El mantenimiento de las fortificaciones siempre supuso un coste económico gravoso. En la Raya hispano-portuguesa -de tantas confrontaciones en los siglos XVII y XVIII- su mantenimiento se hacía aún más dificultoso, pues la economía de España y Portugal, y en particular de las regiones rayanas, tocaba fondo. En medio de estas circunstancias se producirán las primeras acciones de ocupación francesa.
El Algarve se revuelve a mediados de 1808. Castro Marim, notablemente fortificado, se constituye en primordial núcleo de resistencia, conteniendo su invasión. En julio del mismo año, Évora y Estremoz -que se rebelan contra los franceses- sufrirán la represión de las tropas invasoras, que entraron por la Beira Baixa, donde destruyeron parcialmente el Fuerte de la Concepción, entre Ciudad Rodrigo y Almeida.
El mariscal Michael Ney sitia Ciudad Rodrigo a finales de abril de 1810, ocupándola el 10 de julio. A consecuencia de ello, y para que no cayera en poder francés, el general inglés Robert Crawford -de acuerdo con Wellington- mandó volar el cercano Fuerte de la Concepción, quedando en ruinas hasta la actualidad, en que parcialmente se ha restaurado para funciones hoteleras e histórico-culturales.
Inmediatamente, Masséna, pasó a Almeida, que cercaría el 24 de julio y toma el 28 de agosto, tras hacer estallar un proyectil francés su polvorín principal el día 26, causando fuertes destrozos. Wellington la recuperó en 1811; los franceses volvieron a volar la fortificación al huir, destruyendo tres de los seis baluartes.
Previamente, ambos ejércitos habían mantenido una importante Batalla, entre Vilar Formoso (Portugal) y Fuentes de Oñoro (España), del 3 al 5 de mayo, en la que el mariscal Masséna, con 40.000 infantes y 5.000 de caballería, fracasó frente a Wellington, que comandaba a 34.500 soldados de infantería y 1.500 de caballería. Antes de esta batalla, el mariscal inglés consiguió recuperar Ciudad Rodrigo, el 19 de enero de 1811, siendo sometida la ciudad a terribles saqueos, violaciones, asesinatos.
Badajoz sufrirá entre 1811 y1812 cuatro asedios. El primero a cargo de los franceses, que tomaron la ciudad. Hasta un cuarto asedio (tercero aliado) no se conquistó la conquista la plaza por éstos. Wellington la toma al asalto desde distintas brechas abiertas, siendo sometida durante más de dos días al pillaje, robo, destrucción, violaciones, asesinatos superiores incluso a los de Ciudad Rodrigo.
Olivenza igualmente padecería por estas fechas el asedio napoleónico. Otras poblaciones asediadas en este año trágico de 1811 serían Alburquerque. O, al otro lado de la frontera, Campo Maior.
En esta zona, Elvas había sido concienzudamente reforzada en sus fortificaciones. Entre 1763 y 1792 se construyó el portentoso Forte de Nossa Senhora da Graça. A inicios del siglo XIX se reforzaría el conjunto con fortines, dos flanqueando al Forte de S. Luzia y el otro al lado del acueducto.
Pasadas las Guerras Napoleónicas, al tiempo que se va restableciendo la concordia peninsular, se asiste paulatinamente a una expansión urbana extramuros en las poblaciones de frontera. Si a ello unimos lo costoso del mantenimiento de las fortificaciones y lo insalubre de los fosos al llenarse de agua de lluvia que se empantana, de escombros que allí se arrojan… se entiende que las poblaciones con fortificaciones abaluartadas vean en estos elementos defensivos “un corsé que aprisiona”, un escollo al progreso expansivo del urbanismo, una carga económica y un peligro por los derrumbes que ocasiona su falta de mantenimiento.
Así, recurren a peticiones las entidades oficiales municipales, los vecinos, los medios incipientes de comunicación, en el sentido de desmantelar las murallas, a partir de mediados de siglo XIX y durante el siglo XX.
La destrucción, el abandono, la desidia, han ido haciendo estragos muchas veces irreparables. Pese a todo, nos queda en la Raya patrimonio abaluartado suficiente como para poder sumar todo un “rosario de fortificaciones” a la calificación de Patrimonio de la Humanidad, que a finales de junio de 2012 obtuvo Elvas, en la reunión de la UNESCO que tuvo lugar en San Petersburgo (Rusia).



