RETAGUARDIA FORTIFICADA EN LOS CONFLICTOS PENINSULARES-(II) –por Moisés Cayetano Rosado

  1. VANGUARDIA Y RETAGUARDIA EN EL CORREDOR MADRID-LISBOA. (Mapas históricos).

Los conjuntos defensivos se van a desarrollar de manera espectacular en el espacio alentejano, que constituye la principal línea de fricción en la comunicación Madrid-Lisboa. Téngase en cuenta que de las seis batallas fundamentales de la “Guerra de Restauração” cinco tendrán lugar en este territorio; a saber:

“Batalla de Montijo”, de 26 de mayo de 1644, en que el portugués Matías de Alburquerque, con 7.000 soldados, se alza con la victoria frente a los 9.000 españoles comandados por el Marqués de Torrescusa.

“Batalla de Arronches”, del 8 de noviembre de 1653, en que André de Alburquerque, con un millar de soldados, vence a los mil trescientos de Bustamante.

“Batalla de Linhas de Elvas”, del 14 de enero de 1659, en que António Luis de Meneses, al mando de 11.000 hombres, derrota a los 19.000 de Luis de Haro, en una de las batallas más memorables de Portugal.

“Batalla de Ameixial”, en Estremoz, el 8 de junio de 1663, donde las tropas del Conde de Vila Flor y el Conde de Schomberg, en número de 22.000, vencen a los 26.000 españoles de Juan José de Austria.

“Batalla de Montes Claros”, entre Borba y Vila Viçosa, el 17 de junio de 1664, definitiva para la finalización del conflicto y la independencia de Portugal. Una pérdida más española, a manos de las tropas del Marqués de Marialva, con 20.500 soldados, frente a los 22.600 españoles del Marqués de Caracena.

La otra a resaltar es la “Batalla de Castelo Rodrigo”, del 7 de julio de 1664, en que Pedro Jacques de Magalhães con 3.000 hombres derrotó a los 5.000 del Duque de Osuna.

Batallas todas muy sangrientas, precedidas de saqueos, cercos y asedios a pueblos y ciudades, como los españoles de 1644 y 1659 a Elvas; de 1650 a Juromenha; de 1664 a Almeida y Castelo Rodrigo, y de 1665 a Vila Viçosa, todos sin lograr la toma de las plazas. Sí lo consiguen con Évora el 22 de mayo de 1663, aunque capitulan el 24 de junio, tras la derrota de Ameixial: don Juan José de Austria había cometido el error de tomar Évora dejando atrás las plazas de Elvas y Estremoz, que no se atrevió a abordar, con lo que quedó aislado “en territorio enemigo” por todos lados.

Igualmente fracasan los portugueses en Alcántara (1648), o en Badajoz (1658), teniendo en todo ello mucho que ver sus iniciales defensas fortificadas y abaluartadas, aunque sí -tras diversos asedios- lo logran con Valencia de Alcántara en 1664, que capituló a causa del prolongado cerco y la imposibilidad de recibir los sitiados ayuda exterior.

mapa - II

Mapa de Alvares Seco. Conflictos del siglo XVII.

Ya en la primera representación cartográfica conocida de Portugal -elaborada por Fernando Alvares Seco en 1560- se nos muestra la importancia de las poblaciones de este corredor fronterizo en el eje Madrid-Lisboa, destacando a tres ciudades entre las poco más de una docena de Portugal: dos en vanguardia fronteriza (Elvas y Olivença) y otra en retaguardia (Évora). Las primeras tendrán el refuerzo estratégico de otras poblaciones destacadas, que adquirirán protagonismo en los enfrentamientos de un siglo después: Arronches, Campo Maior, Juromenha y Vila Viçosa… que “comunica” con Évora a través de Estremoz y Evoramonte.

Este mapa de Alvares Seco será la referencia cartográfica fundamental de Portugal a lo largo de un siglo, siendo relevado por el que elaborará Pedro Texeira Albernaz, impreso en 1662, y que igualmente (con diversas versiones que elabora de inmediato) tendrá otro siglo de vigencia.

mapa - III

Mapas de Pedro Texeira, Johann Baptist Homann, Tomás López y John Lodge. Conflictos del siglo XVIII.

El francés Nicolas de Fer lo copiaría con fidelidad en sus trabajos cartográficos cincuenta años más tarde, corrigiendo algunos errores y legándonos una cartografía de gran interés para estudiar las fortificaciones rayanas levantadas a lo largo de la Guerra de Restauração y las que se proyectan, realizan y perfeccionan con motivo del nuevo conflicto peninsular, el de la Guerra de Sucesión española (1701-1714).

Aquí ya aparecen como plazas abaluartadas por el lado extremeño Alburquerque y Badajoz, más el poblado de Telena. Por el alentejano: Arronches, Campo Maior, Elvas, Olivença, Vila Viçosa, Estremoz y Évora, destacando también el castillo artillado de Evoramonte y las poblaciones de Ouguela y Vila Viçosa (aunque sin resaltar sus fortificaciones). Se resalta igualmente la Tapada Real de Vila Viçosa, de los Duques de Bragança, la nueva dinastía reinante en Portugal.

No obstante, en las “Memorias de los Generales”, reproducida en su antología “3º Centenário do Sitio de 1712”, por el historiador Francisco Galego, leemos que Arronches era una plaza mal fortificada; también Elvas. De Campo Maior señalan que “os parapeitos, en muitas partes estavam arruinados, mal terraplenadas as cortinas e revestidas de uma simples muralha, o fosso que não é profundo /…/; cinco rebelins imperfeitos /…/; na esplanada há muito falta de terra /…/; o forte de São João muito imperfeito”.

Sin embargo, en Alburquerque (también en su poder durante todo el enfrentamiento) construyen una línea de redientes en las faldas del castillo, hacia la población, con cuatro cuerpos informes de diseño angular unidos por cortinas, con plataformas artilleras).

A pesar de su “fortificación anticuada, mal formada y de poca fuerza sus baluartes” (en apreciación de Vicente Bacallar) no consiguen el Conde de Galloway y el Marqués de Minas (al mando del ejército anglo-portugués) tomar Badajoz. El asedio de octubre de 1705 será desbaratado por el Marqués de Bay, llegando con refuerzos desde Talavera la Real, haciéndose la retirada hacia Elvas, de la que también Bacallar dice que es una “plaza mal fortificada”.

No obstante, esta población también resistirá un importante cerco en 1706 y otro en 1712; cierto que su cerro da Graça no estaba fortificado y desde allí podía estar a tiro el castillo medieval, pero aún la distancia era considerable para la artillería ofensiva de la época (aunque ya incluso la Guerra de Restauração sirvió para un castigo considerable a la ciudad). Hasta 1763 no se inicia la construcción del imponente Forte por el Conde Lippe, veintisiete años después que el Fuerte de la Concepción, de Aldea del Obispo, con el que comparte la magnificencia constructiva que cierra el “ciclo” de las fortificaciones abaluartadas.

En cualquier caso, la comparación entre esas dos plazas cruciales nos sitúa ante dos fortalezas en un grado muy distinto de defensa. Elvas resulta a esas alturas una plaza bien abaluartada, con revellines y glacis (más Fuerte -de Santa Luzia- y obra coronada hacia el este, el lado que conduce a Badajoz), de buena factura, mientras que Badajoz presenta un grado muy deficiente de aterraplanamientos, falta de revellines y nula defensa en su lado este (por donde le sitian en 1705, se le había atacado fundamentalmente en el siglo anterior y se volverá a repetir en el siguiente). Avanzado el siglo, se construirán el Revellín -casi fuerte por sus dimensiones- de San Roque y el Fuerte de la Picuriña en esta zona.

Johann Baptist Homann nos ofrece un mapa, mejorando en grabado, color y cartelas decorativas, al original de Jean-Baptiste Nolin, de 1704, que detalla buena parte de estas fortificaciones que tratamos.

mapa - IV

En él, se resalta, en nuestro corredor de frontera del eje Madrid-Lisboa, las fortificaciones abaluartadas de Badajoz y Alburquerque, destacando también a Telena en la parte extremeña. En la alentejana: Arronches, Elvas, Olivença, Estremoz y Évora, dando también por abaluartada Evoramonte, y en cambio no Vila Viçosa, Campo Maior y Juromenha.

En 1762 ambos estados van a verse involucrados en la Guerra europea de los Siete Años (1756-1763), cuando Portugal tenía a su ejército muy reducido. Este nuevo enfrentamiento es conocido como “Guerra Fantástica”, pues fundamentalmente se basó, dentro de su brevedad (abril-noviembre de 1762), en acciones de guerrilla y milicias locales, sin auténticas confrontaciones militares.

Por lo que a nuestro corredor Madrid-Lisboa se refiere, en la Raya se producen ataques a Elvas, Campo Maior y Ouguela.

El conde de Lippe, nombrado mariscal general de Portugal, reorganizó su ejército con 20.000 hombres, dispuso la defensa del territorio y concibió el refuerzo de las defensas urbanas, debiéndose a él la construcción del Forte da Graça de Elvas (llamado también Forte de Lippe, construido ente 1763 y 1792).

Será en 1762 cuando el español Tomás López (muy copiado en lo sucesivo) presente un mapa de Portugal y la Raya en el que por lo que a nuestro espacio se refiere se destacan las “plazas de guerra y fuertes” de Arronches, Campo Maior, Elvas, Olivença, Juromenha, Vila Viçosa, Estremoz, Evoramonte y Évora (no así Ouguela), y en España el “obispado” de Badajoz.

mapa - V

En el mapa elaborado por John Lodge Júnior en 1762 (que copiará en 1794 Antonio Giovanni Rizzi-Zannoni), aparecen detalladas las fortificaciones que estamos tratando, destacándose como fortificaciones abaluartadas por la parte extremeña Alburquerque, Badajoz y Telena; por la alentejana: Arronches, Campo Maior, Elvas, Juromenha, Olivença, Vila Viçosa (indicando La Tapada y Montes Claros), Estremoz y Évora, así como Evoramonte, presentado igualmente como abaluartado.

mapa - VI

El siglo XIX.

En 1801, la “Guerra de las Naranjas” lleva de nuevo al enfrentamiento entre Portugal y la coalición franco-española. Godoy ocupa sucesivamente Arronches, Castelo de Vide, Campo Maior (para el historiador António Ventura “foi a acção mais importante ocorrida durante a «Guerra das Laranjas»”), Portalegre, Olivença, Juromenha y otras poblaciones menores, entre mayo y junio, con mínima resistencia portuguesa. Las fortificaciones de todas estas plazas no serán obstáculo para la acción del primer ministro de Carlos IV, que por el Tratado de Badajoz (6 de junio de 1801) retiene para España Olivenza y su territorio comarcal.

Siete años después, entraremos en un nuevo conflicto, esta vez por la invasión peninsular de Napoleón. Badajoz sufrirá cuatro asedios. El primero lo realizarían los franceses del 26 de enero al 10 de marzo de 1811, en que tras morir en la ofensiva el gobernador de la plaza -general Menacho-, fue sustituido por el general Imaz, que capituló ante el mariscal Soult, tras abrir brecha de más de 30 metros entre los baluartes de Santiago y San Juan, en la zona sur de la ciudad, a la izquierda del río Guadiana.

El segundo asedio, de 8 a 14 de mayo (primero de los aliados), es dirigido por el general Beresford, que “se encontró con una fortificación más fortificada y perfeccionada de lo que se esperaba y tuvo que optar por atacar la ciudad desde la orilla derecha del Guadiana, dirigiendo sus ataques contra el fuerte de San Cristóbal y la Alcazaba”, como afirma Carlos Sánchez Rubio en “Los asedios de Badajoz” (O Pelourinho, nº15). El sitio fue levantado para participar en la Batalla de la Albuera, que tuvo lugar a 22 kilómetros de Badajoz el 16 de mayo, con más de 60.000 contendientes y pírrica victoria aliada.

El día 20 de mayo, y hasta el 17 de junio, se retomaría el asedio. Este tercer asedio (segundo aliado), dirigido por Wellington, realizado desde las mismas posiciones que el anterior, se levantó también sin éxito, ante la inminente llegada de tropas de socorro encabezadas por Marmont y Soult, que efectivamente aparecieron el día 20.

Por fin, un cuarto asedio (tercero aliado, del 16 de marzo al 6 de abril de 1812) llevaría a la conquista de la plaza por éstos. Wellington la toma al asalto desde distintas brechas abiertas, entrando en la ciudad “a sangre y fuego”, y siendo sometida durante más de dos días al pillaje, robo, destrucción, violaciones, asesinatos superiores incluso a los de Ciudad Rodrigo. También en esta ocasión el gobernador, general Philippon, se había negado a rendirse, y éste era el castigo aliado… para la población ¡invadida por los franceses!

Olivenza igualmente padecería por estas fechas el asedio napoleónico; el mariscal Soult la tomó el 23 de enero de 1811, tras doce días de cerco. La reacción aliada triunfaría poco después, el 15 de abril, tras un asedio de seis días, al que siguió nueva recuperación francesa el 21 de junio, procediendo a destruir la fortificación en las jornadas posteriores. Once meses después pasaría a dominio español.

Otras poblaciones asediadas en este año trágico de 1811 serían Alburquerque, tomada por Latour-Maubourg el 16 de marzo, procediendo a continuación a destrozar los refuerzos artilleros, y al otro lado de la frontera, Campo Maior, sitiada por el mariscal Mortier del 8 al 21 de marzo, en que se rinde el mayor Talaya -que la comandaba-, ante su inferioridad de efectivos y la falta de pólvora para continuar la defensa.

En la zona, Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones, sobresaliendo la construcción del portentoso Forte de Nossa Senhora da Graça, entre 1763y 1792, bajo las propuestas del mariscal conde Lippe y la dirección de los ingenieros Valleré y Étienne. A inicios del siglo XIX se completaría el conjunto con fortines, dos flanqueando al Forte de S. Luzia: de S. Mamede y S. Pedro, y otros dos a un lado y otro del portentoso Acueducto de Amoreiras: de S. Domingos y S. Francisco (el único que ha desaparecido en la actualidad).

mapa - VII

En el mapa de Lourenço Homem da Cunha d’Eça, de 1808, basado en otro del español Tomás López, de 1778 (que mejora, corrige y actualiza), de nuevo las poblaciones abaluartadas de vanguardia y retaguardia en el corredor Madrid-Lisboa, aparecen destacadas por su importancia defensiva, resaltando esta vez las tres grandes protagonistas de vanguardia: Badajoz, Elvas y Campo Maior, así como en retaguardia Estremoz. Hoy en día son las que más completo conservan el legado patrimonial histórico-artístico que las fortificaciones abaluartadas representan, si bien el caso de Elvas no admite rival en la zona, y en toda la raya le secundan en importancia Valença do Minho y Almeida. Badajoz, Campo Maior (excesivamente degradada, aunque recuperable) y Estremoz quedarían en un segundo rango, similar al de Chaves al norte, Ciudad Rodrigo al centro (con el aporte importante del cercano Fuerte de la Concepción) y Castro Marim al sur. Vila Viçosa queda resaltada de forma más discreta, al ser su protagonismo y fortificación de menor dimensión.

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