LA TIERRA DEVASTADA – 21- por Moisés Cayetano Rosado

 6.2. La posición portuguesa. El Partido Socialista.

El Partido Socialista Portugués había surgido en el exilio. Fue fundado en Alemania, en abril de 1973, bajo el mecenazgo de la socildemocracia europea y llegó a la Revolução dos Cravos con un año de vida organizativa. Su líder, Mario Soares, dominaba el aparato del partido, sin rivalidades, y así iba a ser por todo el resto del siglo XX. Y aunque en los primeros meses su discurso era incendiario, revolucionario, e incluso marxista, como quedó patente en su intervención en Lisboa el 1 de mayo de 1974, celebrando junto al PCP el “Día de los Trabajadores”, pronto comenzarán las discrepancias. Ya un año después, no se le deja subir a la tribuna de oradores e incluso desde comienzos de 1975 hace declaraciones matizando mucho su postura general y de la Reforma Agraria en particular.

Sobre ésta, llegaría a decir en 1976 que fue “un robo de tierras”, y su Ministro de Agricultura en 1977, António Barreto, declaró que “las ocupaciones de tierras fueron conquistas al margen de la ley”. Barreto sería el autor de la controvertida Ley nº 77/77, de 29 de septiembre, que revisó todo el proceso y dio base a las devoluciones de fincas y desmantelamiento de colectividades.

El Partido Socialista estuvo, además, detrás de las reformas constitucionales de 1982 y 1989 que acabaron con el Título de “Reforma Agraria”, transformándolo en el Título de “Políticas agrícola, comercial e industrial”, eliminando las colectivizaciones, que cambiaron -en el artículo 94.2- por pequenos agricultores, de preferencia integrados em unidades de exploração familiar.

Se trataba de cambios indispensables para entrar en la Comunidad Europea, tan ajena a veleidades socializantes y no digamos de reparto colectivo de los bienes de producción con actuación autogestionaria. En definitiva, el PS hizo una transición a la democracia liberal donde no tenían cabida conceptos y actitudes que correspondían a una etapa revolucionaria, como ellos dirían: “ultrapasada”.

7. ESTRATEGIAS COMUNISTAS DIFERENCIALES.

7.1. El papel del Partido Comunista en España.

El Partido Comunista Español no tuvo una presencia decisiva en cuestiones agrarias durante toda la II República. El protagonismo absorbente de la CNT y de la FNTT fue absoluto, con lo que en la lucha campesina de ocupaciones no tomó como tal fuerza política ninguna relevancia. Tampoco tenía una fuerza sindical pareja que pudiera servirle de apoyatura, por lo que sus simpatizantes e incluso militantes habían de servirse de las anteriores. En cualquier caso, el respaldo popular al comunismo, en las tierras latifundistas del Sur, no tenía peso cuantitativo ni cualitativo suficiente como para poder condicionar algún proceso. Tampoco en el plano institucional y de gobierno tuvo presencia como para alcanzar un papel decisorio.

Sin embargo, iniciada la Guerra Civil, desarrollará una importante actuación tanto institucional como de movilización de masas, que le llevará a un protagonismo de primera línea. Y ahí es donde se encuadra su política agraria decisiva, que ya hemos ido conociendo en páginas anteriores.

Vicente Uribe, miembro del Comité Central del Partido Comunista, es nombrado Ministro de Agricultura el 4 de septiembre de 1936, al tomar posesión de la Presidencia de Gobierno Largo Caballero, y permanecerá en el cargo hasta el final de la guerra. Él, en consonancia con todo el Comité Central del Partido, expresa una postura inequívoca sobre el modelo de Reforma Agraria que pretenden: Decimos que la propiedad del pequeño campesino es sagrada y al que ataca a esta propiedad o a este trabajo tenemos que considerarlo como adversario del régimen, declaraba el 1 de diciembre de 1936. Y ya vimos que nunca legalizó a las colectividades de forma permanente, sino por renovación de ocupaciones temporales.

Mariano Vázquez, secretario del Comité Nacional de la CNT, les acusaba en abril de 1937 (periódico Castilla Libre) de atizar la pasión egoísta de cada ser humano, por prometerles ventajas personales a los trabajadores y por excitarles al reparto de una tierra que ya están trabajando en colectividad.

El citado Malefakis afirma que el ascendiente comunista comenzó en octubre de 1936 con la formación de la Federación Provincial Campesina, a la que se incorporaron en gran número los pequeños propietarios y colonos con el fin de protegerse de la presión colonizadora que ejercían la CNT y la FNTT. Y es que, dice igualmente Malefakis: la revolución agraria y la colectivización asustarían a las clases medias en España y fuera de ella, debilitándose con ello las posibilidades de crear un amplio frente unido contra as fuerzas del fascismo en todo el mundo (La revolución social, pg. 215). O sea, el PCE utilizaría una estrategia en este caso de doble objetivo: por un lado, hacerse un “hueco” en el mundo campesino, copado por anarquistas y socialistas… aunque fuera comenzando con la pequeña burguesía de pequeños propietarios y colonos; por otra parte, ganar para la causa republicana -asediada por el golpe militar- a capas medias de la población española, garantizándoles el acceso y la conservación de la pequeña y mediana propiedad individual.

Incluso Dolores Ibárruri lo había dicho, en nombre del Comité Central del PCE, en fecha tan temprana como el 30 de julio de 1936, declarando a Mundo Obrero: Nosotros, comunistas, defendemos un régimen de libertad y democracia, subrayando la defensa de los derechos de propiedad privada y de la revolución como democrático-burguesa. Evidentemente, con la radicalización del proceso bélico y la inequívoca postura golpista de buena parte de la burguesía, esta defensa “democrático-burguesa” desaparecería, al tiempo que suavizan su postura desfavorable a las colectivizaciones, en especial cuando necesitan unir fuerzas con la CNT o comienzan sus fricciones con Indalecio Prieto en 1938, y tras reconocer que el enfrentamiento entre colectivistas y pequeños propietarios estaba debilitando gravemente la necesaria unión ante el avance imparable de los militares rebeldes.

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