El futuro de la revolución cubana – por Moisés Cayetano Rosado

(28 abr 2008 actualizado )

 

Cuando los dirigentes de la Revolución cubana fijaron su modelo tras el golpe de 1959, se marcaron unos objetivos que los distanciaban por completo del sistema imperante, y no sólo en el entorno caribeño sino del latinoamericano en general e incluso de todo el continental. Era un modelo socialista que claramente pretendía proteger a la sociedad en las necesidades básicas, garantizando la generalización de las atenciones sanitarias, educativas, culturales, asistenciales, de vivienda y de trabajo.

 

Así, ni un cubano estaría a merced de sus circunstancias económicas para recibir atención sanitaria básica e incluso especializada; nadie perdería oportunidades en su formación educativa y cultural, tanto en la etapa obligatoria de niñez y adolescencia como en la juventud y madurez; todos tendrían una mínima vivienda digna y un trabajo adecuado a sus potencialidades, y la asistencia para los más necesitados (niños, ancianos,deficientes, minusválidos…) sería una prioridad.

 

Algo impensable para la sociedad del momento en el entorno, donde la privatización de los servicios y las desigualdades eran lacerantes, incluso dentro del poderoso vecino del norte, pues los EE.UU. no garantizaban -ni garantizan- la sanidad pública, la vivienda, la educación de adultos, etc., etc. ¡No digamos en el Caribe o el Cono Sur, tan brutalmente desiguales en cuanto a la vida de sus ciudadanos.

 

Sin embargo, este modelo resulta una paradoja para un país pequeño y pobre, que pertenece a un área geográfica con condiciones de suelo agrario, relieve, clima, etc. poco propicio para una agricultura diversificada y una ganadería variada. Muy al contrario, sus suelos selváticos, relieve montañoso y clima tropical húmedo y caluroso, propician el monocultivo de productos modestamente rentables, como la caña de azúcar y el tabaco, o cabañas ganaderas de vacuno en régimen extensivo. En cuanto a los recursos del subsuelo, tampoco son importantes, tanto en minería como en crudos. La industria derivada de estas riquezas no deja de ser también limitada y poco competitiva.

 

Así, Cuba ha dependido y depende crucialmente del intercambio con otros países. Y no olvidemos que en los años sesenta ya los sucesivos gobiernos de EE.UU. decretaron crecientes embargos comerciales que dificultaron gravemente los acuerdos cubanos con el exterior. Esto los situó cada vez más en la órbita de la URSS, muy interesada en tener un enclave estratégico situado “frente al rostro” de su enemigo norteamericano. E hizo depender su economía productiva y comercial cada vez más del coloso socialista, que bajo el lema de “intercambio y comercio justo” les hipotecó su modelo productivo, su desarrollo y su actuación
política.

 

El derrumbamiento de la URSS en los años ochenta dejó a la Revolución cubana sin sus aliados “naturales” y a merced de sus propios recursos limitados, pues el otro aliado, China, nunca apoyó con entusiasmo al pequeño país caribeño, cuya importancia estratégica no le resultaba necesaria, y menos en tiempos de distensión.

¿Consecuencia? El sistema se ha ido desmoronando por falta de recursos, y aunque la apertura turística le ha supuesto a Cuba una importante entrada de divisas no resulta suficiente, a la vez que “introduce” un modelo capitalista que se da de bruces con el modelo socialista, austero, solidario, igualitario, implantado –eso sí, a base de mano férrea- a lo largo de cuatro décadas.

 

¿Qué hacer ahora, cuando además la referencia carismática – Fidel Castro- desaparece de primera línea?

 

Pues eso, maquillajes al sistema, que lo deforman y lo hacen poco a poco obsoleto e incluso inconveniente para el desenvolvimiento social. Chirrían las novedades capitalistas con las  propuestas socialistas. Choca el consumismo con la austeridad de un modelo igualitario y austero dentro de un país de recursos tan limitados, pero de ofertas turísticas tentadoras. Y por su fuera poco, la falta de recursos impide al Estado mantener los niveles de bienestar social alcanzados en el pasado con la ayuda exterior.

 

El futuro de la revolución cubana | Extremadura al día
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