RETAGUARDIA FORTIFICADA EN LOS CONFLICTOS PENINSULARES-(I) –por Moisés Cayetano Rosado

En la Edad Moderna (pasados los tiempos de avance contra los musulmanes, en línea de confrontación norte-sur), tras el periodo de Unión Peninsular bajo la Casa de Austria, llegan las hostilidades con “el vecino de al lado” -España- al sublevarse los portugueses e iniciar la “Guerra de Restauração”, que es declarada en 1640 y culminada con la independencia portuguesa en 1668.

Con ello, se reafirma la amenaza viene del este para el oeste, que desde la conformación del reino luso había sido motivo de luchas y consiguiente fortificación en la Raya (más dos espacios que conservan la orientación norte-sur: de Galicia para el norte de Portugal, uno, y por la desembocadura del Guadiana otro).

Una vez desembarazada España de los conflictos en Europa y del intento de independencia de Cataluña, la ofensiva contra Portugal se intensificará, pasando de las escaramuzas, razias, saqueos y breves asedios iniciales, a confrontaciones de mayor calado.

  1. CORREDORES DE INVASIÓN EN LA RAYA HISPANO-PORTUGUESA.

mapa - I

Las zonas de mayor tensión se distribuyen irregularmente a lo largo de toda la Raya, si bien adquieren una sistematización en su utilización a lo largo de los diferentes conflictos de los siglos XVII, XVIII y XIX que nos permiten hacer una división en cuatro grandes grupos.

El primero comprende el área entre los ríos Miño y Duero. El segundo, entre el Duero y el Tajo. Un tercero entre el Tajo y la penetración del Guadiana por el corredor Badajoz-Elvas. Y un cuarto, en la propia desembocadura del Guadiana.

Primer grupo.

El primer grupo de tensión es bastante dilatado, pues comprende toda la frontera de Galicia con la zona de Minho y Tras-os-Montes, así como León-Zamora con el este de la región trasmontana. Ello hace que se refuercen y fortifiquen las poblaciones de un lado y otro de la Raya, especialmente las portuguesas, que son las que van a sufrir las acometidas invasoras en primer lugar.

Así, tenemos una primera línea en la propia desembocadura del Miño: Caminha y Vila Nova de Cerveira tienen enfrente a A Guarda y Tomiño, con Bayona en retaguardia, en el corredor de acceso de la desembocadura del río.

Siguiendo el curso del río hacia el este, enseguida se encuentra la más potente de las poblaciones fortificadas de este grupo, que en los sucesivos conflictos de los siglos XVIII y XIX continuará perfeccionando sus defensas: Valença do Minho, y muy cerca de ella Monção. Enfrente, tendrán a las españolas Tuy y Salvatierra de Miño. Aquí, el paso norte-sur es geográficamente muy practicable, por lo que necesita mayor refuerzo de la protección fortificada.

Al medio de la frontera norteña, la trasmontana Chaves tendrá un papel crucial en lo que podríamos denominar segunda línea de invasión. Enfrente a ella, en este modelo de “botón y ojal”, “uno para otro”, que se repetirá en la Raya, tenemos a la gallega Monterrey. El amplio valle permite un fácil acceso de las tropas, que ha de ser contrarrestado.

Ya al este, una tercera y última línea de invasión de este primer grupo está formada en Portugal por Bragança y Miranda do Douro, a las que los castellanos accederán siguiendo el curso del Duero y las ciudades de Toro y Zamora.

Las tres, una vez rebasada la frontera, conducirán a los ejércitos a la ciudad de Porto, desde donde bajarían por la costa occidental hasta Lisboa.

Segundo grupo.

El segundo grupo, entre Duero y Tajo, tiene una línea fundamental de invasión en el eje de la salmantina Ciudad Rodrigo con Almeida en la Beira Alta. Desde allí, bordeando por el norte a la Serra da Estrela, se llega hasta la altura de Coimbra, por donde bajan, como los anteriores, hacia Lisboa.

Así, esas cuatro líneas de invasión de los dos primeros grupos citados -todos por encima del Tajo- conformarían los corredores norteños de confrontación, siendo las poblaciones enumeradas las que primero se fortifican, artillando castillos medievales, reforzando sus defensas con falsabragas, redientes, terraplenes, fuertes, y extraordinarios recintos abaluartados, especialmente en el caso portugués, destacando Valença do Minho y Almeida.

Tercer grupo.

El tercer grupo, entre el Tajo y el Guadiana, tiene fundamentalmente dos líneas de penetración y conflicto: una primera inmediatamente al sur de este río, y una segunda al amparo del Guadiana y sus afluentes.

La primera constituye un importante eje de incursión, entre los desfiladeros de las Serras de Marvão y São Mamede, que en el lado español, contará con los recintos fortificados de las extremeñas Alcántara y Valencia de Alcántara, y en el portugués a las alentejanas Castelo de Vide, Marvão, Portalegre y Crato.

La segunda, en la que vamos a fijar especialmente la atención, será la crucial en casi todos los conflictos, estando justamente en el corredor Madrid-Lisboa, en medio de inmensos, penetrables y fértiles llanos, que facilitan tanto la incursión de tropas ligeras como armamento pesado, proporcionan importantes recursos agro-ganaderos para la manutención de soldados y animales de asalto y carga, presenta los accesos más practicables y sin barreras geográficas que sí tienen todas las anteriores, y están en medio de la distancia más corta entre las dos capitales de ambos estados.

El lado portugués presenta un considerable escudo de fortificaciones en vanguardia y retaguardia, sobresaliendo entre las primeras Campo Maior, Elvas y Olivença. Entre las segundas: Arronches y Juromenha de inmediato, y algo más al interior Vila Viçosa, Estremoz y Évora. Del lado español: apenas Badajoz (con el auxilio de Telena y más al sur del castillo artillado de Alconchel, al que se dota de refuerzos propios del modelo abaluartado, por su importancia estratégica frente a la Olivença portuguesa) y Alburquerque.

Cuarto grupo.

Un último grupo está constituido por la línea sur de penetración, que corresponde a la desembocadura del Guadiana, contando por el lado portugués sobre todo con la fortificación de la algarvía Castro Marim y más arriba Alcoutim. Del lado español, las andaluzas Ayamonte y Sanlúcar de Guadiana (cubriendo respectivamente a las anteriores). Aguas arriba hemos de anotar la importancia estratégica de las del Bajo Alentejo: Moura, Mourão y Monsaraz, así como las andaluzas Paymogo y Encinasola

 

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