ENGAÑO Y COMPASIÓN DE UNA CRIANZA – 8 – por Raúl Iturra

(Continuação)

 

 

Diferente a mis recuerdos.  En primer lugar, porque la historia de Caldera aconteció cuando yo era un niño y sufría por los hechos; después, porque el caso del Chacal aconteció cuando yo abogaba, pronto para casar y salir a Gran Bretaña para completar mis estudios con maestreados y doctoramiento. Vivía en un ambiente culto y acomodado, en el que se hablaba casi en voz baja de los males ajenos. Especialmente si los hechos eran el resultado de la desgracia de otros, como ser una persona abandonada que se defiende solo en la vida. Era sobre ese tema que debatíamos más y no sobre el asesinato, del cual estábamos cansados de escuchar. Era evidente que los reos eran resultado del pueblo abandonado  por dios y el diablo. Eran los tiempos del debate de la abolición de la pena de muerte. Puede ser también que mis comentarios sean resultado de los hábitos de casa: nunca se habla mal de quién ha tenido la desgracia de vivir abandonado. Coma analista, diría que es un caso de doble personalidad  producida la enfermedad  por la soledad social. Todo crimen es social, incentivado por recursos que faltan y una ética nunca aprendida por falta de apoyo emotivo, una libido que no usa el iso o Id para vigilar la razón consciente e no permitir a la mente inconsciente actuar como mejor le parezca.[1]

 

¿Quién era este señor que pasó a ser reo por crimen de sangre? La Iglesia Católica tuvo piedad, no acusó y nombró un capellán para hablar con él, como está comentado por la Revista Detective de Agosto de 2009, al comentar los crímenes en Chile, desde Viña del Mar a Santiago[2]. La información internet está llena de comentários[3]

 

 

Entre otros, dice este recuerdo del pasado:

 

Uno de los criminales más despiadados que ha conocido la Historia de Chile, es sin lugar a dudas el Tucho Caldera. (su delito había sudo cometido años antes del caso Caldera, raro para esos tiempos, antecedente para el del Chacal y los cometidos por la dictadura que se instaló en Chile entre 1973-1990, que había obligado a morir al Presidente de la República e a centenas  más, estado ahora a ser juzgados los reos militares, hechos atroces que hicieron olvidar al casi único que rfiero, el de Caldera. Los del gobierno, delitos feroces como la Matanza de Santa María de Iquique, los juzga la Historia y el pueblo en sus veredictos de las urnas electorales)

 

 

 Su verdadero nombre era Alberto Caldera García. Desde niño se hizo conocido como matón, y ya de mayor, utilizaba la violencia para intimidar a los opositores políticos en tiempo de elecciones. Se le conocía también su extraordinario sadismo con los animales. Le gustaba arrojar perros al fuego para que se quemaran vivos, y mantenía un ejército de perros en su casa a los cuales arrojaba gatos vivos (y, según se dice, un caballo enfermo, una vez) para deleitarse viendo cómo los devoraban. Dichos perros engulleron también a una sirvienta del Tucho, en lo que fue calificado como un “extraño accidente”, después de que dicha sirvienta le hubiera desobedecido una orden… Otras personas alrededor del Tucho fallecieron o desaparecieron también en extrañas circunstancias, pero sólo pudieron probársele dos homicidios, por los que cumplió sentencia en la Ex Penitenciaría de Santiago.

 

 

 

Si hubiera sido sólo por eso, hubiera quedado como una anormalidad, pero el Tucho Caldera se superó a sí mismo cuando trampeó (engañó en castellano europeo), asesinándo después a un amigo, Demetrio Amar Abedrapo, un empresario palestino radicado en Chile después de hacerlo su suegro con la complicidad  del notario local quién la ayudara a fabricar los documentos falsos.. Corría el año 1947, y viendo que Demetrio Amar no sabía ni leer ni escribir en castellano, lo convenció de que firmara un documento notarial en el que supuestamente le vendía unas tierras. El documento en realidad era un poder amplio de administración de todos los bienes de Demetrio Amar al Tucho Caldera, además de un poder para contraer matrimonio con la hijastra de éste.

 

 

 

Cuando Demetrio Amar se descubrió casado con la hijastra del criminal, y por supuesto que privado de su fortuna, encaró al estafador. Este no encontró entonces mejor salida que matarlo. El Tucho tenía experiencia como carnicero, y usó esta experiencia para descuartizar, a golpe de hacha, sierra y serrucho, el cadáver en 19 piezas (la cabeza, 6 piezas para el tronco, y tres por cada extremidad en las articulaciones), y esconderlas en cajas de sombreros. Corría el 10 de Mayo de 1947. Un mes después lo arrestaron y sometieron a juicio. Curiosamente, su abogado defensor tenía una tía, que era hacendada, y que había sufrido ella misma las bellaquerías del Tucho, ya que éste había sido condenado anteriormente a 10 años de prisión por robarle el ganado (cumplió siete en la cárcel de San Felipe, y por cierto, fue recordado por su mala conducta carcelaria, promoviendo incansablemente motines contra los gendarmes)…

 

 

 

 


 

[1] El debate apareció e todos los medios de comunicación. Me oriente por um periódico del país en que estaba, España. El País tebnía la versión completa de debate, que se puede leer en http://www.elpais.com/articulo/internacional/Parlamento/Chile/aprueba/abolicion/pena/muerte/elpepiint/20010405elpepiint_22/Tes

 

    1. [3] ALBERTO HIPÓMENES CALDERA GARCÍA, alias El Tucho Caldera

 

Este hombre, que trabajaba como carnicero, fue autor de tres asesinatos.

Oriundo de San Felipe, fue atrapado en 1947 debido a la muerte de su amigo comerciante Demetrio Amar Abedrapo, quien de un día para otro desapareció de la cuidad dejando todos sus bienes a cargo del “Tucho”.

Caldera ya había sido condenado por la autoría de dos asesinatos, pero inexplicablemente logró que la justicia lo perdonara y le diera la posibilidad de acceder a la libertad luego de cumplir la mitad de su condena.

Sin embargo, el asesino siguió cometiendo sus fechorías y el 11 de mayo de ese año mató al locatario de una tienda de telas. Para ocultar el delito, lo diseccionó en 14 partes, para luego enterrarlo en las inmediaciones de la ciudad. Este crimen le significó la condena a la pena de muerte, la que se concretó en 1951.

La prensa de la época lo caracterizó como astuto y sagaz, además de perverso, ambicioso, pendenciero y, para peor, muy feo: “Tenía un apetito voraz: se comía 25 huevos y 12 vasos de leche de una sola sentada. Era padre de 35 hijos de distintas mujeres, de los cuales sólo reconoció siete”, escribió la prensa entonces.

Junto con falsificar un papel donde el desaparecido comerciante le dejaba todos sus bienes, por un monto de 17 millones de pesos de la época, el Tucho inventó un falso matrimonio entre el anciano de 60 años y la hija de él, de tan sólo 19.

Puede leerse en: http://gorechile.com/showthread.php?2842-ALBERTO-HIP%D3MENES-CALDERA-GARC%CDA-alias-El-Tucho-Caldera

 

 

(Continua)

 

 

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