Cuarenta años después por JOSEP A. VIDAL

barcelona

El golpe de Estado de 18 de julio de 1936 desató en España el horror de la guerra. Aquel ataque que puso fin a la legalidad democrática republicana fue el pilar donde se asentó una dictadura sanguinaria. Un general perjuro del ejército español, que había comandado la sanguinaria represión de los mineros asturianos y había exhibido sin pudor alguno su falta de escrúpulos en el mando de las tropas africanas, se erigía en dictador “por la Gracia de Dios”, como rezaron a partir de entonces las monedas de curso legal en la dictadura. Una dictadura que se prolongó durante cuatro décadas, a lo largo de las cuales nunca dejó de perseguir, encarcelar, torturar y matar amparándose en la excepcionalidad de un estado de guerra -más o menos solapado según los momentos-, el uso de los consejos de guerra contra civiles y los juicios sumarísimos, además de la indulgencia estratégica de los poderes internacionales comprometidos en la cruzada anticomunista. Ya irremisiblemente a las puertas de la muerte, apenas unos días antes de entrar en agonía, el dictador se exhibía ante la multitud y firmaba la sentencia de muerte de los que serían los últimos ejecutados –que no las últimas víctimas– del franquismo. Tras él quedaba un país desolado, con el ánimo amortajado, diezmado por la guerra, la represión, el exilio, el espolio, la emigración y la miseria, y, no obstante, irredento. Franco, que, desde su mentalidad de militar decimonónico, se había aplicado a borrar el alma y la historia de los pueblos de España para religarlos con la incierta idea de unidad de los Reyes Católicos y las aún más inciertas grandezas del Imperio hispánico, lo dejaba todo “atado y bien atado”.

Hoy, cuarenta años después de su muerte, el país deambula aún perdido por los vericuetos de su laberinto, aun febril e inánime, debatiéndose contra los virus que el franquismo inoculó en su esencia. El “milagro” de la transición española no solo distribuyó cartas de inmunidad a los opresores, sino que, a muchos de ellos, y a amigos y conocidos, les procuró la persistencia en los lugares de influencia, parcelas de poder y privilegios, bienes adquiridos como derecho de victoria, fortunas amasadas al amparo de la dictadura… Nadie pidió perdón, nadie restableció el honor de las víctimas, de los ajusticiados, de los condenados por tribunales carentes de legitimidad… Nadie devolvió lo robado, nadie. La Constitución, dijeron, era la superación del pasado: borrón y cuenta nueva, todo olvidado. De la dictadura a la democracia por arte de birlibirloque, sin más. Una transición ejemplar.

Y ahí estamos, anclados en las burlas de la historia, con los muertos aún anónimos y mal enterrados, durmiendo en las cunetas y en los barrancos, con la desconfianza social hacia la política y, especialmente en los mayores, un miedo atávico a “lo que puede ocurrir si el poder se enfada”, si alguien decide de repente que se ha acabado la “transigencia”, que este invento de la democracia ya ha ido demasiado lejos…

Y mientras partidos nuevos y viejos blindan la sacrosanta Constitución y con ella el silencio, o proponen un nuevo pacto constitucional para acallar las voces que, cada vez con mayor fuerza, denuncian la estafa de la transición y la pervivencia del imaginario de la vieja España y de las fuerzas que se afanan desde el siglo XVIII en darle cartas de verosimilitud y hacerlo realidad, este país, que se jacta vanamente de modernidad, continúa siendo corte de fantasmas. Las generaciones que vivieron la dictadura no han conseguido desprenderse de aquel legado, sencillamente porque nunca han dejado de estar atados a él; y las nuevas generaciones no han encontrado un proyecto vinculado a la realidad plural y democrática de un país que pueda ser compartido.

Hoy, cuando se cumplen cuarenta años de la muerte del dictador, seguimos reclamando la nulidad de los consejos de guerra y los jucios del franquismo.

Entretanto, en la Sierra de Guadarrama, sobre el valle de Cuelgamuros, se alza la basílica que guarda el mausoleo del dictador, hermanado con el del fundador de la Falange, el partido principal del fascismo español. El monumento, insulto y humillación para quienes vivieron bajo la dictadura –que nunca renunció a ser prolongación de la guerra, porque nunca dejó de tratar a los vencidos como tales ni dejó de negar privilegios a los vencedores–, simboliza, con mayor contundencia cada día que pasa, la gran operación de maquillaje histórico del franquismo ante las nuevas generaciones. Solo las fuerzas de la naturaleza, el carácter agreste del paisaje, la inclemencia del clima extremado y la hostilidad de las rocas violadas por grutas y cavernas contra natura socavan y degradan las pretensiones de firmeza y perennidad del ignominioso monumento.

Quienes, llegados al valle, buscan información histórica sobre el recinto, no encontrarán en ningún lugar palabras como dictadura, fascismo o dictador, pero sí en todas partes referencias al “Jefe del Estado”: “Delante del altar se halla situada la tumba de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, en representación de todos los caídos sepultados. En el lado opuesto, se encuentra la tumba de Francisco Franco, Jefe del Estado y fundador del monumento“.

“Monumento a la reconciliación” rezan los folletos informativos y la web de la basílica que regenta la comunidad benedictina. ¿Reconciliación? Parece ser que la coartada funciona y se acredita a partir de los argumentos de autojustificación: “Conforme a la finalidad del monumento hay enterrados más de 33.700 caídos de ambos bandos, según el registro (más de 50 000 según otras estimaciones más probables), procedentes de toda España“. Pero, mientras se continúa exhibiendo este cínico argumento tras el cual el dictador intentó disimular su endiosamiento (“por la Gracia de Dios”, ¿recuerdan?), se estrella contra el silencio y la ignorancia del Estado la reclamación de quienes actualmente están reclamando la devolución de los despojos de sus familiares que fueron arrancados de sus sepulcros para trasladarlos, por decreto, al Valle de los Caídos, donde servirían de comparsas en el delirio megalomaníaco del dictador, culpable, directa o indirectamente, de su muerte. No es reconciliación, sino humillación.

En la homilía de consagración de la basílica, en 1960, el cardenal Cicognani, enviado de Juan XXIII, se sometía, en función de los equilibrios a que obligaba el concordato, a la operación de enmascaramiento: “Esta Basílica, dedicada a la Santa Cruz, debe ser como un místico recinto donde las almas se encuentren en su propia atmósfera para meditar los misterios de Dios, especialmente el de la Redención.

Sobre la tumba del dictador, en la España democrática, continúa habiendo flores frescas todos los días; en la basílica panteón que pretende lavar su memoria y glorificarlo continúan celebrándose misas por su eterno descanso –como se han celebrado estos días en muchas iglesias de la geografía española con ocasión del 40 aniversario de su muerte*–, mientras la memoria de quienes sufrieron persecución por su causa o fueron muertos por su mano –él firmó la sentencia dictada por un tribunal bajo sus órdenes– continúa esperando reparación. Y de igual modo, la información que se ofrece a los visitantes oculta o enmascara cínicamente la participación de los presos políticos, sometidos a trabajos forzados y a un trato cruel y humillante, en la construcción del mausoleo, sus accesos y su entorno: “En las obras de construcción participaron principalmente trabajadores libres y un porcentaje menor, aunque significativo, de presos, éstos entre los años 1942 y 1950, en régimen de redención de penas […] presos que deseaban reducir el tiempo de su condena por este medio, además de cobrar un salario igual al de los trabajadores libres del ramo y en el lugar, y de disponer de una serie de ventajas (seguros sociales, amplia libertad de movimientos y trato normal con empleados libres, visitas y estancias de familiares, mejor alimentación, etc.). Algunos de ellos permanecieron trabajando como libres después de redimir su tiempo de condena.” La verdad histórica requiere otro tratamiento, y desde luego no debería obviar la naturaleza política de los delitos atribuídos ni la ilegitimidad de las condenas, ni la falsedad de la argumentación redentorista y de los buenos tratos, y aún menos intentar avalarla con el deseo de permanencia de algunos presos tras cumplir su condena, presentándolo como si en ello hubieran encontrado una posibilidad de futuro en lugar de un recurso de supervivencia para huir de la miseria, la marginación o la indigencia del retorno a “ninguna parte” después del cautiverio.

Que nadie se engañe y que lo aprendan también las nuevas generaciones –especialmente quienes más fácilmente pueden sucumbir al cinismo político de los que afirman (como suelen hacer Albert Rivera y los líderes de Ciudadanos o del PP, e incluso del PSOE) que gracias al pacto constitucional en España no puede haber ya vencedores ni vencidos–: Un dios al que pueda resultar grato lo que es y representa un lugar tan siniestro como el Valle de los Caídos no es digno de existir.

Josep A. Vidal

(*) Pueden ver en el siguiente enlace la salida de la misa celebrada en honor de Francisco Franco y del fundador de la Falange José Antonio Primo de Rivera y por los caídos “por Dios y por España, este último 20 de noviembre, en la parroquia madrileña de San Fermín de los Navarros, organizada por la Fundación que lleva el nombre del dictador. Acudieron doscientas personas, entre las cuales estaba la hija del dictador, Carmen Franco Polo, que fue aclamada con vítores a Franco y el canto del “Cara al Sol”. https://www.youtube.com/watch?v=qvBNBfSdyXk

1 Comment

  1. Es que si algo queda claro año tras año es que la iglesia católica sigue siendo una institución fascista al servicio de la opresión más salvaje y del genocidio más criminal. Tanto que perseveran las fuerzas y cuerpos de seguridad en perseguir la apología del terrorismo etarra o yihadista ¿para cuándo veremos en este podrido país (sin justicia ni ética alguna) a media docena de sacerdotes fascistas y obispos encubridores detenidos y encarcelados preventivamente a la espera de juicio? http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2015/11/esa-siempre-tan-nazionalcatolica.html

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