Para Pierre Bourdieu,el tema trabajado en su seminario en Paris. El escribió un libro, citado en este capítulo del que yo escribí.
1.Introducción.
Hablar de masculinidad como concepto separado de feminidad, o como tema en sí, acaba por ser un problema difícil de examinar. En los años 80 del Siglo XX, asistía a una conferencia sobre lo que hoy se denomina género, cuando el Antropólogo Stanley Brandes intervino y se refirió a la masculinidad como un concepto diferente a femenino y a homosexualidad. Autor que ha tenido la persistencia de investigar en Andalucía, España, las metáforas de la masculinidad[1]. Y cita una de las varias metáforas que estudia y dice: “pueden más dos tetas que cien carretas”[2] . Metáfora que cita al hablar de la dicotomía moral entre los sexos. Y agrega: “la mujer es de cabello largo y sentimiento corto [3]. El análisis de Brandes viene al encuentro de una idea básica de la cultura Occidental denominada dicotomía moral entre los sexos: la mujer es obra del demonio, idea que desciende de la antigua Edad Media que destinaba a las mujeres a ser procreadoras de otros seres humanos. Lo que Brandes no advierte en su análisis, es la necesidad de mantener una estirpe clara en la descendencia para que, quien continúe con la transmisión del saber y la confección de descendencia, no entrometa dentro de la familia, seres de otra sangre. Es lo que he aprendido en mi trabajo de campo y en la lectura del Código Civil, cuyo texto original del Siglo XIX para toda la Europa latina y sus antiguas Colonias, se podía leer que la paternidad debía ser probada en caso de disputa; de donde nació la máxima de la costumbre del comportamiento humano: “los hijos de mis hijas, hijos míos son: los de mis hijos, lo son o no lo son”. O, el proverbio legal nacido de estas ideas: mater semper certa, pater semper incertum.
Pero, parece que esta entrada con Brandes nos lleva a olvidar el objetivo más importante de nuestro debate, que es como se construye el concepto de masculinidad y si es diferente o no al de feminidad. No es en vano que mi lamentado amigo Pierre Bourdieu tenga hablado, en uno de sus últimos libros, de otra idea: la de la dominación masculina y no de masculinidad a secas[4]. Y lo explica invocando sin citar, a Émile Durkheim y a Marcel Mauss: el ser humano tiene categorías de pensamiento o formas de clasificación[5]. Dicen los autores: “Primitive classifications are therefore not singular or exceptional, having no analogy with hose employed by more civilized peoples; on the contrary, they seem to be connected, with no break in continuity, to the first scientific classification” [6]. Bourdieu usa este texto, que sabía de memoria, para explicar dos asuntos que me son importantes: uno, el cambio operado en el papel de hombre y mujer en la vida social, productiva y reproductiva; otro, para recordar que la Historia es esa parte de la vida social que conecta los pensamientos antiguos a los pensamientos denominados modernos. Temática que inspira la obra citada, bien como en su Le Sens practique[7] : “la Etnología se torna en una forma poderosa del socio análisis”.[8] Y es esto lo que me interesa para entrar en el tema que me preocupa en estas páginas y que paso a desarrollar.
