TIERRA DEVASTADA – 2 – por Moisés Cayetano Rosado

Distanciamiento.

La nueva época de unión, forzada y tensa, vendrá por una cuestión dinástica. Felipe II, rey de España, heredará el reino de Portugal en 1580, al quedar sin descendencia la reinante Casa de Avís, y gracias a la política de enlaces matrimoniales practicada por los Reyes Católicos. Serán sesenta años de difícil reinado en común, que han dejado un mal recuerdo, una leyenda negra cultivada todavía en Portugal. “Los Felipes”, son llamados desdeñosamente en buena parte de la bibliografía, y se toman como un ejemplo de la prepotencia y la mentalidad imperial española con respeto a Portugal. Curiosamente, en las balaustradas y escaleras de los jardines del antiguo Palacio Episcopal de Castelo Branco, donde se exhiben estatuas de todos los reyes portugueses, estos “Felipes” (II, II y IV de España; I, II y III de Portugal) son representados en tamaño aparatosamente menor que los demás.

El distanciamiento queda confirmado y nuestra relación pasará a ser en la Edad Moderna de enfrentamientos, de luchas superpuestas. Por ello, si a la conquista musulmana y posterior reconquista cristiana debemos nuestro amplio patrimonio en castillos y recintos medievales, a esta hostilidad se deberá el refuerzo amurallado de los mismos, así como otros cercamientos más extensos, con técnicas modernas, abalaurtadas, resistentes a la poderosa artillería que se estaba desarrollando. Un recorrido transfronterizo nos dará la prueba, de norte a sur, de ese “estado de tensión” continuo que llena nuestra historia desde el medievo y que ahora disfrutamos como conjuntos monumentales envidiables.

Lo que no resulta envidiable es el resquemor, la distancia que ha podido crear en nuestros sentimientos y en las actitudes mutuas. Eso que tantas veces seguimos repitiendo aún de que ambos pueblos vivimos de espaldas, “de costas voltadas”, hunde sus raíces ahí. El desentendimiento muchas veces se ha convertido, e incluso se sigue convirtiendo, en desprecio, en repulsión incontrolada e irracional.

En 1907, Miguel de Unamuno escribía al respecto:

“¿A qué se debe este alejamiento espiritual y esta tan escasa comunicación de cultura? Creo que puede responderse: a la petulante soberbia española, de una parte, y a la quisquillosa suspicacia portuguesa de la otra parte. El español, el castellano, sobre todo, es desdeñoso y arrogante, y el portugués, lo mismo que el gallego, es receloso y susceptible. Aquí se da en desdeñar a Portugal y en tomarlo como blanco de chacotas y burlas, sin conocerlo, y en Portugal hasta hay quienes se imaginan con que aquí se sueña en conquistarlo”.

Esta frase sin desperdicio, contenida en su libro “Por tierras de España y Portugal”, parece estar hecha “por encargo” de nuestras dos regiones, Alentejo y Extremadura. Sin embargo, los contactos de ambos pueblos no serán esporádicos a lo largo de este siglo que se abría con esa sentencia inapelable de Unamuno. La frontera será un corredor propicio para la “economía sumergida”, pues el contrabando -en especial de café portugués, hasta época reciente- crea una subcultura propia de la raya en que se desenvuelven centenares de familias, al tiempo que da lugar a relaciones de parentesco a través de enlaces matrimoniales mixtos.

No obstante lo anterior, los alentejanos proyectarán su futuro y el de sus hijos mirando hacia Lisboa, en tanto que los extremeños lo encauzan hacia las zonas industrializadas de España, fundamentalmente Madrid, Barcelona y Bilbao. Ambos, eso sí, aspirando a romper con su miseria en esa otra emigración común a los países mediterráneos: la Europa industrial y desarrollista de los años sesenta y primeros setenta. Los trasvases vecinales se militarían a campañas agrícolas de temporada, principalmente de Alentejo para Extremadura.

Todo esto hace que en la actualidad ambos pueblos tengan unas relaciones muy escasas y distantes, presididas por la ignorancia mutua, por mucho que se hable oficialmente de “nuestra tradicional amistad”. Ni incluso con las largas dictaduras franquista y salazarista, tan similares en sus métodos e ideales, coincidentes cronológicamente durante unos 35 años, cesó la desconfianza lusa y el desdén español; temerosos de los afanes iberistas los primeros y despreciadores de lo que llamaban “vida de atraso”, oscura, los segundos.

Y es en estos momentos, apagado ya el siglo XX, cuando aún en la propia Extremadura, tan a la cola de los indicadores socio-económicos europeos, se sigue mirando masivamente como inferiores a los alentejanos, compañeros de infortunio. Nuestros escolares están encantados de hacer intercambios familiares con franceses, ingleses, norteamericanos… pero fracasan gran parte de las iniciativas cuando se ofrece dicha experiencia con alentejanos. Tampoco desde allá se hace suficiente presión para intensificar estos lazos educativo-culturales; más bien son excepciones dignas de destacar las que podemos poner como ejemplos.

En estos ámbitos educativos, de investigación, políticos, culturales, etc. podemos detectar también esa falta de sintonía. Muchas veces, actuaciones comunes se realizan porque detrás del programa hay sustanciosas subvenciones de la Comunidad Europea, sin cuyo concurso ni se pensaría en dichas iniciativas de… encuentros de profesores, exposiciones artísticas, ferias comerciales, jornadas de urbanismo, acometida de infraestructuras de unión (puentes, caminos, carreteras…).

¡Cuántos años ya tratando de reconstruir el puente de Ajuda, entre Elvas y Olivenza, con ruptura de acuerdos a última hora! Ese puente truncado por efecto de nuestras continuas guerras, que al final se reconstruirá como peatonal “sólo” a iniciativa unilateral, siguiéndose sin asumir oficialmente por parte de Portugal la frontera en la zona, es un símbolo de nuestro desencuentro. Parecía, hace unos cinco o seis años, que iba a ser restaurado con ayudas transfronterizas europeas, pero buen número de medios de comunicación y políticos portugueses se opusieron ya que Portugal no reconoce la pérdida de Olivenza y su zona a manos de España -contencioso que se arrastra desde 1801- y, por tanto, no estima la zona como “transfronteriza” sino propia.

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