HACER LAS MALETAS – por Moisés Cayetano Rosado

Extremadura hace las maletas

Estamos otra vez como hace cincuenta, sesenta años; como estuvimos hace ciento cincuenta; como habíamos estado hace quinientos: en “expectativa de destino”. Es decir, con una “bolsa de desempleo” que se va inflando hasta explotar.

Y explotar es abrirse a un éxodo laboral que en lo más remoto fue a la aventura “descubridora y colonizadora”, llena de ensueños. Hace casi dos centurias, a la esperanza de una prosperidad mediana en la renovada experiencia americana. Y hace medio siglo, a la vía más cercana de Europa y los focos de desarrollo industrial interiores, que en esta ocasión se llevaron por delante al 40% de la población, mayoritariamente joven.

¿Cuántos se marcharon cada vez? ¿Cuántos se marcharán ahora? ¿Por qué esa cifra y no otra mayor? Porque es los que cada vez han hecho el “cupo” demandado y una reserva de “forzados” por la esperanza de que se encontrará un hueco en las zonas de promisión.

No es malo -¡lo he dicho tantas veces!- que uno cubra sus aspiraciones de prosperar allá donde el ejercicio de su libertad le lleve. Lo malo es el destino irremediable. La dura fatalidad de no encontrar un acomodo allá donde se tienen las raíces, si no se quieren arrancar.

¿Hasta dónde llegará el despoblamiento de las zonas tradicionales de emigración en esta ocasión de crisis absorbente? El futuro siempre es una incógnita, pero el conocimiento histórico nos sirve para sacar algunas conclusiones, en las que el optimismo para el desenvolvimiento de las zonas de subdesarrollo es una quimera insostenible.

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