TIERRA DEVASTADA – 1 – por Moisés Cayetano Rosado

EVOLUCIÓN COMÚN EXTREMADURA-ALENTEJO

(Especificidades culturales, sentimientos regionales y actitudes de vecindad)

Allá donde el río Tajo deja a Extremadura, en el embalse de Cedillo, comienza -abriéndose hacia el sur en ángulo agudo- el Alentejo. Ambas regiones bajan juntas, sin separarse hasta la confluencia con Huelva, formando un amplio espacio común de más de 68.500 km2; Extremadura aporta -con las dos provincias más extensas de España- el 60%, en tanto que el Alentejo, la región más grande de Portugal, el 40%.

Identidades.

Son tantos los vestigios histórico-culturales compartidos en este doble territorio a lo largo de los siglos que, cuando hacemos un recuento de los mismos, se nos borran las fronteras que sólo los desencuentros políticos de los últimos siglos han contribuido a remarcar. No en vano el Alentejo se desenvuelve encajado básicamente entre los ríos Tajo y Guadiana, los mismos que con sus afluentes cubren Extremadura, y ellos han sido vías de asentamiento y penetración de civilizaciones sucesivas para las dos regiones.

Los yacimientos prehistóricos son abundantes, sobresaliendo en ambos lados los monumentos megalíticos. Esta es una seña de identidad común digna de resaltar: dólmenes y menhires en un extraordinario grado de conservación destacan en las sierras graníticas por toda la línea norte y central transfronteriza, que debió ser un corredor de civilizaciones conformadoras de los lusitanos, cultura de carácter céltico, mayoritaria en esta suprarregión.

La Lusitania iba a ser precisamente -tras la dificultosa conquista de mediados del siglo II a.C.- la provincia romana que englobara todo el Alentejo, Ribatejo, costa portuguesa desde la desembocadura del Duero, el Algarve, y norte y centro de Extremadura más el sur de León también desde el Duero; su capital: Emérita Augusta, destacando junto a ella Évora y Pax Julia (Beja), que actualmente son -con Portalegre- las capitales de distrito alentejanas.

Nuevamente, los restos arqueológicos y monumentales, el legado patrimonial, se entrecruzan formando un todo. Si hoy Mérida es Patrimonio de la Humanidad por sus restos romanos. Évora es Ciudad Patrimonio en buena parte por esa monumentalidad heredada: calzadas, puentes, villas amurallamientos, templos, termas, etc. crean una importante red que sigue en proceso de descubrimiento.

Más adelante, visigodos y primeras invasiones musulmanas apenas modifican el esquema político-administrativo de la zona, que sufrirá una escisión progresiva con la creación del reino de Portugal en el siglo XII, tras más de cincuenta años n el siglo anterior de destino compartido por buena parte de ambas regiones bajo la dinastía de los aftásidas, formando un reino -con capital en Badajoz- que constituyó una de las taifas más poderosas, ricas, extensas y respetadas del siglo XI.

Conformaciones nacionales.

El primer rey portugués, Afonso Henriques, tomará Évora y Beja en 1158, completando la soberanía en todo el Alentejo Sancho II entre 1229 y 1240, en que conquista definitiva y fundamentalmente Elvas, Juromenha, Moura, Serpa, Aljustrel y Mértola, desde donde pasa de inmediato a Ayamonte.

En tanto, y tras las primeras incursiones victoriosas de Alfonso VI de León contra el reino de Badajoz en 1079, Alfonso VII reconquista de manera definitiva la línea del Tajo en 1142. A continuación se asiste en Extremadura a una progresiva presencia de las Órdenes Militares (Alcántara y Santiago, fundamentalmente) que completarán la reconquista. Cáceres es tomada definitivamente en 1229 y Badajoz en 1230.

Todo este tiempo, desde las primeras incursiones portuguesas y leonesas en territorios dominados por los musulmanes a mediados del siglo XII, hasta la ocupación diferenciada definitiva, la rivalidad de ambos reinos cristianos por la posesión de los restos del antiguo reino taifa de Badajoz fue crítica. Incluso se alternaron en alianzas con los musulmanes para debilitarse mutuamente. Entre 1165 y 1169, un mítico guerrero de Afonso Henriques, Geraldo Sempavor -controvertido  y legendario como El Cid castellano-, llegó a tomar Trujillo, Cáceres, Montánchez y Badajoz. Era el momento de la disidencia, de la hostilidad que posteriormente reverdecerá a lo largo de nuestra historia transfronteriza.

Pasarán varios siglos en los que la relación política y social de nuestros pueblos se difumina, hasta desaparecer. Portugal orienta su actividad hacia el Atlántico y Extremadura queda encajada en el reino de Castilla, si bien tanto Alentejo como las tierras extremeñas experimentarán una crucial orientación ganadera en su economía, con una importante presencia en ambas de señoríos y órdenes militares que dirigirán sus destinos separados.

Leave a Reply