En el 77 aniversario de las terribles matanzas de Badajoz.
Las terribles matanzas en estos pueblos nuestros,
donde sigue viva su memoria todavía.
Ya varios años antes de morir, mi abuela materna vivía con el temor de “ese camión que venía para llevarme”. Mi madre sigue recordándomelo una semana sí y otra vez a la siguiente, todavía.
Ese camión que le aterrorizó en su iniciada madurez, cuando paró para coger a su marido, un hombre inquieto, concejal republicano, tan vilmente asesinado como otros compañeros que ninguna otra cosa hicieron en el pueblo sino ayudar a sus paisanos, sin mancharse las manos de sangre, ni dinero.
Y esos casi treinta años que separaban el camión real del otro imaginario, los vivió en el silencio temeroso del vencido, arrastrando además la culpa impuesta por el cinismo cruel, represivo y sostenido, empeñado en cargarse de razón, bendecido por la siniestra cruz de una creencia que -en su inocencia- mi abuela siguió pensando bondadosa.
Murió tan buena como había vivido, tan humilde, tan llena de sonrisas para mí, jugando conmigo como si fuese igualmente una cría… Pero, de vez en cuando, torturada por ese camión que amenazaba con llevarme… hasta aquel cementerio donde fusilaron a mi abuelo.
Mi querido amigo, que nadie piense que al que los reveldes iban a fusilar lo hacian en el cementerio para que le dieran cristiana sepultura ¡¡¡¡NO!!!!, lo tiraban en las tapias del cerramiento y luego el enterrador lo enterraba en un espacio que se habilitó llamado cementerio civil porque segun la Iglesia los rojos no podian reposar en tierra sagrada, PARA MAS ESCARNIO DE LAS FAMILIAS
Mi querido amigo, que nadie piense que al que los reveldes iban a fusilar lo hacian en el cementerio para que le dieran cristiana sepultura ¡¡¡¡NO!!!!, lo tiraban en las tapias del cerramiento y luego el enterrador lo enterraba en un espacio que se habilitó llamado cementerio civil porque segun la Iglesia los rojos no podian reposar en tierra sagrada, PARA MAS ESCARNIO DE LAS FAMILIAS