POSESIÓN DE LA TIERRA Y LUCHAS CAMPESINAS EN ALENTEJO Y EXTREMADURA DURANTE LA EDAD CONTEMPORÁNEA. – 2 – por Moisés Cayetano Rosado

 

El sistema caciquil.

No es de extrañar, ante ello, que se consolide en esta zona un sistema político, económico y social caciquil, que domina la vida colectiva e incluso individual en campos y pueblos, controlándolo todo.

El sistema político liberal, que se va afianzando a lo largo del siglo XIX y se consolida a principios del siglo XX, extiende -dentro del sufragio censitario y masculino- la posibilidad de voto electoral a más ciudadanos; pero no quiere riesgos y, por tanto, controla esta actividad mediante agentes a su servicio en una escala jerarquizada de poder: caciques, amañadores de elecciones y condicionadores de las votaciones para uno u otro partido, a uno u otro candidato, controlan el proceso a todos los niveles.

El sistema económico liberal, que corre parejo al anterior, permite el libre desenvolvimiento de la producción, la contratación, el acuerdo entre obreros y patronos, pero prevé mecanismos que eviten “desmanes”. El orden público en las zonas rurales quedará bajo la responsabilidad de la Guardia Nacional, que en Portugal, cuando en 1910 se implante la República, pasará a llamarse Guardia Nacional Republicana (la temible GNR), y en España, desde 1844, se llamará Guardia Civil, no menos contundente que la anterior en la represión de desórdenes y protección de la propiedad agraria.

El sistema social verá una pequeña evolución, en cuanto a que el estamento nobiliario pierde privilegios y poder, mientras que la burguesía rural cobra autoridad y rango. El clero, disminuido en su influencia económica, sigue asumiendo su importante papel de control de las costumbres y árbitro de la moralidad, ejerciendo -junto a las respectivas Guardias Nacionales- un decisivo papel sedante y disuasorio de revueltas.

José Saramago, en su extraordinaria novela Levantado del suelo (Levantado do Chão), ambientada en el Alentejo de finales de siglo XIX a finales de siglo XX, escribe:

 

Dios quiso que las cosas fueran así, quien lo puede explicar mejor es el padre Agamedes, con palabras sencillas que no añadan más confusión a la confusión que ya tienen en la cabeza, y si no basta el cura, se ordena a la guardia nacional que se dé una vuelta a caballo por las aldeas, sólo exhibirse, es una advertencia que ellos entienden sin dificultad. Pero, dígame madre, también pega la guardia a los amos del latifundio. Para mí que este chico no anda bien de la mollera, dónde se ha visto cosa igual, la guardia, hijo mío, fue creada y sustentada para arrearle al pueblo.5

Efectivamente, el pueblo, con la implantación y consolidación del sistema liberal en el siglo XIX, no ve mejorar su vida, sino al contrario, caer aún más en la miseria, en tanto la burguesía se llena de riqueza y de poder. La respuesta campesina en un principio es espontánea, compulsiva, desorganizada: motines, saqueos, ataques a la propiedad, ocupaciones… a la desesperada, apretados por el hambre, por la hambruna radicalizada. El escritor extremeño de principios de siglo XX Felipe Trigo escribe en su obra Jarrapellejos, publicada en primera edición en 1914:

– ¿Qué quieren? ¿Qué piden?
– ¡No sé! –dijo el alcalde.
– No se les entiende.
– A ver que abramos el balcón –decidió Jarrapellejos.

Asomáronse. En la confusión horrenda pudieron escuchar lo que pedían: “¡Pan! ¡Pan! ¡Abajo los ricos miserables!

¡Abajo las limosnas!… ¡Que nos entreguen el pósito…!” Y, efectivamente, uniendo la acción a la palabra, contra el pósito, anejo de la misma edificación municipal, concentraban las pedradas y el asalto. Un cuarto de hora transcurrió, sin que aquello llevara trazas de calmarse. Antes al revés, sin freno, sin nadie que les impusiera orden, un grupo se destacó como con ánimos de invadir las dos tiendas de ultramarinos que había en la plaza6

Estas situaciones eran habitualmente controladas con “cargas” de las fuerzas del orden público y fuertes represiones: encarcelamientos y torturas. La falta de “respuesta organizada”, de sistematización en la protesta, hacía más fácil la solución de los conflictos a favor de los propietarios, que al final imponían sus criterios e incluso conseguían enfrentar a los jornaleros, pues cualquier plante por exigencias laborales o salariales en las épocas cruciales de recolección o cultivo -en las que el tiempo es clave para evitar pérdidas graves- era resuelto con incorporación de mano de obra trasladada de otros lugares basándose en la “libertad de movimientos y contratación” del propio sistema político.

Volvemos a Saramago, y leemos en la obra citada:

Están ahora dos grupos de jornaleros frente a frente, diez pasos los separan. Dicen los del norte, Hay leyes, fuimos contratados y queremos trabajar. Dicen los del sur, Aguantáis que os paguen menos, venís aquí a perjudicarnos, marchaos a vuestra tierra, ratinhos7. Dicen los del norte, En nuestra tierra no hay trabajo, sólo piedras y aliagas, somos de la Beira, no nos llaméis ratinhos, que es ofensa. Dicen los del sur, Ratinhos, sois ratones, venís aquí a roer nuestros mendrugos. Dicen los del norte, Tenemos hambre. Dicen los del sur, También nosotros, pero no queremos sujetarnos a esta miseria, si aceptáis trabajr por ese jornal, nos quedamos nosotros sin trabajo.8
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5 SARAMAGO, J.: Levantado del suelo. Edit. Alfaguara. Madrid, 2000. Pg. 88.
6 TRIGO, J.: Jarrapellejos. Edic. Turner. Madrid, 1975. Pg. 198.

7 Ratinhos: temporeros del norte y centro de Portugal que iban a trabajar al Alentejo.
8 SARAMAGO, J.: Obra citada. Pgs. 42-43.

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