INDEPENDENCIA DE PORTUGAL Y MONUMENTALIDAD ABALUARTADA – por Moisés Cayetano Rosado

Portugal se alzó contra la dominación española el 1 de diciembre de 1640: hace ahora 372 años. Ante el ataque de los ejércitos artillados de Felipe IV de España,Imagem1 tiene que organizar urgentemente la defensa fronteriza, construyendo fortificaciones abaluartadas que protejan sus principales núcleos y rutas de penetración territorial.

Los años de la Guerra de Restauração (1640-1668) van a ser de gran actividad constructiva desde el norte fronterizo con Galicia hasta el sur rayano con Andalucía, sobresaliendo en el primero las fortificaciones de Valença do Minho y Monção, y en el segundo la de Castro Marim. Otra línea de penetración de atención especial iba a ser la de Salamanca-Guarda, fortificándose fundamentalmente Almeida.

En el lado español se hará en momentos tardíos del enfrentamiento, al firmar Felipe IV la Paz de los Pirineos con Francia en 1659. La Guerra de los Treinta Años, unida a la sublevación de Cataluña, no le ha permitido atender suficientemente el problema de la separación de Portugal; al superar estos conflictos, podrá acometer el refuerzo de las defensas urbanas, fundamentalmente iniciando el complemento abaluartado en murallas medievales o nuevos enclaves de tierra, fajinas y cestones.

Ahora bien, los conjuntos defensivos se van a desarrollar de manera espectacular en el espacio alentejano-extremeño, que constituye la principal línea de fricción, en la comunicación Madrid-Lisboa.

Dos ingenieros de alta capacidad serán los principales responsables de los proyectos, así como planes de asedio: primero, el jesuita oriundo de los Países Bajos Joannes Pascácio Cosmander y -a su muerte en el cerco de Olivença de1648- el francés Nicolau de Langres, que fallecerá en la ofensiva española contra Vila Viçosa (1665): ambos habían acabado “pasándose al enemigo español”.

Uno, otro o ambos, diseñan, perfeccionan sucesivamente, las fortalezas abaluartadas de lugares clave como Marvão, Castelo de Vide, Portalegre, Crato, Arronches, Ouguela, Campo Maior, Elvas, Barbacena, Estremoz, Vila Viçosa, Juromenha, Olivença, Évora, Beja,­­­ Monsaraz, Mourão, Moura… Los portugueses, incluso intervendrán, tras su toma, en españolas como la castellana San Felices de los Gallegos y las extremeñas Valencia de Alcántara y Villanueva del Fresno.

Por el lado español, aparte de éstas últimas nombradas, apenas si podemos destacar a Moraleja, Alcántara y Badajoz. También el castillo-palacio de Brozas, más un primitivo Fuerte de la Concepción en Aldea del Obispo -demolido sin llegar a cumplir un año-, y otras intervenciones menores, como el acondicionamiento para colocación de piezas de artillería en Ciudad Rodrigo. Todas ellas de deficientes defensas, pese a su vulnerabilidad. Alburquerque -de impresionante castillo roquero-, repetidamente asediado, no llegó a fortificarse “a la moderna”, como tampoco Alconchel -también de imponente castillo-, que sufrió frecuentes razias y estuvo en manos portuguesas de 1642 a 1661.

Lo cierto es que en esta guerra Portugal pretende libertar y defender su territorio, no el “conquistar” al vecino -aunque castiga la frontera y la saquea-, por lo que ha de fortificarse; España atacaría para recuperar la unión peninsular, no “fijar frontera”, por lo que no vería tan prioritario fortificar, aparte de que sus recursos estaban agotados, por las guerras en Europa y la sublevación de Cataluña.

Así, cuando acaban los enfrentamientos en 1668, reconociéndose la independencia de Portugal, la serie de fortificaciones abaluartadas en la frontera, especialmente en Alentejo, será considerable. Fortificaciones que se irán perfeccionando y tendrán un destacado papel en las guerras posteriores de Sucesión española (1701-1712) y de Invasión francesa (1808-1814), y que hoy constituyen un patrimonio histórico-artístico monumental de primer orden, candidato a ser Patrimonio de la Humanidad, algo conseguido en junio de 2012 por las fortificaciones de Elvas.

O sea, debemos este incomparable patrimonio histórico-artístico monumental, que en Extremadura y Alentejo tiene lo mejor y más denso de los existentes en el mundo, a esos conflictos que nos separaron, empobrecieron y sacrificaron a nuestros antepasados. Ahora, son de las mayores señas de identidad monumental común.  Y el “arranque” fue un 1 de diciembre de hace casi cuatro siglos; por cierto, cuando en Europa y América llevaban más de cien años construyendo en esta modalidad, la abaluartada: de salientes pentagonales en las esquinas de las murallas, grandes fosos, revellines obstaculizantes y enormes explanadas  exteriores o glacis.

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