Memorias de un extranjero extravagante – 54– por Raúl Iturra

(Continuação)

 

Lo que más me atraía era nuestra escuela campesina. No sospechaba que el trabajo era hecho por varios de nosotros bajo la jefatura de mi amigo Francisco Vio que buscaba una carrera política para él. El CEAC era la plataforma para sus ambiciones de caudillo. No es un mal pensamiento, es lo que se me ocurre ahora, pasados los años. Dejó la escuela campesina, gestionó en el nuevo Chile con amigos socialistas para ser nombrado Director de la Corporación de la Reforma Agraria de las cuatro provincias del Maule. Expropió y expropió tanto cuanto posible y donde no había motivos, los inventaba, incluyendo la expulsión del propietario de la tierra con las famosas y de triste recuerdo, Fuerzas Armadas de Chile.. Era su plataforma para su pretensión de ser Diputado, Secretario de Estado y Ministro. No ganó la elección porque todos podían ver en él la ambición que refiero. Era yo un ciego para esa pretensión. Además, estaba ocupado con mi investigación, los libros que escribí y las clases que daba a las señoras de mañana y a sus maridos de noche. Venían como si fuera una imposición patronal, tan habituados estaban al resuello del caballo del caporal. Era ese mi motivo para estar contra la reforma agraria: había que enseñar primero y actuar después. Escribí varios ensayos contra la medida en textos, libros y periódicos. Lo he dicho en otros libros de mi autoría, especialmente en Chile Hoy, dirigido por Marta Harnecker, discípula de Althuser, el peor marxista que conocí en Paris: La Reforma Agraria es una medida precipitada que debe esperar. Recibí todos los nombres de traidor a la causa, pero el Ministro de Agricultura, Alarcón, me envió una carta de agradecimiento por mi valentía, que contaba conmigo para parar esta medida política, no bien pensada aún por la UP. Era una medida de propaganda que fue uno de los motivos de la caída de Allende y su suicidio. Como digo en un texto: la reforma agraria es una medida precipitada. Recuerdo el día en que, andando por los caminos de Huilquilemu, villa rural cerca de la universidad, donde iba a vivir siempre que quería saber cómo vivían el socialismo y la reforma de la agricultura, entender cómo se sentían los trabajadores ahora que eran dueños de la tierra en que trabajaban. Para mi sorpresa, me encuentro en el camino a Ventura Galván y un grupo de trabajadores campesinos que daban apoyo a su pretensión: devolver las tierras y herramientas de trabajo a la Corporación de la Reforma Agraria, CORA, porque no sabían cómo trabajarlas o que parte de la tierra era de cuál familia, era para ellos un desespero ser propietarios, habituados como estaban a trabajar la hectárea de hortalizas, pago del propietario a los que trabajaban sus tierras. No puedo negar que quedé muy sorprendido. Pensaba que los trabajadores de la tierra estaban felices de tener todas las hectáreas para ellos. Pero cómo lo iban a estar, si lo que sabían de agricultura, era lo que hacían en le tierra de las hortalizas, en donde no había árboles de frutos para exportar o no sabían cómo podar esos árboles, menos aún cultivar las viñas o inundar grandes trozos de tierra para el cultivo del arroz, la planta más delicada y abundante en los valles de Chile, con gran éxito en las compras por países extranjeros. Era un desespero y era comprensible que el pasar de inquilino a propietario, con conciencia de la necesidad de saber producir. Faltaban los que habían sido expulsados, capataces, ingenieros que trabajaban temporalmente en varios fundos para dirigir el trabajo de los obreros, sin nunca transmitir la técnica que habían aprendido en la universidad: no era en vano esos cinco o seis años de licenciatura para que la tierra floreciera y diera fruto, el orgullo del licenciado. El grupo de Huilquilemu, con esa conciencia de querer ser buenos productores, se desesperaba porque no sabían cómo era producir. La división del trabajo que Durkheim nos enseñara en 1893, no estaba de parte de ellos, los había colocado en el grupo social más bajo de la producción. Nuestra intención de enseñarles a leer y escribir, tenía ese objetivo, un primer paso casi imposible. Llevaban tractores, máquinas de cosecha y títulos de propiedad para devolver las tierras a la Corporación de Reforma Agraria. Me planté en el medio del camino y dije a Ventura, el marido de Margarita Huenchu, mi estudiante, que entendía que no supieran trabajar la tierra, nunca habían estudiado, pero sería necesario soportar por ser una medida políticamente incorrecta. Discutimos varias horas, volvieron a Huilquilemu y el golpe contra Allende vino a seguir. Mi poder venía del conocimiento que ellos sabían que tenía sobre esta medida. Fue todo un fracaso, como en muchos otros precipitados países, la Reforma Agraria fue siempre un fiasco. Los Agrónomos descasaban calmamente en sus gabinetes, dejando para después ir al campo a enseñar. Me movilicé como un loco y conseguí que fueran a trabajar y a enseñar no alfabetización, pero agricultura y como se explota la tierra parta cosechar, vender, y exportar, así entrar divisas al país, como debían ser tratadas las plantas, el uso de ellas, abonar la tierra con productos adecuados y no con abono casero, preparado en un hoyo del suelo de la casa, con productos que empodrecían y servían para preparar un humus que daba fuerza a la tierra para que las viñas, los árboles frutales, el arroz, las betarragas y otras plantas fueran de buena calidad, que transformadas en productos de consumo, se podían exportar, ser vendidas y entrar divisas al país . Era lo que más precisábamos. Como defensa, los trabajadores rurales preparaban ese humus, una forma tradicional de fertilizante, creado centenas de años antes de la época de los productos químicos. El triunfo en las urnas de la Unidad Popular suscitó, entre otros, dos efectos. El primero, un cerco al país organizado por las naciones más ricas y poderosas del mundo que prohibían vender bienes que Chile no producía y necesitaba importar para usar o consumir. Quién lideraba este cerco, era el gobierno republicano de Nixon, con la colaboración de su Secretario de Estado, Henry Kissinger, que fue laureado con el premio Nobel de la Paz. No por su intervención en Chile, pero por haber puesto fin a la guerra de Vietnam. En esos tiempos, los dólares corrían por las calles de la República. Pero esa parte de la Historia fue más tarde que los primeros días de alegría y jolgorio por el triunfo de la Unidad Popular.

 

(Continua)

 

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Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril 1858 – París, 15 de noviembre 1917) En diversas obras como “La división del trabajo social” y “Educación y Sociología” Durkheim sostuvo que la sociedad moderna mantiene la cohesión o la unión debido a la solidaridad. Durkheim consideró que hay dos tipos: la solidaridad orgánica y la solidaridad mecánica. La primera es aquélla que se da en las sociedades industriales como consecuencia de la división del trabajo en las empresas, lo cual hace que las personas sean cada vez más diferentes entre sí y el sentido de pertenencia a un grupo que predomina en las comunidades pequeñas o en la familia puede diluirse. La segunda es aquélla que se presenta en comunidades rurales, la familia y grupos de mejores amigos, donde las relaciones y la comunicación son “cara a cara”. Capa superficial del suelo, constituida por la descomposición de materiales animales y vegetales Regozijo, Fiesta, diversión bulliciosa.

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