O euro, a Alemanha e Espanha, e, entre parênteses, Poderá Pedro Sanchez salvar o PSOE? – por Michael Pettis II

Falareconomia1

Selecção de Júlio Marques Mota

416px-Mapa_de_España_-_Constitución_de_1873.svg

El euro, Alemania y España

Texto original: Michael Pettis – 25 de agosto de 2014
Tradução para espanhol e a nota introdutória: Ernesto Ekaizer

1

(conclusão)

 

 La crisis no es por el precio de los bonos

Pero aunque los inversores puedan ser perdonados por pensar así, la crisis europea no es por el precio de los bonos [los precios de los bonos funcionan de manera inversa a los tipos de interés de modo que cuando el tipo o yield sube, el precio baja, y viceversa].

El colapso de los precios de los bonos en 2008-09 reflejaba los temores muy reales a la insolvencia [default], y el hecho de que el BCE expresara su compromiso a dar liquidez ilimitada no ha resuelto en absoluto el riesgo de insolvencia. Lo que es más, los precedentes históricos sugieren que la determinación del BCE sólo durará hasta que los bancos europeos, y especialmente los bancos alemanes, hayan sido recapitalizados suficientemente (a expensas de los hogares, por supuesto) como para reconocer que muchos países europeos nunca pagarán sus deudas. Una vez que tengan el capital para absorber los incumplimientos soberanos, el apetito de Alemania y de otros países para seguir financiando una deuda impagable se desvanecerá.

Un reciente artículo de los economistas Barry Eichengreen y Ugo Panizza pone de relieve esta clara contradicción. Los autores muestran que países como España pueden pagar su deuda sólo bajo supuestos inverosímiles sobre el tamaño de los superávit fiscales necesarios para hacerlo. Su conclusión: “Para que  las deudas de los países de Europa con problemas sean sostenibles, en ausencia de reestructuración,  ayuda externa o un aumento inesperado de la inflación, los Gobiernos tendrán que conseguir grandes superávit presupuestarios primarios [sin contar el pago de intereses de su deuda], en muchos casos superiores al 5% del PIB, durante períodos de hasta diez años. La historia sugiere que este tipo de comportamiento, aunque no del todo desconocido, es excepcional. Los países que han logrado esos grandes superávit por períodos tan prolongados se han enfrentado a circunstancias excepcionales. A fin de cuentas, este análisis no nos hace optimistas respecto a que los países en crisis de Europa sean capaces de mantener superávit presupuestarios primarios tan grandes y persistentes según lo proyectado oficialmente”.

http://www.voxeu.org/article/can-large-primary-surpluses-solve-europe-s-debt-problem

En otras palabras, en algún momento,  cualquiera de los los países periféricos europeos tendrán que o bien exprimir a sus ciudadanos mucho más de lo que parece posible en una democracia, o estos países tendrán que reestructurar su deuda con el perdón de una parte significativa de ella.

La extrema derecha, y sobre todo el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, ha diseñado un ataque frontal sobre la fuente real de la crisis del euro. Reconocen que las políticas que obligaron a bajar los salarios alemanes han creado el colapso de la demanda, y que el euro fuerza al resto de la región a competir con Alemania reduciendo los salarios nacionales, lo cual, paradójicamente, reduce todavía más la demanda general en Europa. Mediante el abandono de la Unión Europea y la recuperación del control sobre la política monetaria, Francia seguramente podría lograr un descenso del paro, una fuerte mejora en su cuenta corriente, y el crecimiento más rápido del PIB.

El establishment francés insiste en que Le Pen no es una amenaza, porque si alguna vez se vuelve demasiada poderosa, la izquierda y el centro se unirían contra ella para impedir que el Frente Nacional gane cualquier elección. Pero incluso si tuviesen razón, habrían perdido el debate. La única manera de que los partidos de centro puedan evitar una victoria del Frente Nacional solo sería posible mediante la adopción de la mayor parte de sus políticas. Es lo que apunta un reciente artículo en Le Monde Diplomatique: “Sin embargo, la principal razón [para el fracaso anterior del FN en llegar el poder] puede haber sido la adopción por Sarkozy de políticas de primera necesidad avanzadas por el FN: la promoción de una identidad francesa; preferencia de los nacionales en el trabajo; acceso a la protección social y servicios públicos; hostilidad hacia la inmigración de bajos ingresos; las leyes de delitos especiales para los inmigrantes nacidos en el extranjero. Los votantes simpatizantes del FN vieron a Sarkozy como un instrumento más viable para su política. Como Le Pen Jr. ha explicado, “lo único que debilitó el Frente Nacional fue la estrategia de Sarkozy de presentarse como una especie de doble del FN”. Sarkozy vio que “el pueblo francés se estaba volviendo cada vez más hacia la opción del Frente Nacional. Se las arregló para aprovechar la fuerza de ese río y desviarlo para su propia ventaja. Pero ahora, ríe Marine Le Pen, el río ha vuelto a su propio lecho”.

La élite política de Europa se niega a reconocer lo que es bastante obvio. La unión monetaria, tal como  funciona en la actualidad, fuerza a que los desequilibrios en un país afecten a los vecinos dentro de la unión, y no existe un mecanismo para la resolución de los desequilibrios en el lugar de origen. Países como Francia y España no tienen manera de hacer frente a las políticas en Alemania que forzaron al aumento de la tasa de ahorro nacional del país (reduciendo los salarios), al tiempo que disminuyeron la inversión nacional, excepto mediante la reducción de sus propios ahorros nacionales, ya sea bajo la forma de un boom de consumo insostenible [años 2000-2008] o un aumento en el desempleo [2008 en adelante].

Banqueros responsables vs. trabajadores hambrientos

En esta división entre la “responsable” élite política y la derecha anti-euro “irresponsable”, Europa está reproduciendo una de las batallas clásicas de la historia entre banqueros y trabajadores. A lo largo de los siglos XIX y XX (y de hecho mucho antes), la deuda y las crisis monetarias han enfrentado a unos contra otros. A veces, los banqueros ganan, como lo hicieron durante la década perdida de América Latina de la década de 1980, y los EE.UU a finales de 1970, y, otras veces, aunque nunca sin lucha, ganan los trabajadores, como lo hicieron en la década de 1930, tanto en los EE.UU bajo Roosevelt, o en Alemania (aparentemente) bajo Hitler [programa de obras públicas y fabricación de armamentos].

Tanto si los banqueros tienen razón sobre los beneficios a largo plazo de mantener el curso o son los trabajadores quienes la tienen (y la historia deja claro que ninguna de las partes siempre tiene la razón), los responsable políticos de Europa, por  defender la moneda y la santidad de la deuda, respaldan a los banqueros. Con el fin de proteger la estructura monetaria actual han permitido que el desempleo de los trabajadores se eleve y la incertidumbre y el miedo se propague a través de la clase media.

Pero aunque en el largo plazo puedan estar en lo cierto para adoptar esa posición, los precedentes históricos sugieren que los votos de los descontentos irán a cualquier partido, hacia la izquierda o la derecha, que defienda más vigorosamente la causa de los trabajadores contra los banqueros. Si los partidos de centro no lo hacen, como hizo Roosevelt en la década de 1930, los extremistas lo harán. Mientras los políticos centristas europeos se nieguen a abordar la causa fundamental de la crisis europea, y la extrema izquierda gaste su energía sobre el teatro y la rabia, la cuota de la extrema derecha de votos irá aumentando.

Pedro Sánchez, el nuevo líder del PSOE, tiene una opción. Puede mantener las políticas de “responsabilidad”, en cuyo caso cederá el liderazgo de los trabajadores y la clase media que luchan a la derecha racista y xenófoba, con las terribles consecuencias a largo plazo que ello implicaría para Europa, incluyendo una muy baja probabilidad de que la Unión Europea pueda revivir. O puede ejercer el liderazgo en toda Europa, exigiendo un debate significativo sobre la deuda europea y sobre el euro. Esto exige, entre otras cosas, una discusión sobre la forma de introducir la flexibilidad cambiaria como una altenativa más eficiente para ajustar los costes relativos en Europa, e implica el reconocimiento muy explícito de que gran parte de la deuda europea sólo se puede pagar bajo la forma de una transferencia masiva e inaceptable de riqueza de los trabajadores europeos a los bancos alemanes.

Contrariamente a los alarmistas que ven cualquier paso atrás como una amenaza existencial para Europa, este debate no significaría el fin del sueño de una Europa unificada. Sería simplemente admitir que Europa no cuenta aún con las instituciones necesarias para garantizar la supervivencia de la unión monetaria, y que el capital, el trabajo, la banca y las diferencias fiscales actualmente existentes aseguran que la flexibilidad eliminada por la unión monetaria resurgirá por medios más destructivos. Puede haber una Unión Europea exitosa, y muchos de los cambios que son necesarios para asegurar el éxito probablemente sean relativamente fáciles de aplicar, sobre todo si son parte de un paquete global que incluya la reestructuración significativa de la deuda y el perdón. Pero la estructura actual no lo permite.

Al socavar la fuerza irresistible de los que quieren destruir la Unión, un debate serio que reconozca el coste insoportable para los trabajadores europeos de la estructura actual en realidad podría ser la mejor manera de salvar a Europa. Insistir en que la Europa actual es la única Europa posible no tiene sentido, e incluso muchos de los partidarios más fuertes de Europa pueden entender esto. Pero argumentar que la versión actual de Europa puede evolucionar gradualmente a pesar de los enormes costes que deben ser asumidos por los trabajadores, especialmente en países como España, sobreestima el atractivo popular de Europa y subestima el grado en que las élites políticas han exagerado sus compromisos particulares con su creación.

Los viejos dirigentes del PSOE no lo han elegido para este papel, pero si Pedro Sánchez toma la delantera, en Europa y en España, y abre el debate sobre el euro, si afirma que la estructura actual no funciona y define, con la ayuda que ofrecen los desequilibrios descritos, las vulnerabilidades a abordar en una Unión Europea reformada, el nuevo líder del partido puede detener el declive del PSOE y revertir el repugnante nacionalismo que se propaga por Europa. España y otros países que sufren elevadas tasas de desempleo deben unirse y presionar a Alemania para que resuelva su débil demanda estructural interna, por un lado, y la deuda excesiva que padecen estos países, por el otro.

Sin embargo, si Pedro Sánchez continúa pretendiendo que la crisis se ha resuelto por la disposición del BCE a refinanciar la deuda de España, una disposición que el banco probablemente mantenga mientras los bancos alemanes no estén suficientemente capitalizados como para reconocer lo obvio [que la deuda es impagable], el nuevo líder socialista puede encontrarse a sí mismo en una España y una Europa que gira todavía más hacia la derecha nacionalista. En la batalla entre trabajadores y banqueros serán los trabajadores quienes, en última instancia, decidan quién habrá de fijar la política. 

 

O euro, a Alemanha e Espanha, e, entre parênteses, Poderá Pedro Sanchez salvar o PSOE? I

 

Leave a Reply