criminal fue condenado a la pena de muerte, en cuanto Verme sufrió una tentativa de asesinato de su sobrino Gastón, que lo hirió en el hombro y el tobillo, dejándolo cojo  durante los últimos años que vivió. Este hecho lo aproximó al hijo Michele, pasando a ser amigos directos y sin rencores.

 

El tiempo iba pasando, yo crecía, podía oír las noticias y entender lo que había acontecido. Mi fantasía Verneriana pasó con el tiempo y me preocupé de la realidad, no apenas del juzgado por asesinato, bien como de otras más importantes para mi vida, como mis estudios y cuidar y enseñar a mis hermanos.. Es en esos tiempos que me interesó la vida política, considerando así la vida de Caldera. En casos como éste, la vida de un alevoso criminal llena las noticias y las páginas  de los periódicos, así como las conversaciones, especialmente en un país en donde raramente acontecen crímenes tan violentos.

 

A pesar de eso, la vida de Caldera me interesó. Las  tramitaciones judiciales, la búsqueda de pruebas, los alegatos judiciales, llevaron más de cinco años. Antonio Caldera no parecía arrepentido, pero calló la boca, comenzó a leer en los tiempos muertos y pidió libros y profesores. Comenzó a instruirse y a entender el hecho que había cometido, y se arrepintió, sin decir nada a nadie, excepto escribirlo en un diario de vida que no permitía que nadie leyera. Sus relaciones con las otras personas, pasaron a ser más amables y comedidas. Los periodistas nada decían de ésta conversión, que también fue religiosa. Lo que decían era otra cosa: el famoso “Tucho” Caldera era un fresco, pillo, sádico, avaro y matón y le buscó la amistad a un comerciante palestino que hablaba mal el español y mucho menos, escribirlo y así  fue ganando su confianza y lo entusiasmó en comprar unos terrenos cerca de Putaendo. En com­plicidad del notario público, quien dio validez legal a dos documentos que trató de firmar muy mal el anciano. El Tucho, en un documento fabricado, falso, casó a su hija María Caldera con el comerciante en el Registro Civil de San Felipe en ausencia del cónyuge y con el otro documento se hizo administrador de todos los bienes del acaudalado [1]comerciante.

 

Hasta hoy se le considera un monstruo en San Felipe. El fusilamiento del Chacal de Nahueltoro [2]también lo vimos en este semanario. Los chilenos tenían una ansiedad de enterarse de noticias escabrosas, comentadas en las calles, bares y casas. El crimen del Chacal aconteció años después y era venerado por el pueblo, que visitaba su tumba, le llevaban flores y rezaban pidiendo milagros. Era la forma de fe cristiana manifestada por personas poco cultas y tan distantes de la civilización conveniente para vivir juntos, en paz y harmonía. Parte del pueblo chileno tenía ansiedad por los hechos macabros. Si no había en la realidad, los domingos eran para el teatro-cinema- y ver dramas de películas-filmes-  mexicanos  hechos   para el pueblo sin conciencia proletaria, pero que se identificaba con los personajes y era una lloradera sin tregua. Íbamos con mi Nana a una da las salas de la familia, a llorar, especialmente el teatro –cine- Bandera en Santiago de Chile. Era como ver el Chacal de Nahueltoro. Su crimen se puede resumir así: La tarde del 20 de agosto de 1960, Valenzuela y Rosa Rivas, viuda y sin familia, alcohólicos  los dos, se traban en una discusión debido a que la mujer no había podido cobrar su pensión de viudez por problemas burocráticos. Frustrado por carecer de dinero para seguir bebiendo, Valenzuela se hace de una guadaña con la que asesina a la mujer. Los hijos de ella fueron muertos uno por uno por Valenzuela en circunstancias que aún no están del todo clarificadas, aunque se sabe que una de las hijas de Rivas fue ahorcada por Valenzuela con sus propias manos, y que el bebé de la familia fue pisoteado por el Chacal provocándole la muerte. Luego de los asesinatos, Valenzuela huye del lugar, no sin antes cubrir con piedras los cadáveres de sus víctimas. [3]


[2] Jorge del Carmen Valenzuela Torres (San Fabián de Alico, 1922Chillán, 30 de abril de 1963), campesino chileno, conocido por ser autor de uno de los asesinatos más recordados en nuestro país. A pesar que se hizo llamar de diferentes maneras, sus acciones delictuales lo hicieron ser conocido por la opinión pública como el Chacal de Nahueltoro. Fuente: Diario La Cuarta de Chile. «“Chacal de Nahueltoro” exterminó a conviviente y sus 5 hijos». Consultado el 12 de febrero de 2009.

 

 

[3] Pasados algunos días del hecho, Quelo Dinamarca, dueño del Fundo Chacayal, encontró los cuerpos de las seis víctimas y avisó a la policía, (aunque se dice que se entrego). Un mes después, carabineros arrestan al “Chacal” en una ramada. Tras 32 meses en la cárcel de Chillán fue sentenciado a muerte y, consecuentemente, fusilado por un pelotón de Gendarmería de Chile. El crimen de Jorge del Carmen es considerado uno de los hechos emblemáticos de la crónica roja chilena. En torno a la condena de Valenzuela a la pena capital, se desarrolla una fuerte controversia debido a la paradoja que constituía para la sociedad chilena el que se rehabilitara al Chacal si de todos modos se le iba a dar muerte,  En torno a la condena de Valenzuela a la pena capital, se desarrolla una fuerte controversia debido a la paradoja que constituía para la sociedad chilena el que se rehabilitara al Chacal si de todos modos se le iba a dar muerte. Eloy Parra, sacerdote católico que acompañó a Valenzuela hasta su muerte fue un férreo defensor del Chacal y pidió activamente su indulto, sin resultado, al entonces Presidente de Chile, Jorge Alessandri. Antes de su muerte, Valenzuela había abrazado la religión católica, había aprendido el oficio de hacer guitarras y se había arrepentido de sus crímenes, alegando que en el fondo, dada su condición precaria, nunca contó con las herramientas necesarias para tener conciencia de sus actos. En esta línea es célebre su frase de que nunca recibió “enducación de naiden” (sic). Paradójicamente, una placa instalada en el arco de entrada de la Cárcel de Chillan que acogió a Valenzuela hasta su muerte reza el siguiente lema: “Sean estas cuatro murallas manantial de reforma y fe”.

Fuente: Fernando Franulic Depix.. «El Chacal de Nahueltoro: ¿transgresión pre moderna o moderna?; Diario La Nación de Chile. «El Culto al Chacal; la película – filme-El Chacal de Nahueltoro, película chilena de 1969, escrita y dirigida por Miguel Littín. Basada en hechos reales, la película es la recreación de un impactante crimen, hito de la crónica roja o policial de Chile de mediados de la década de 1960

 

 

(Continua)

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