Hannah Arendt: * “Salvar la patria judía – por Josep Anton Vidal

Citas de HANNAH ARENDT: Una revisión de la historia judía y otros ensayos:

 

“, mayo 1948: Aun cuando los judíos hubieran de ganar la guerra, […] los judíos ‘victoriosos’ vivirían rodeados por una población árabe totalmente hostil, encerrados en unas fronteras permanentemente amenazadas, absortos en su autodefensa hasta un punto que ahogaría todos los demás intereses y actividades.” * “¿Paz o armisticio en Oriente Próximo?, escrito en 1948 y publicado en 1950: Los judíos están convencidos […] de que la historia, o una moralidad de orden superior, les debe una reparación por las injusticias causadas durante dos mil años y, más concretamente, una compensación por la catástrofe de los judíos europeos, que en su opinión no fue simplemente un crimen de la Alemania naz, sino de todo el mundo civilizado. Los árabes, por otro lado, replican que dos injusticias no hacen una acción justa y que ‘ningún código moral puede justificar la persecución de un pueblo en el intento de reparar la persecución de otro’. […] Ambas reivindicaciones son nacionalistas, porque solo tienen sentido en el marco cerrado del propio pueblo y la propia historia, y legalistas, porque dejan de lado los factores concretos de la situación. La absoluta incompatibilidad de reivindicaciones que hasta ahora ha frustrado cada intento de compromiso […] cuyos intereses comunes son evidentes para todo el mundo menos para ellos mismos no es más que el signo externo de una incompatibilidad más profunda y real. […] El fracaso judío y árabe a la hora de ver a su vecino próximo como un ser humano concreto tiene muchas explicaciones. Entre ellas destaca la estructura económica del país. […] Mientras esté asegurado el apoyo financiero exterior a gran escala, la cooperación judeo-árabe difícilmente puede llegar a ser una necesidad económica para el nuevo Estado israelí. El apoyo financiero del mundo judío, sin el que todo el experimento habría fracasado, significó económicamente que el asentamiento judío pudo afirmarse sin preocuparse por lo que ocurría en el mundo circundante, que no tuviera ningún interés vital en elevar el nivel de vida árabe, y que las cuestiones económicas pudieran abordarse como si el hogar nacional judío estuviera completamente aislado de sus vecinos. * “Eichmann en Jerusalén”, interncambio epistolar entre Gershom Scholem y Hannah Arendt, 1963: Tienes bastante razón: yo no me siento movida por ningún ‘amor’ de esa clase [el “amor al pueblo judío” al que alude Scholem en su carta], y ello por dos razones: yo nunca en mi vida he ‘amado’ a ningún pueblo ni colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera ni a nada semejante. En efecto, solo ‘amo’ a mis amigos y el único género de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas. En segundo lugar, ese ‘amor a los judíos’ me resultaría, puesto que yo misma soy judía, algo más bien sospechoso. Yo no puedo amarme a mí misma ni a cosa alguna de la que sé que es miembro y parte mi persona. […] yo no ‘amo’ a los judíos ni ‘creo’ en ellos; simplemente, formo parte de ellos como algo evidente, que está más allá de toda discusión. * “Las enseñanzas de la historia”, enero 1946 La vitalidad de una nación, sin embargo, se mide en función del recuerdo vivo de su historia. Nosotros los judíos propendemos a tener una perspectiva histórica invertida: cuanto más alejados del presente están los acontecimientos, con tanta mayor viveza, claridad y precisión aparecen. Semejante inversión de la perspectiva histórica significa que en nuestra conciencia política no queremos asumir la responsabilidad por el pasado inmediato y que, al igual que nuestros historiadores, queremos refugiarnos en períodos pasados que nos hacen sentirnos seguros en cuanto a las consecuencias de la política.

 

Citas de HANNAH ARENDT: Una revisión de la historia judía y otros ensayos. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica, 2004, Colección Paidós Básica, 122.

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