Esto ocurre: nos han salido ya, con cierta fuerza, partidos xenófobos y racistas. También en Extremadura. Y nosotros sabemos largamente lo que es eso: lo padecimos en Suiza, en Alemania, en Francia, cuando hemos sido emigrantes laborales en la década de los años sesenta, en los setenta, del siglo pasado.
Decían que gritábamos mucho. Que nos emborrachábamos. Que los fines de semana nos lo pasábamos de juerga, perturbando su descanso. Que al final eramos malos trabajadores. Que constituíamos un peligro público y nadie estaba seguro con nuestra presencia. Que quitábamos el trabajo a los nativos. Que rebajábamos las cotas salariales obtenidas. Que rompíamos huelgas. Que, incluso, engrosábamos las filas de la prostitución.
Léanse los periódicos de esos años si no me creen. O hablen con nuestros paisanos que sufrieron la situación que se describe. Lo estoy repasando ahora que corrijo pruebas de un libro que me edita la Consejería de Bienestar Social de la Junta de Extremadura, sobre la emigración del siglo XX. Me lo decía el Director General de Migraciones: hay que cortar con los partidos xenófobos y racistas; ofrecer el ejemplo de lo que nosotros padecimos, con tanta injusticia.
Esta es la realidad: siempre ocurre que cuando vienen “los de fuera” se ponen en guardia los que creen que el orden constituido debe ser inamovible. Y que nosotros no necesitamos nada de los demás… aunque vengan a barrer nuestras calles, a atender a los ancianos e impedidos, a recoger costosamente el fruto de la tierra. Siempre es así. Los suizos hicieron un referéndum para decidir si echaban o no a los emigrantes que limpiaban sus wáteres: al final decidieron que siguieran con la tarea. ¿Llegaremos nosotros al dilema?
¿Somos los típicos “nuevos ricos”? ¿Otros nuevos ricos de Europa que ignoran su pasado? Porque también franceses y alemanes emigraron a América en el siglo XIX y principios del XX, para luego poner barreras a los que desde allí intentaron lo que ellos hicieron: buscarse el pan donde lo hubiera, a cambio de trabajo, desarraigo, sacrificio, incomprensión y soledad.
Sí, esto ocurre: salen de nuevo los que todo lo quieren. Los que estarían dispuestos, si hace falta, a expulsar del mundo a los que estorban. ¿Estorban los que ocupan lo que otros se resisten a abordar como tareas laborales? ¿Estorban los que están haciendo que se remoce nuestra pirámide de edades?
¿Y los demás, los que no compartimos la xenofobia y el racismo, qué? ¿Cómo abordamos la situación desgarradora? Unión, desde luego unión al margen de otras discrepancias, para hacer frente a esta afrenta de lesa humanidad es la base que debe guiar nuestros acuerdos, esos acuerdos políticos que ahora, de inmediato, habrá que tomar para hacer gobernables los municipios y las zonas afectados por la presencia de esta naciente cerrazón.
31 may 2007
