O euro, a Alemanha e Espanha, e, entre parênteses, Poderá Pedro Sanchez salvar o PSOE? por Michael Pettis I

Falareconomia1

Selecção de Júlio Marques Mota

 

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El euro, Alemania y España

Texto original: Michael Pettis – 25 de agosto de 2014
Tradução para espanhol e a nota introdutória: Ernesto Ekaizer

 

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    Michael Pettis es un economista norteamericano. Nacido en Zaragoza, Pettis vivió su infancia en Málaga, y ha trabajado en varios bancos norteamericanos. Entre 1996 y 2001, ocupó en el banco de inversiones Bear Stearns el puesto de director-gerente de los mercados de capital de América Latina. En 1998, cuando Argentina era cortejada como la darling (querida) de los mercados internacionales, Pettis escribió un memorándum dirigido al Departamento de Tesoro de Estados Unidos en el que apuntaba que había un 50% de posibilidades de que Argentina suspendiera pagos (default) en tres años y que ello ocurriría, como máximo, en cinco años. El Gobierno de Buenos Aires declaró el default en diciembre de 2001, tres años después de la previsión de Pettis. Ahora concentra su atención en la evolución de la deuda pública y deuda exterior de España, que se apróxima y supera el 100% del Producto Interior Bruto, respectivamente.

Estos días he solicitado autorización a Pettis para traducir su reciente artículo sobre la crisis el euro del inglés al español, ocasión en la que hemos mantenido un intercambio de opiniones por correo electrónico. Él recordó su experiencia latinoamericana y el memorándum sobre Argentina que escribió al Tesoro norteamericano en 1998.

   “Mucha gente, incluyendo al ministro Domingo Cavallo, estaba furiosa por el hecho de que alguien pudiera decir una estupidez tan obvia, e incluso el responsable de investigación de mi banco estaba en desacuerdo conmigo, que trabajaba entonces en el departamento de trading, aunque de modo más cortés que Cavallo. Ninguno de ellos entendía la dinámica de la deuda. Una vez que los niveles de deuda alcanzan cierto punto, cambia  la manera en que los agentes económicos se comportan y se vuelve muy difícil crecer superando la carga de la deuda. No veo cómo España gestionará la carga de su deuda, que es peor cada año que pasa. O bien el país reestructura su deuda con el perdón de una parte de ella, o la carga fiscal sobre los trabajadores y las clases medias debe incrementarse sustancialmente. Es deshonesto pretender otra cosa”.

    Pettis es actualmente profesor de Finanzas en la Guanghua School of Management de la Universidad de  Pekín y tanto su información como capacidad de análisis le convierten en uno de los principales observadores de la evolución económica de China.

   He aquí su artículo titulado “¿Puede Pedro Sánchez salvar al PSOE?”, de fecha 18 de agosto de 2014. que bien podría subtitularse El euro, Alemania y España.

  Pedro Sánchez Castejón ha sido elegido nuevo secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El nuevo líder, sin una gran parte del equipaje de la vieja generación de líderes, tiene que hacer frente a una opción importante. Si espera liderar a España y a su partido, debe reconocer que la crisis es, en esencia, un conflicto entre los intereses de los banqueros y los trabajadores europeos; y debería rediseñar las políticas del PSOE a favor de los trabajadores y las clases medias. Si no, va a mirar con nostalgia como la extrema derecha de Europa finalmente se adueña del debate, ya sea directa o indirectamente.

  En toda Europa, no menos que en España, las autoridades se han negado a reconocer las contradicciones fundamentales creadas por la creación del euro. No es un accidente. En la década de 1920, se negaron a reconocer las contradicciones fundamentales creadas por el patrón oro.

La flexibilidad en los tipos de cambio es uno de los mecanismos a través de los cuales una economía se ajusta a la volatilidad en el crecimiento y a las variaciones en los precios relativos. Cuando un país cede el control de su moneda, empero, la volatilidad no desaparece. El ajuste que permite el tipo de cambio de la moneda debe ocurrir ahora por otro mecanismo.

Uno de ellos es el ajuste de los salarios. Bajo un patrón oro estricto, los países con monedas sobrevaluadas normalmente se ajustaron mediante la caída de sus salarios en relación a la de sus socios comerciales, y, por supuesto, el impulso más fuerte para provocar la caída de esos salarios fue el desempleo causado por la expansión del sector de bienes de exportación en detrimento de los bienes domésticos. La volatilidad que podría haber sido absorbida por la moneda, en otras palabras, se resolvió principalmente a expensas de los trabajadores.

El economista norteamericano Barry Eichengreen ha argumentado en Golden Fetters (Grilletes de oro. El Patrón Oro y la Gran Depresión 1919-19139) que el patrón oro duró tanto tiempo durante el siglo XIX probablemente debido a la conexión entre el tipo de cambio y el desempleo, que no fue plenamente comprendida y, aún más importante, que los trabajadores no estaban suficientemente organizados y emancipados para protegerse del ajuste que resolvía los desequilibrios de los tipos de cambio. Debido a que estas condiciones han cambiado, sobre todo en las democracias liberales, Eichengreen consideraba improbable en su libro publicado en 1996 que viésemos un retorno al patrón oro.

Pero dentro de la zona del euro, el ajuste, al igual que en el patrón oro, se debe hacer.  Dentro de esta zona de Europa los ajustes de los tipos de cambio no son posibles, y como resultado Europa se ve obligada a realizar el clásico ajuste del patrón oro cuando los precios y los salarios están mal alineados internamente.

Y así llegamos a que un país como Alemania ha devaluado efectivamente el euro durante la década  posterior a su creación con respecto a países como España, que soporta un euro sobrevaluado. En consecuencia, una mala alineación de salarios y precios (en España) se debe resolver en primer lugar a través de ajustes de precios y salarios. Y esto implica, como es lógico, que países como España se hayan visto obligados a sufrir altas tasas de desempleo hasta conseguir ajustar los salarios.

La forma “correcta” para resolver los desajustes internos sería para Alemania una reactivación de la demanda interna y la subida de los salarios nacionales, pero por una variedad de razones, que tienen que ver principalmente con la determinación de Alemania de proteger a sus bancos respecto a decisiones sobre préstamos realizados en la última década, esta alternativa es poco probable si no existe una gran presión de las naciones llamadas periféricas. Con el fin de proteger a los bancos, que quieren una moneda fuerte, y para que todas las deudas sean totalmente reembolsadas o resulten subsidiadas con transferencias del sector de las familias, el mayor coste del ajuste debe recaer claramente sobre los trabajadores y una clase media ansiosa.

Dicho de otra manera, Europa sufre una demanda estructuralmente débil en gran parte debido a la demanda estructuralmente débil en su mayor economía, Alemania. El resultado es que durante muchos años Alemania se ha basado en el exceso de demanda de los países periféricos de Europa para equilibrar la oferta y la demanda. La crisis de 2008 puso fin a esta forma de equilibrio por lo que es imposible para los países periféricos de Europa  volver a un “consumo excesivo”. En lugar de resolver el problema mediante el fomento de la demanda en Alemania, la fórmula que está aplicando Europa es reducir la demanda en el resto de la región (la reducción de los salarios merma el consumo). Si Europa fuera una economía pequeña, un aumento en la cuenta corriente {superávit exterior] podría compensar esta creciente debilidad de la demanda interna, pero Europa es demasiado grande como para depender de la demanda externa. La alternativa elegida para “resolver” la débil demanda interna, pues. ha sido confiar la tarea al desempleo.

 Proteger el valor de la moneda y la deuda exterior es considerado generalmente como comportarse “de manera responsable”, pero tiene un coste. La élite política, tanto de izquierda como de derecha, ha sido reacia a hacer explícita la conexión entre las políticas alemanas, el euro y el desempleo nacional, prefiriendo en lugar de ello culpar a políticas laborales internas equivocadas, a pesar de que estas políticas laborales sean muy anteriores a la crisis del euro. Esta confusión no sólo afecta a España. Mario Draghi, por ejemplo, culpa a “la falta de reforma del mercado laboral y las regulaciones comerciales excesivas” del fracaso actual de Italia para crecer, como si éstos sólo se convirtiesen en problemas después de 2008.

 

El ascenso de los marginales

 No sorprende el hecho de que oscurecer la causa fundamental de la crisis haya dejado la política europea más vulnerable ante los partidos marginales y populistas. Pero mientras que la extrema izquierda hace poco más que dar publicidad a la indignación, la extrema derecha ha montado un ataque hábil y coherente contra la estructura monetaria de Europa y el establishment bancario. Sus ataques no siempre son racionales – culpar a la inmigración extranjera, o a EE.UU, o China, de los problemas de Europa produce un nivel de confusión muy alto – pero se han posicionado con claridad.

He aquí, pues, la razón por la cual la extrema derecha va tan bien en toda Europa, y seguirá haciéndolo, e incluso es probable que con el tiempo, también en España, a expensas de los grandes partidos. Ni el PSOE ni el PP reavivirán la economía de España actuando “con responsabilidad”, dada la intransigencia de las fuerzas subyacentes en la crisis económica. Excepto en el caso muy poco probable de que Alemania invierta enérgicamente las políticas de contención salarial de las últimas dos décadas, España realmente sólo tendrá dos opciones políticas, ambas muy difíciles.

Madrid puede provocar confusión en el consenso de la élite y moverse agresivamente hacia la reestructuración de la deuda externa de España, mientras redefine su participación en el euro, por ejemplo, abandonando la unión monetaria al tiempo que comprometiéndose de manera creíble (con apoyo de Alemania) a reintegrarse en una fecha determinada. En tal caso, España sufrirá un año de caos antes de que las reformas puestas en práctica, irónicamente, por Mariano Rajoy  puedan generar el retorno a un crecimiento rápido.

Alternativamente, España puede seguir sufriendo muchos más años de alto desempleo y, con ello, una carga  creciente de la deuda. La reciente mejora anémica de la economía española, anunciada a bombo y platillo, no ayudará casi nada a resolver cualquiera de estos problemas, sobre todo con Alemania y Francia debilitándose. El desempleo se mantendrá elevado durante muchos años y la combinación de desempleo prolongado, la emigración de muchos de los mejores y más brillantes profesionales, la infraestructura deteriorada del país, y una erosión en el panorama político consolidarán a España como una de las naciones enfermas de Europa durante décadas.

  Para evitar la irrelevancia del PSOE, Pedro Sánchez debería reconocer explícitamente que los fracasos de las políticas acumuladas en las últimas cuatro décadas, incluyendo la rigidez laboral y la corrupción fuera de control, aunque muy reales, no son la causa de la crisis. La alta tasa de desempleo de España, la deuda excesiva y el estancamiento del crecimiento son el resultado indirecto de las políticas puestas en práctica por Alemania dirigidas a reducir la participación de los salarios alemanes en el PIB y reducir la inversión nacional. Estas políticas han creado en España los mismos problemas que afectaron simultáneamente  a Portugal, Francia y al resto de la Europa periférica.

Desde el año 2001, con el consumo y la inversión decreciente en relación con la producción de bienes y servicios de Alemania, la única forma de que Alemania pudiese evitar un aumento del desempleo era conseguir un superávit creciente en su cuenta corriente. Las restricciones impuestas por el euro, que garantizaron las exportaciones masivas de capital alemán al resto de Europa, permitieron a Alemania obtener este superávit, mientras que sus vecinos europeos, sin control de su política monetaria e incapaces de impedir que las importaciones de capital alemán provocaran la subida del precio de los activos y de los productos de consumo, se vieron obligados a sufrir fuertes déficits exteriores.

  v Estos países tenían sólo dos posibles respuestas a los desequilibrios alemanes. En primer lugar, los tipos de interés bajos y las importaciones de capital creciente de Alemania desencadenaron un auge del consumo, no sostenible, y elevaron los costes internos en relación con Alemania; esto es lo que pasó antes de 2008. En segundo lugar, la renovada competitividad obtenida por la industria alemana obligaría a los vecinos europeos de Alemania a absorber el desempleo que debería haber afectado Alemania; esto es lo que hicieron después de 2008, una vez agotado el auge del consumo.

Su compromiso real con Europa hizo difícil a los políticos la tarea de reconocer que la crisis fue causada por muchas de las políticas, incluyendo la creación del euro, que parecían fundamentales para la unificación europea, por lo que se culpó a las distorsiones internas, y sobre todo a los altos salarios, de la crisis. Una vez que el Banco Central Europeo (BCE) expresó su disposición [julio de 2012] a proporcionar liquidez ilimitada, y a pesar de la carga elevada y creciente de la deuda y el fuerte desempleo, Bruselas declaró que la crisis del euro, en gran medida, había quedado atrás.

(continua)

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