4.2. En Portugal.
La Revolução dos Cravos, iniciada el 25 de abril de 1974, fue igualmente un estallido de ilusión para el pueblo portugués en general y el alentejano en particular. Casi cincuenta años de cruel dictadura, con unos servicios secretos (la PIDE) acostumbrados a la tortura sistemática de los disidentes, y con una guardia rural (la GNR) al servicio de los grandes propietarios, tenían a los trabajadores amordazados.
Sólo un partido, el Partido Comunista Portugués (PCP), había conseguido mantener una amplia actividad política y social desde la clandestinidad, con logros tan importantes como la consecución de la “Jornada de 8 horas”, tras sistemáticas y masivas huelgas en el campo alentejano en abril y mayo de 1962, en las que participaron más de 250.000 trabajadores. Desde entonces, acabaron las jornadas de sol a sol, que en verano significaban más de 12 horas de trabajo por una paga de miseria. La represión de líderes campesinos y cuadros dirigentes del PCP fue grande, pero el camino de la consecución de resultados satisfactorios quedó abierto.
Así, el Golpe Militar de 25 de Abril fue inmediatamente apoyado en la calle por el pueblo, y los tanques se vieron rodeados de multitudes en Lisboa que gritaban por la libertad. En Alentejo, los destacamentos de Estremoz y Vendas Novas contaron con el apoyo entusiasta de los campesinos. En su mente estaba el sueño que ya vimos en las palabras de Manuel Ribeiro: Ter, ter tierras. Y lo que la UGT había defendido desde la Dictadura de Primo de Rivera en España, lo hará el PCP en Portugal desde el primer momento: apoyar la colectivización como fórmula de acceso a la propiedad.
El I Gobierno Provisional lo preside un civil: Adelino da Palma Carlos, siendo Presidente de la República el General Spínola, conservador, neocolonialista (¡cuando el “Golpe de los Capitanes de Abril” se había hecho contra todo colonialismo, sangrante del pueblo y la economía del país!), que hubo de dimitir en septiembre de 1974. Ninguna medida importante se toma respecto al cambio social y al tratamiento del problema de la tierra; los litigios inmediatos de tensiones militares internas y en las colonias africanas acaparan toda la atención de militares y políticos.
Ya el II Gobierno Provisional cuenta como Presidente de la República al General Costa Gomes, hombre progresista, inteligente, demócrata; preside dicho Gobierno el Coronel Vasco Gonçalves, un hombre muy comprometido con la lucha obrera, partidario de nacionalizar los medios de producción y realizar una profunda Reforma Agraria. Vasco Gonçalves no ocultó nunca su simpatía por el marxismo, y estuvo siempre muy cercano al PCP. ¡Curioso comportamiento de buen número de militares de carrera en un Portugal despótico, dictatorial, cercano al fascismo en múltiples aspectos, colonialista, jerarquizado y clasista!
El 12 de octubre de 1974 se publicó el Decreto-ley de Arrendamiento Rural (forzoso para tierras abandonadas o subaprovechadas), pero el boicot de los propietarios era feroz. Se dejaron grandes fincas por cultivar, incendiaron cosechas, vendieron ilegalmente ganado a España y se acentuó ese otoño el paro y la miseria campesina, viéndose el Gobierno impotente ante la férrea resistencia de los latifundistas, a la que se unía la de los empresarios industriales. A ello se sumaban los problemas del proceso descolonizador: gran número de portugueses regresaban de África, buscando acomodo, casa y trabajo en la metrópolis. Por esa época comienzan las primeras invasiones de fincas abandonadas, en Beja (Monte Outeiro, de 775 Ha. y Dona Marias, de 1.200 Ha.) impulsadas por el PCP.
Un III Gobierno Provisional, igualmente presidido por Vasco Gonçalves (Costa Gomes será Presidente de la República en todos los restantes Gobiernos Provisionales) tampoco es capaz de abordar con eficacia el problema del campo, y en febrero de 1975 continúa la acción de invasiones de fincas, que se iniciaron en el distrito de Beja, extendiéndose a los de Évora y Portalegre, es decir, a todo el Alentejo interior.
El 9 de febrero de 1975 tiene lugar en Évora la “I Conferencia de Trabajadores Agrícolas”, auspiciada por el PCP, con la participación en la manifestación de clausura de más de 30.000 personas, presidida por el Secretario General de los comunistas, siempre líder incuestionable, Álvaro Cunhal. Cuando Spínola realice el fallido Golpe de Estado del 11 de marzo, contra la “política revolucionaria” del Gobierno de Vasco Gonçalves, la gran aspiración del campesinado acelera un ritmo que hasta entonces había sido pausado y tuvo importancia secundaria en el Parlamento: las Bases Generales de la Reforma Agraria se aprobarán el 15 de abril de 1975 bajo un IV Gobierno Provisional, siendo Ministro de Agricultura Fernando de Oliveira Baptista, claramente convencido de la necesidad de una Reforma Agraria radical y del reparto de las tierras expropiadas. (parecido a lo que había ocurrido en España, pues tras el levantamiento reaccionario del General Sanjurjo de 10 de agosto de 1932, se aceleran los trámites de la Ley de Bases de la Reforma Agraria, publicándose el 9 de septiembre de 1932).
Ha pasado un año desde el comienzo de la Revolução, y aparte de normas, decretos y Ley de Bases, el campesinado no logró más que la realización por cuenta propia de ocupaciones de fincas al margen de los preceptos legales. Como en el caso español, el hambre y el desempleo siguen siendo los grandes protagonistas cotidianos. “¡Comed República!”, les dirán los propietarios españoles a los jornaleros. “¡Comed palha!”, les dirán los propietarios portugueses a los campesinos sin tierra que demandan empleo.
Lo ha descrito muy bien José Saramago en su novela Levantado do Chão, de 1980, ambientada en Alentejo:
Estaba el trigo en la tierra y no lo segaron, no lo dejan segar, cosechas abandonadas, y cuando los hombres van a pedir trabajo, No hay trabajo, qué es esto, qué liberación fue ésta, se va a acabar la guerra de África y no se acaba ésta del latifundio /…/ andan ahí la radio y la televisión predicando democracias y otras igualdades, y yo quiero trabajar y no tengo dónde, quién me explica qué revolución es ésta.
Sí, un primer año de ambos procesos, con unos primeros “tanteos legales” y algunas ocupaciones de fincas “a la desesperada”. El PSOE y la UGT en España y el PCP en Portugal, como preponderantes fuerzas de izquierda, en el Gobierno, inclinadas por la Reforma Agraria. Pero enfrente, unos propietarios con fuerza secular enfrentándoseles, sabiéndose aún fuertes de hecho todavía.
