LOS OTROS CONQUISTADORES – 2 -Moisés Cayetano Rosado

Se ha pagado, sin duda, un alto precio: el desarraigo, el alejamiento de tantísimos seres queridos, familiares, amigos; cortar con las costumbres, esa especie de patria inalterable que en el suelo de la infancia, y los recuerdos siempre revividos, como escribía nuestro paisano Juan Moreno Aragoneses en 1989:

Ecos de campanas,
tambor, banderas, gritos,
el vino de pitarra,
los vivas a ese santo,
las calles empedradas,
las chispas y las voces
de las recién herradas
bestias de sombra y sueño
en esta noche mágica.

Rememoraba, como lo seguiría, seguirá haciendo cada año, la “Carrera de San Antón” en su Navalvillar de Pela, cuya ausencia tanto le duele. Y así escribía en 2005:

Otro año más
sin coger el buñuelo.
Otro año más
sin pitarra ni puro,
sin caballo ni hogueras.
O como decía el poeta portugués Teixeira de Pascoais:
Homens, que trabalhais na minha aldeia!
Como as árvores, vos sois a Natureza.
E se vos falta, um dia, o caldo para a ceia
e tendes a emigrar,
troncos desarraigados pelo vento
levais terra pegada ao coração.

Como escribió el poeta de Tomelloso, Eladio Cabañero, emigrado desde su pueblo (tan añorado siempre) a Madrid:

Miro de lejos,
memoro, nombro, toco oscuro, oh paredes,
saco a relucir vidas, materiales, historia
de manera que nadie equivocado piense
que escribo algún poema misterioso
sino de alta protesta y de dolor.
¡Cuánto me acompañaron esos versos cuando yo, con 20 años, vivía, solitario, fuera de los míos y de lo mío, en Barcelona, al comienzo de los años setenta!
Proseguía el poeta:
Ahora, aquí, tan lejos
de cuando yo dormía echado hacia el Saliente
filmando versos vírgenes y oyendo a medianoche
el sueño de los míos en la casa.
O los de nuestro paisano emeritense Félix Grande:
Ellos duermen allí su clandestina frustración
se oye roncar de pared a pared o velar o agitarse
consultar su billetera de badana reunida con una gomita
manoseando retratos y cartas de presentación
se sientan sobre la cama cuyas sábanas envolvieron
oficinistas albañiles desempleados se sientan y meditan
recuerdan épocas de siembra el paseo del domingo
la boda antiguo del primo carnal la yegua muerta
casi hacen bueno lo que fue sórdido –se apoyan
un poco más en la almohada alquilada fumando
y memoran los súbitos abrazos la asustada mujer
los pechos que en su entrega parecían decir haz fortuna
encuentra trabajo.

Y esa conquista, la del trabajo, y la de la fortuna (en dinero o en la satisfacción de asentarse con desahogo, recuperar a los suyos, aclarar porvenires, conquistar una reputación honrada, respetada, admirada, querida, reconocida y aplaudida) ha sido conseguida por una inmensa mayoría, que les ha hecho, que os ha hecho, ganar un doble suelo: en el que se asientan y el que dejaron atrás, éste en que os asentáis y el que dejasteis junto a la infancia, que siempre está presente en la memoria.

Una infancia, una juventud en la dura, extrema y tan querida tierra extremeña que se lleva siempre en el corazón y que duele en la nostalgia. Pero -como decía Natalie Wood en la película “Esplendor en la hierba”, del director Elia Kazan-, no hay que afligirse/ porque la belleza/ siempre subsiste en el recuerdo. La belleza de una tierra que no se perdió. Y la que ha sido conquistada por el emigrante, para ellos, para vosotros mismos y para hijos,
para familiares que hasta ella se desplazaron, os desplazasteis, asentado el hogar, aquí, en esta tierra de promisión que ha de enorgullecerse por vuestra contribución a su prosperidad, como Extremadura también debe estar orgullosa por vuestro decidido espaldarazo a su prestigio y desarrollo.

Por vuestra generosidad, me atrevo a pediros una cosa más: no olvidéis nunca a la tierra que os vio nacer, o que vio nacer a los vuestros, tan queridos. Y, como decía una familia emigrante en Bélgica, la familia Velarde del Amo, en carta publicada en el suplemento “Centro Extremeño”, del Periódico Extremadura, el 13 de mayo de 1974, otro ruego a Extremadura, a sus dirigentes, a sus grupos de decisión, influencia y presión: que se preocupe por los que quedan, para que ningún hijo tenga que salir más. En definitiva: que estamos sobradamente en la hora de conquistar la tierra que tanta gente dio en sucesivas y externas conquistas. Para que el conquistador quede en la tierra de nacimiento, definitivamente conquistada.

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