Hombres contra Berlusconi – Pilar del Río

 

Com o nosso agradecimento à Fundação José Saramago

 

 

Pilar del Río  Hombres contra Berlusconi

 

 

 

 

(ilustração de Adão Cruz)

 

Un día, hace años, el escritor portugués –y también italiano, por qué no- José Saramago lanzó un reto público: que los hombres salieran a la calle, sólo los hombres, para decir, alto y fuerte, que ellos no eran maltratadores de mujeres, que no aceptaban la vejación como moneda de uso en las relaciones entre ambos géneros. Añadió que si las mujeres son las víctimas el problema lo tienen hombres, puesto que hombres son los que maltratan, de ahí que los respetuosos, los que tratan a las mujeres como ellos mismos quieren ser tratados, deben manifestarse sin descanso para no ser confundidos con quienes todavía no se han dado cuenta ni del tamaño del crimen ni la bazofia en que se convierten cuando ignoran que las mujeres no son cosas, tienen plenitud de derechos, pueden decir yo sin que nadie las mate, se mofe o las relegue. Iguales ante la ley, iguales en derechos y obligaciones, así en la casa, como en el trabajo, como en la codirección de la sociedad.

 

Tuvo éxito Saramago: en varias ciudades –Sevilla y Montevideo a la cabeza- miles de hombres respetuosos y educados salieron a la calle condenando la lacra social del mal trato y denunciando el uso que de la mujer hacían ciertos medios de comunicación y determinada forma de sentirse hombre, sería mejor decir macho, incompatible absolutamente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En esas manifestaciones el nombre de Berlusconi estuvo presente y no por los escándalos y atropellos últimos, sino por la indecencia de su comportamiento civil y la falta de ética que él y su camarilla imponían como norma en los medios de comunicación de que se iban adueñando, ya fueran públicos o privados, si tal distinción es posible, ya que todas las señales de televisión son concesiones públicas. Aquellas manifestaciones, que se repiten año tras año hasta que las conciencias más duras entiendan que las mujeres son compañeras y no mercancía para uso personal del macho, aquel mensaje de Saramago sirve también hoy para Italia, la Gran Italia de Verdi, que ha visto a cientos de miles de mujeres, como una inmensa bandera blanca desplegada, diciendo no a una forma de gobernar que no respeta ni a seres humanos ni los conceptos que nos hicieron avanzar a lo largo de los siglos, alejándonos de la horda para ser comunidad.

 

Por eso, y dentro del espíritu que habitaba en José Saramago y que él agrandaba con su nobleza, me atrevo a sugerir, ahora que las compañeras de Italia, compañeras en el anhelo de un mundo más limpio, más justo y más bello, se han expresado y se expresan cada día, que sean los hombres los que salgan a la calle, sólo los hombres, a decirle a Berlusconi que a sus madres, hijas, esposas, amigas, amantes, a sus otros yoes, a sus semejantes, no se les puede tratar así. Ni en broma. Que el estado no es una orgía, que la esclavitud acabó hace siglos, que las enfermedades físicas o psíquicas tienen cura, que no se puede enlodazar un país porque una persona tenga problemas de autoestima y esa falta de autoestima le obligue a coleccionar cuerpos, como si los cuerpos no estuvieran animados y, tantas veces, corrompidos con todos los sobornos y amenazas. Sí: los hombres que no acepten la distorsión democrática como norma de gobierno, el despilfarro, la arbitrariedad y la falta de respeto para con sus semejantes, esos hombres no tendrán más remedio que organizarse y salir a la calle para decir ya basta, como lo han hecho las mujeres italianas.

 

Ese día, señalado y principal, en que los hombres salgan a la calle diciendo que ellos no son y no quieren ser Berlusconi, las mujeres, desde las aceras, les aplaudiremos y les echaremos flores. Y luego podremos encontrarnos, de igual a igual, para avanzar juntos en el proceso de humanización que Berlusconi y los suyos frenaron en seco con las peores argucias y las más miserables artimañas.

 

Hombres compañeros, amigos, amantes, maridos, hermanos y padres: si no sois iguales que esos que repudiamos, si nos amáis y nos respetáis, si participáis de nuestros sueños de un mundo mejor, decidlo sin miedo. Las mujeres no le tememos al ogro y a sus secuaces, sabemos que todos juntos conseguiremos hacer que vuelvan a las cavernas y entre ellos, sólo entre ellos, den rienda suelta a sus instintos, jueguen a lo que quieran, tomen lo que les apetezca y se rían hasta el fin de los tiempos de sus estúpidas bromas. A los demás, esos juegos no nos hacen gracia, no pertenecemos a esa subespecie, somos Italia, la tierra de Dante, de la poesía amatoria, de la música que consuela, anima nuestros cuerpos y eleva nuestros espíritus. Somos la patria del arte, así que vamos a dejarlo claro, para que se enteren hasta los embotados por el embrutecimiento. Os queremos, hombres, semejantes nuestros. Os llevaremos flores cuando salgáis a la calle para decir que no os comparen con ésos que hoy mandan y desgobiernan, que vosotros sois seres de presente y futuro, nuestros compañeros del alma, queridos compañeros.

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