(de la agencia efe y periódicos del día. Día 28/03/2013)
Las beatificaciones de los 58 “mártires del siglo XX”, como llama la Iglesia española a los religiosos asesinados durante la II República española y la Guerra Civil, se anunciarán en fechas próximas. Según datos de la Iglesia española, los “mártires” de los años 1934 y 1936-1939 pueden ser unos diez mil. Ya han sido beatificados más de un millar y proclamados santos once.
Pero, ¿no quedaban en que hay que olvidar el terrible enfrentamiento de la Guerra Civil, para no reabrir heridas aún en carne viva?
¿No quedamos en que debemos dejarnos de Memoria Histórica, relatorios, memoriales, apertura de fosas, etc.?
¿O es que solamente se ha de reivindicar lo que en exclusiva se reivindicó durante cuarenta años, y que luego con la democracia se siguió primando en aras inexplicables e inexplicadas de la concordia? Despiadada discriminación hasta que se comenzó a investigar “la otra mitad de la historia que nos contaron”, como dice el investigador Cayetano Ibarra, dándole título a un libro memorable que fue Premio Arturo Barea de 2004 (Diputación de Badajoz), editado por la institución convocante al año siguiente.
Olvidar, olvidar. Se les llena la boca de “olvidar”, “perdonar”, “reconciliar”, pero la persistencia en el recuerdo sigue utilizando dos varas de medir para los que siempre tuvieron en sus manos “la vara de medir”: “los nuestros al cielo, los vuestros al hoyo anónimo del suelo”. ¡Porque hay que ver lo mal que llevan muchos que se localicen personas fusiladas hace ya más de setenta y cinco años, para darles a sus huesos un digno enterramiento!
Y ya puestos, si los religiosos asesinados reciben el título de “beatos” e incluso “santos”, ¿que título habría de darse a los alcaldes, concejales, políticos, sindicalistas, escritores, profesores, artistas, ¡tanta gente! también asesinados por su afiliación, por su significación, por sus ideas, por sus actitudes sociales, profesionales…, por su trabajo cívico y social? ¿No es el equivalente esta palabra: “héroes”, puesto que muchos se jugaron la vida para salvar otras vidas incluso de sus oponentes? ¿No se merecen mayoritariamente, cuando menos, el título de “hijos predilectos” -si nacieron donde les asesinaron-, o “hijos adoptivos” -si procedían de otros lugares-, e hicieron una labor cívica que hemos de admirar? Será cuestión de estudiar también los casos, entre las muchas decenas de miles de asesinados durante la guerra y la larga posguerra que le siguió. Sin rencor, sin revancha; también como un acto de justicia, tal como supongo la Iglesia católica hace con estos religiosos a los que sube a los altares.

¿a quien van a beatificar?¿a sus asesinos? Cada uno que beatifique o ponga medallitas a los suyos, si no eran crisitianos pues que los beatifique la religion a la que perteneciesen, o que su partido politico le impongan una medallita o le haga un titulo honorifico y todos contentos.
No es verdad lo de “todos contentos”. Quien saber leer sabrá que digo que no está bien tanto hablar de “olvidar” (y se enfadan si otros glorifican a los demás asesinados) los que insisten y persisten en lo que vienen haciendo de siempre, glorificando a unos y olvidando a otros, todos “hermanos en Cristo”. Veo que es inútil razonar con quien no quiere. No sé, la verdad, por qué contesto; bueno, sí, por respeto a “aviagemdosargonautas”.