DIÁSPORA. ARTE RUPESTRE PALEOLÍTICO EN LA FRONTERA: DE FOZ CÔA A SIEGA VERDE, por Moisés Cayetano Rosado

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Impresionan los 30 metros de altura de la Igreja Matriz de Torre de Moncorvo. Su construcción duró casi un siglo, de principios del XVI a primeros años del XVII, y destacan en su fachada principal el bello pórtico renacentista y su enorme torre que le da verticalidad a un conjunto extraordinariamente extenso, en cuyo interior sobresalen los múltiples retablos de talla dorada.

Torre de Moncorvo, deliciosa vila de sur de Tras-os-Montes, nos sirve de reposo –en la “Casa Da Avó” sorprende el moderado precio para alojarse y desayunar de una manera deliciosa en casa señorial con muebles palaciegos-, antes de meternos en la “máquina del tiempo” que nos ofrece el vecino Vale Foz Côa, clasificado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1998.

Sus grabados rupestres al aire libre, se cuentan por centenares, tal vez millares -muchos bajo las aguas del fondo del gran valle-, y representan fundamentalmente caballos, venados, cabras y bóvidos de gran precisión en el trazado, admirable realismo y una superposición de grabados, que son como páginas de un libro de Prehistoria escritas en la misma lámina. La datación, dentro del Paleolítico Superior, va de hace 22.000 a 10.000 años, lo que los convierte en una de las actividades humanas más antiguas de las que se tiene constancia en el mundo.

Los núcleos fundamentales para realizar visita a este legado (siempre guiada por personal especializado) son la Canada do Inferno (en la margen izquierda de Rio Côa), la Ribeira de Piscos (en Muxagata) y Penascosa (en la margen derecha del río).

4.4. Foz Côa-Siega Verde

Esta última estación arqueológica es la que ofrece más claridad en la visión de las muestras rupestres, a las que se accede desde el Centro de Recepción de Castelo Melhor, freguesia de Vila Nova de Foz Côa, de apenas 200 habitantes.

En lo alto de un monte que le protege conserva los restos de un castillo de defensa del territorio de Ribacôa, con antecedentes de castro prerromano y construcción bajo el reinado de D. Dinis, tras el Tratado de Alcañices de 1297. Sería ampliado bajo el reinado de don Fernando (1365-1383) y artillado durante la Guerra de Restauração, para después pasar a la ruina y el olvido, pero ofreciéndonos hoy en día una impresionante estampa mientras se aguarda el viaje hasta la estación arqueológica de Penascosa, que se efectúa en coche todoterreno, por un paisaje intrincado de bellas panorámicas de viñedos plantados en bancales hasta coronar los cerros de los alrededores.

4.5. Penascosa-Foz Côa

Impresiona ver los múltiples grabados en las rocas pizarrosas, utilizando las técnicas de percusión (golpeando a manera de cincel y martillo) y abrasión (desgaste por rozamiento), logrando las primeras figuras de gran definición, y más diluidas las segundas, pero cargadas de matices para un “ojo” educado en encontrar los misterios de estos admirables artistas paleolíticos.

De aquí merece acercarse “al otro lado de la Raia/Raya”, hacia el sureste, en la provincia de Salamanca, hasta Siega Verde, yacimiento arqueológico “hermano”, calificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2010, como extensión de Foz Côa.

El yacimiento español ofrece testimonios similares, habiéndose llegado a catalogar más de quinientos grabados, en las orillas del río Águeda. El acceso también ha de hacerse con personal cualificado. Pero la cercanía de la estación arqueológica al puente que salva al río en la carretera de Castillejo de Martín Viejo a Villar de la Yegua es tal que los grabados que se visitan están precisamente a un lado y el otro de dicho puente, por lo que la entrada desde el Centro de Recepción (allí mismo ubicado) se hace a pie.

¡Y que cerca de Siega Verde queda una escapada a las monumentales Almeida y Ciudad Rodrigo, en Portugal y España respectivamente, rodeadas a la vez de otra poblaciones monumentales de gran patrimonio medieval y moderno, como Castelo Rodrigo y Castelo Mendo al norte y sur respectivamente de Almeida (sin olvidar el cercano Vila Formoso, cuya estación de ferrocarril tiene una de las azulejerías más hermosas de Portugal), y San Felices de los Gallegos y Aldea del Obispo (con su Fuerte de la Concepción) al noroeste de Ciudad Rodrigo!

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