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UN VISTAZO A LA FRONTERA EXTREMEÑO-ALENTEJANADESDE LOS LIBROS – 7- por Moisés Cayetano Rosado

Algunos habían sido esos “mochileros” rayanos que describe Antonio Ballesteros Doncel en su novela de ese nombre: Los mochileros, publicada en 1971. Otros, los protagonistas de los sueños frustrados de reformas agrarias que no llegaron a cuajar. Lejos de aquel optimismo en los versos del poeta alentejano António Murteira -ilusionado luchador de la “Revolução dos Cravos”- en su libro Azul e branco e ocre:

as cantigas
nos caminhos percorridos
madrugadas
rolotes cheias de trabalhadores
a caminho do latifúndio
ocupação
sementeira nova, nunca vista
abraça-me
já sei de novo rir e amar
concertinas guitarras cantares
pão fresco para todos

Los libros han situado, en buen número, el dedo en la llaga de la frontera, de nuestros pueblos tan sufridos. Y han buscado la esperanza, el sueño, como fuera. Ahora, con la tierra desposeída de su antiguo valor, en unos nuevos tiempos en que el faro uniforme y uniformador que guía hace girar a todos a su ritmo, de un lado y otro de nuestros países, de nuestros continentes, donde quiera que estemos, ¿qué futuro es el que nos espera en esta planicie coronada de sierras, regada por el Tajo y el Guadiana, testigos de tantos padeceres y a la vez de tanta lucha, tanto amor, tanta ilusión y tanta desesperación?

Recoge Pecellín en Extremadura vista por… un artículo de Ortega y Gasset con opiniones tan duras como ésta:
El hombre del chapeo pardo es un castellano que habla con una rara inteligencia de las cosas: es sereno y enérgico ante la vida, ante esa visión suya áspera, opresiva. Todo lo ve como es, con claridad y precisión. El hombre de la gorra gris, su cuñado, es extremeño; como suelen ser hoy -(¿dónde nació Pizarro, Hernán Cortés?)- los de su tierra, tiene el carácter reblandecido y morazo: sin espontaneidad, sin arranque, va al estricote del otro.
No es más benevolente Miguel de Unamuno en su obra Por tierras de Portugal y España, donde llega a preguntarse:

¿Cambiará esta hermosa tierra extremeña? ¿Sabrán sus hijos sacudirse el paludismo espiritual, cien veces más dañino que el del cuerpo?

Sin duda, con ese “capital humano” poco margen cabría para la esperanza. Pero nosotros, los que vivimos Extremadura desde dentro, los que conocemos estas tierras rayanas alentejano-extremeñas, que tantas veces han mantenido un pulso con la historia y han doblegado situaciones, sabemos que ambos pensadores erraban en sus generalizaciones. Todo pueblo tiene hombres, nombres y colectivos que arrastran a la rebeldía, a la

consecución del cambio.

Como decía Ernesto Sábato ya al final de su libro de memorias Antes del fin: “Piensen siempre en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. A través de su muerte nos entregan el valor supremo de la vida, Un vistazo a la frontera desde los libros mostrándonos que el obstáculo no impide la historia, nos recuerdan que el hombre sólo cabe en la utopía”.

Extremadura y Alentejo, estas regiones rayanas secularmente hambrientas de tierras, de pan y de justicia, se levantan una y otra vez tras de cada caída. Sus habitantes son recios, firmes y capaces. No van a consentir que la historia irremediablemente se repita.

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