Revellines en la fortificación abaluartada de Olivenza, una realidad inadvertida – por Juan Manuel Vázquez Ferrera

El revellín, con su forma triangular, situado entre dos baluartes y frente a la cortina, complemento indispensable en la fortificación abaluartada, está presente desde el principio en la concepción y trazado de cualquier ciudad fortaleza; formando parte de sus defensas exteriores.

 El caso de Olivenza, como plaza de frontera, como ciudad “além Guadiana”, en su avanzada posición frente a Castilla, es también al igual que en otros aspectos algo particular. Cuando se proyecta su nueva, “muralla a la moderna”, como entonces se conocía a las defensas abaluartadas, incorpora también esta nueva técnica constructiva. Incluye en sus primeras propuestas construir revellines, pero limitándose en esos proyectos casi exclusivamente a situarlos en los accesos a la ciudad. Se complementan las defensas exteriores además, con el diseño de un hornabeque que cubre un punto elevado con el objeto de facilitar la defensa.

Dado que la Olivenza de 1640 se suma desde el principio a la causa de la  independencia, lo más urgente en esos momentos es poner a la plaza en estado de defensa, y hacerlo cuanto antes. Los revellines pasan a un segundo plano ante la inminencia del conflicto armado. Lo importante en esos momentos era disponer de una muralla que pudiese hacer frente a posibles ataques castellanos.

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 Segundo proyecto de Nicolás de Langres para la plaza de Olivenza

Entre unas cosas y otras es muy posible que la villa no pudiese disponer completamente de estas defensas exteriores, al menos en su configuración definitiva, hasta pasada la Guerra de Restauración , la cual tuvo en la toma de Olivenza un escenario destacado. Sería pasado este episodio bélico y durante el transcurso de los años siguientes cuando se fueron perfilando ya sobre el terreno el trazado de estos elementos.

Al no proyectarse y ejecutarse desde el mismo momento en que se levantaron los baluartes, los revellines oliventinos tuvieron que adaptarse al espacio físico disponible entre los baluartes, con lo que algunos de ellos resultaron demasiado pequeños y otros inclusive tuvieron que construirse como simples plazas de armas atrincheradas.

Algunos autores, sin embargo, achacan la pequeñez de estas defensas al hecho de ser una característica propia de la escuela de fortificación de los Países Bajos, de donde procedían sus principales autores. En nuestro caso el jesuita João Paschásio Cosmander y Jean Gillot.

Las especiales características de la cerca oliventina, que debía abarcar conventos extramuros y nuevos arrabales, hacían que su perímetro amurallado fuese enormemente dilatado: nueve baluartes completos e igual número de elementos en las defensas exteriores, entre revellines y plazas de armas, además de un fuerte destacado construido en unas alturas próximas a la plaza.

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Revellín de la Corna, entre los baluartes de Sta Quiteria y la Corna. 1804-5

Todo ese complejo laberinto de baluartes, cortinas,fosos y defensas exteriores hacían muy costosa y cara de mantener la plaza fuerte de Olivenza , además del coste humano y material que suponía la guarnición necesaria para garantizar su defensa.

Es más que probable que esta sea la causa de que estos revellines nunca llegaran a completarse del todo en su configuración final, y que en la mayoría de ellos no se pasara de la altura del cordón en su construcción. A partir de ahí se limitaron a amontonar la tierra de manera más o menos ordenada, conformándose con un parapeto de tierra frente a las cortinas que absorbiese los primeros impactos artilleros.

Bastante tenían ya las siempre exhaustas arcas reales y municipales para mantener la fortificación principal como para dedicar tiempo y dinero del que no disponían para las defensas exteriores.

A pesar de todo, fue innegable el esfuerzo constructivo realizado en ellas. Aun en nuestros días son reconocibles, en todo o en parte, sobre el
Es numerosa la cartografía sobre la plaza de Olivenza. A partir de la Guerra de Restauración aparecen dibujados estos elementos, que básicamente mantienen sus trazados y localizaciones tal y como siempre se han mantenido, con muy pequeñas diferencias y sólo de representación, entre los diferentes planos, el de 1804-5 anónimo, pero probablemente de Fernando de Gabriel, es el que mejor representa la fortificación y sus revellines, llega al extremo en sus detalles de poder reconocer en la actualidad hoy día elementos, formas y defectos que entonces se dibujaron en dicho plano.

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Revellín de la Corna, visto por su gola. Al fondo, el baluarte de Sta. Quiteria.

Hoy día, a pesar del tiempo transcurrido, los diferentes conflictos militares , del expolio de sus materiales y la destrucción generalizada sufrida , ya sea intencionada o no, por parte tanto de particulares como de la propia Administración, aun son reconocibles sobre el terreno gran parte ellos.   En algunos casos como simples amontonamientos de tierras, ondulaciones del terreno que se corresponden con escarpas , fosos y caminos cubiertos. Otros mantienen aun tramos de muros de sus golas o caras. En algún caso concreto, como es el revellín de la Corna, además de su gola completa y parte de una cara, se puede observar incluso parte del foso de su contraescarpa, y un tramo del camino cubierto con su parapeto…, es el único punto en toda la fortificación dónde todavía pueden contemplarse estos elementos. Mucho me temo puedan desaparecer en un futuro cercano víctimas de la ignorancia y el desconocimiento del su valor.
No son demasiados los elementos de este tipo que nos quedan de la en otros tiempos majestuosa fortificación oliventina…y mucho menos los lugares donde puedan apreciarse las diferentes secuencias defensivas de las intrincadas fortificaciones abaluartadas. Por eso lanzamos esta llamada de atención sobre un elemento fundamental en nuestro patrimonio abaluartado como son los revellines y su entorno. Un recordatorio de que subsisten esas partes de la muralla, que sin ser tan espectaculares como un baluarte o una cortina, son aun más interesantes y valiosas porque mantienen la pureza de su traza original sin intervenciones que las desvirtúen.

Además, sin ellos no se entendería una fortificación abaluartada.

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Foso, contraescarpa, camino cubierto y parapeto del camino cubierto

 

 

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