Pero ¿quién coño habla LAPAO?…
El patrimonio lingüístico de la humanidad sufre permanentemente una merma equiparable a la que padece la calidad del medio ambiente, y ello sin que exista un estado de opinión favorable a la preservación de su riqueza, como sí ocurre -aunque con escasa eficacia- en el caso medioambiental. Claro está que en el deterioro del medio nos va la vida, mientras que en el deterioro lingüístico nos va algo tan poco valorado como la diversidad de identidades, culturas y sentimientos.
Mueren lenguas y se olvidan sin que casi nadie en el mundo las llore ni les ofrezca el homenaje de un panegírico, una elegía o un planto mortuorio. Muchísimas viven en una precariedad permanente; otras viven claramente amenazadas, prohibidas de facto, perseguidas…
Por eso hay que celebrar -me permito esta ironía trivial- el nacimiento de una nueva lengua: el LAPAO, cuya existencia será consagrada mañana jueves, 9 de mayo, por el parlamento aragonés, que bautizará con este nombre el catalán que se habla históricamente en las comarcas aragonesas de Ribagorça, la Llitera, el Baix Cinca i el Matarranya. El LAPAO es la “Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental”.
Ironías aparte, el gobierno aragonés del PP consuma así otro ataque a la unidad de la lengua catalana, y lo ejerce con el mismo ánimo de genocidio lingüístico que ha caracterizado la “defensa numantina” del valenciano como idioma diferenciado del catalán -no como denominación particular de la lengua común-, y con la misma perversidad que caracteriza las políticas sistemáticas de demolición que está consumando el gobierno del PP en les Illes Balears.
Supongo que, por coherencia política, en las webs del Estado español, donde la información, o una parte de ella, puede leerse traducida al catalán o traducida al valenciano, veremos muy pronto la traducción al LAPAO y a las otras denominaciones que para el catalán invente el presidente balear. (Aunque este último parece que se inclina directamente por el castellano, puesto que ha aplicado su “inteligencia” política a restaurar en les Illes, con carácter oficial, la toponimia castellana en detrimento de los topónimos y grafías del catalán autóctono.
Así es como el PP interpreta el compromiso constitucional de defender y preservar el patrimonio y la riqueza lingüística de los pueblos de España.
En la misma línea, tal vez se les ocurra inventar nuevos nombres para las distintas variedades del castellano que se hablan en la geografía peninsular… Sería una animalada descomunal, una exhibición de ignorancia, incultura y estupidez… No debería extrañarnos, porque la “coherencia” política hace necesario este tipo de decisiones. Sobre todo cuando la política que se practica responde a concepciones del Estado totalitarias, a una tradición colonialista e imperialista y a un sentimiento y un imaginario nacionalista excluyente.
Pero que nadie se alarme, no lo harán. El castellano -a diferencia del catalán y otras modalidades lingüísticas domèsticas- es una cosa demasiado seria para permitir ningún ultraje. Y además, quienes hayan leído la Santa Biblia habrán comprobado que Dios habla siempre en castellano.
