DIÁSPORA. ESPLENDOR ARTÍSTICO EN LA AZULEJERÍA DE LAS ESTAÇÕES FERROVIÁRIAS, por Moisés Cayetano Rosado

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Llegamos a veces a estaciones ferroviarias que son todo un mundo de desolación; desapacibles, impersonales, laberínticas. Y vamos en otras ocasiones a destinos que ofrecen ante nuestros ojos un mundo de belleza, brillo y color, al tiempo que nos dan cumplida información de lo que nos espera en el lugar que representan.

Es éste último el caso de tantas estaciones y apeaderos de Portugal, que en la Raya/Raia tienen una rica representación, incluso en aquellas que ya dejaron de prestar su servicio de transporte, pero siguen haciendo esta labor divulgativa y artística con su estimable azulejería.

En las paredes de los inmuebles e incluso también en sus interiores, despliegan ese mundo mágico, insuperable, que ha sabido enriquecer iglesias, palacios, jardines, mobiliario urbano… por toda su geografía, y que en las estaciones pasa muchas veces inadvertido para el turista de urgencias, pero que bien merece un recorrido de excursión reposada y compartida.

Es lo que la pasada semana organizó, con gran acierto, el grupo extremeño ARQUEONATUREX (con exitoso “muro” en facebook) y la “Associação Projecto Raia Alentejana”, que mantienen con tesón Luis Lobato de Faria y Eunice Gomes, especialistas entusiastas de nuestros tesoros rayanos.

Factible ruta para todos: Elvas-Vila Viçosa-Estremoz-Évora. Dos estaciones en uso: la primera y la última. Las otras, dos testigos mudos de un antiguo esplendor ligado al transporte del magnífico mármol de la zona, que ya han pasado a ser Museo del Mármol la primera y edificio artístico urbano la segunda.

Estación de Elvas.
Estación de Elvas.

Los azulejos de la Estação de Elvas son -como es común- de figuración tradicionalista, plasmando monumentos de la población y la región, elaborados por el pintor y ceramista Leopoldo Battistini (1865-1936), con orla sinuosa neobarroca en blanco y dorado e interior en las más variadas gamas de azul. Consigue en ellos una profundidad increíble, que en la representación del Acueducto de Amoreira, la colina y Forte da Graça, así como las murallas y fosos urbanos, cobra una dimensión monumental.

El caso de Vila Viçosa es otro magnífico ejemplo de azulejería de principios del siglo XX, cuya elaboración parece ser que fue puntualmente revisada por el rey D. Carlos I (1863-1908). A diferencia de la anterior, la orla neobarroca de los paneles -más profusa en motivos vegetales- no utiliza otro color que el mismo azul del interior, con gran alarde de sombreados. Las escenas de labores agroganaderas, los extraordinarios monumentos de la ciudad,  recorren como gigantesco friso las paredes exteriores; destacando también la constancia histórica de la Guerra de Restauração contra el dominio español (1640-1668), impulsada por el Duque de Bragança, que desde Vila Viçosa partiría hacia Lisboa para ocupar el trono.

Estación de Vila Viçosa.
Estación de Vila Viçosa.

Estremoz -esta otra estación ya “sin tren”- vuelve a la policromía, con más aparatosidad en los adornos exteriores alrededor de los motivos centrales, destacando grandes búcaros con flores y frutos. También desenvuelven escenas campestres y representan monumentos urbanos, con primorosos matices dentro de un azul siempre brillante. Su autor es el célebre acuarelista y ceramista Alves de Sá (1878-1972), que los realizó en 1940; tanto en esta estación de Estremoz como en la de Vilar Formoso -igualmente de su autoría, en la frontera entre Ciudad Rodrigo y Almeida-, estamos ante uno de los conjuntos de azulejería del siglo XX de mayor calidad de Portugal. ¡Lástima que en este caso hayan tenido que proteger los paneles con mamparas de metacrilato a causa del vandalismo y el robo que ya han padecido, lo que resta valor al entorpecer la visión de la viveza de los colores y la apreciación del conjunto, interrumpida por traviesas de aluminio.

Azulejos de la estación de Estremoz
Azulejos de la estación de Estremoz

Por último, en Évora, podemos disfrutar  de otro de los conjuntos de azulejería en estación ferroviaria más importantes de todo el país, realizado por Jorge Colaço (1868-1942), célebre “azulejerista”, al que se deben obras de gran valor como buena parte de la Casa do Alentejo en Lisboa (Palacio de Alverca), el Hotel de Buçaco, la estación de S. Bento de Porto y las de Castelo de Vide y Marvão, así como otros distribuidas por todo el mundo, como el Castillo de Windsor en Inglaterra o el antiguo Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra. El encanto de sus composiciones -también de motivos profesionales campesinos, monumentos urbanos y hechos históricos- son de un preciosismo apabullante. Encuadradas en marco cerámico verde y floreado polícromo en ángulos y separaciones, el azul y el blanco se combinan en juego mágico de matices, consiguiendo una sensación de volumen y movimiento imposible de superar.

Estación de Évora
Estación de Évora

Magnífica excursión, por tanto, para un día, que puede completarse con el “refuerzo culinario” de la zona. En esta ocasión, lo redondeamos en la Adega do alentejano, tradicional bodega donde la sopa de tomate, la açorda á aletajana, los pezinhos de coentrada, los lombinhos de porco preto na brasa, la carne de porco con ameijoas… se complementan con el vino tinto y denso de la tierra,así como los postres caseros que invitan a proseguir con fuerzas renovadas la ruta das estações de caminhos de ferro de nuestra Raya/Raia.

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