Todos sabemos que en día 18 de Septiembre de 1810, el reino de Chile declaró su Independencia de la Monarquía Española, con la colaboración del general José de San Martín quien, en 1808, había libertado a las Provincias del Rio de la Plata del dominio español. En el día en que el Rey Borbón, Fernando VII de España fue libertado del cautiverio al que lo había sometido Napoleón Bonaparte, Emperador Francés después de su derrota en al campo de Batalla de Waterloo por el Duque de Wellington de Gran-Bretaña, todos los Monarcas de Europa quisieron recuperar sus colonias que se habían libertado de su dominio durante su exilio, perdiendo reino y virreinatos, comenzado por el virreinato del Río de La Plata, hoy la República de Argentina, libertada por José de a Martín e 1808, el mismo que ayudó al hijo del Virrey del Perú a libertar a Chile, después de una larga batalla de diez años, hasta el día en que se firmó el acta de la Independencia el 22 de Febrero de 1818, en Santiago de Chile. Después de Chile el Libertador Bernardo O’Higgins con su compañero en liberaciones de antiguas colonias, libertaron al Perú y el último virrey Abascal tuvo que huir más rápido que corriendo para no ser sometido a juicio, como había acontecido con el nuevo gobernador de la reconquista de Chile, Casimiro Macó del Pont, apresado y sometido a juicio por el Director Supremo de Chile, Bernardo O’Higgins y una Corte Marcial, quedando en prisión.
Lo que O’Higgins no sabía es que, a sus espaldas, San Martín y el Embajador inglés, Comodoro William Bowles, habían enviado al congreso de cabezas coronadas de Europa reunidos en Aquisgrán, la ciudad alemana de Aachen[1], a un Ministro Plenipotenciario, que se encontraba en Londres e esos tiempos, Antonio José de Irisarri, para ofrecer garantías comerciales a los Reyes y si no habría un príncipe inglés que no quisiera ser Rey del trono vacio de Chile. ¡Ay si O’Higgins lo supiera!, ese Libertador hijo de un virrey español, que había dado toda su vida por la independencia de Chile. Por un tris, el plano no resultó y Chile siguió siendo una República, que tantas vidas había sesgado. . San Martín pensaba que una monarquía constitucional era la única salvación de Chile, porque sería reconocido por toda Europa, completando así su independencia.[2]
No era necesario un rey. La feroz batalla de armas acabó por llamar a atención de los europeos y el triunfo de la libertad, la de una Europa desunida. Habituados a monarquías, le parecía a ciertos patriotas que una monarquía el precio de la Libertad. No fue necesario. Para mí fue una sorpresa la búsqueda de un rey. Más lo habría sido para el Libertador O’Higgins, que no descansó hasta liberar Perú y ser su Presidente, ¡como Rey!
Bernardo O’Higgins ya tenía muchos problemas para independizar Chile de los Borbón y Orleáns, para hacerse con otro dolor de cabeza. Los ejércitos reales de España continuaron en Chile hasta 1890, e la Isla de Chiloé con O’Higgins mandado exilado al Perú y muerto y enterrado. ¿Para qué más monarquías? Ideas de San Martín, hijo de un coronel del Ejército Borbón, hombre ambicioso que quería ser tratado como tal y, por ese motivo, desterrado para Francia.
Bernardo O’Higgins Riquelme era un liberador fiel y amigo de su pueblo, nunca se consideró hijo de un Virrey, pero Chile es vengativo y lo exiliaron por considerar su gobierno como un nepotismo.[3]
Se fue de Chile en 1822, y volvió en un ataúd de Mármol ofrecido al Gobierno de Chile por su hijo Pedro Demetrio, ya referido en ensayos anteriores.
Salió de hile y solo volvió como cadáver y fue declarado El Padre de la Patria apenas en 1844. Para la vieja aristocracia, hoy la burguesía chilena.
[1] Aachen és un distrito (kreis ou landkreis) da Alemania localizado en la región de Colonia, en el estado da Renania do Norte-Vestfália. Historia en: http://pt.wikipedia.org/wiki/Aachen_(distrito)
[2] Fuente: Documento de Theodorik Bland: Descripción económica y política de Chile, 1818 traducido por Domingo Amunátegui Solar y guardado en Archivos de la Universidad de Chile, 1926
[3] nepotismo.(De nepote). Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos.
