Preparación de futuras Machi.
Las Machi son preparadas desde que son muy jóvenes.
El kultrún (cultrún en castellano) y las joyas y el trarilonco que usan, las identifican, así como la trapelacucha como joya colgada en el pecho. Como la niña que vimos en otros ensayos sobre libro que analizo. Estos adornos muestran que son preparadas desde jóvenes para estudiar, aprender a usar las plantas que curan y las que nunca deben ser usadas, por ser un veneno. Desde muy niñas saben de botánica, aun cuando desconozcan la palabra y la ciencia.
Además, Machi es el nombre que recibe la persona – independientemente de ser femenino o masculino, siendo predominantemente femenino el grupo en el caso que estudio – son responsables por ofrecer consejos y protección a la comunidad mapuche, ejerciendo también actividades como líder religioso del pueblo, ideas que aprenden con la ciencia de las plantas o botánica y que usan como parte del arte de curar.
Una das sus principales funciones es concluir con éxito el machitún, es decir, los rituales de curación para los miembros de su grupo Mapuche. Además, si una autoridad superior no estuviera en condiciones de realizar los contactos necesarios con o mundo espiritual, puede también ser responsable para esta celebración.
Cuida de los habitantes del lugar, los aconseja lo que se debe hacer para evitar los ataques malignos, causados por su antítesis, el eaocálculo. Ellas también deben combatir las acciones negativas causadas por las brujas de Chiloé, seguidores del diablo. Además de todo esto, el Pueblo cree que ellos pueden controlar el clima y prever los eventos futuros.
La historia de los Pewenches y de los Mapuche, es impresionante, una linda historia que por primera vez nos es ofrecida llena de leyendas, mitos y rituales. Es como si el mapuche pewenche viviera entre leyendas de su propia historia, que pasa a ser su propia realidad, y de las leyendas tejen su historia, como la que transfiero al libro y a este ensayo.
La leyenda pehuenche sobre la araucaria o pehuén
Antes de ser ricos con las empresas españolas Endesa, instaladas las empresas en tierras compradas a los Pewenche en Ralco, su vida de ser casi nómada, llevaba a sus hombres a apacentar las majadas en los prados de las altas cumbres durante el verano. El pueblo pehuenche siempre regresa a armar sus rukhas al abrigo de los huahu para pasar los rigores de los crueles inviernos andinos.
Hay un mito Pewenche que refiere ese año, tan lejos en el tiempo, en que los árboles caminaban y los animales aún hablaban con los hombres, las mujeres y la gente menuda de la tribu de Okorí, el aguilucho, época en que los Pewenches se encontraban dedicados a preparar la bienvenida a los cazadores que bajaban de las montañas después de haber pasado allí muchas lunas, dedicados a la caza del huemul y del luán (guanaco), mientras las mujeres permanecían al cuidado de los hijos y las pertenencias. Como todas, la mujer de Likán espera a su hombre; su hijo mayor Okoirí, que ya es casi un kona, ha juntado con sus hermanos menores su último cesto de piñones y ahora espera ansioso el regreso de su padre, pues la próxima vez saldrá con él a bolear ñandúes y chulengos, como los bravos de verdad. Sus hermanas, junto con Aluhué, su madre, han hervido los piñones para ablandarlos y quitarles la piel, y preparado el muday (bebida de los pehuenches) con que los cazadores se refrescarán de sus largas jornadas en la montaña. Pero Likán se retrasa; todos los otros konas (guerreros) ya se encuentran entre sus familias, pero su padre no llega. Sus compañeros de cacería lo vieron por última vez en los pewuenales del Kuyum, persiguiendo un choike (ñandú), pero luego lo han perdido de vista. La madre presiente la tragedia; espera aún algunos días, recorriendo las laderas con la vista durante el día y aguzando el oído durante la noche, pero finalmente, con la primera nevada, llama a su hijo mayor y le pregunta:
-Okorí, ¿recuerdas cuántos años has cumplido?
-Sí, doce.
-Por lo tanto, ya eres todo un kona y deberás hacerte cargo de una tarea difícil. Tu padre ha salido de caza y prometió volver hace ya más de tres lunas, pero las grandes nevadas están próximas y aún no ha regresado. Es valiente y fuerte, pero puede haber sido atacado por algún enemigo o haber caído bajo las garras del nahuel. Pero ahora eres el hombre de la familia y tu deber es salir a buscarlo, para ayudarlo en caso necesario. Saldrás mañana al amanecer y te dirigirás a los bosques del Kuyum. Aquí tienes provisiones para varias lunas; cúbrete con tu makuñ y lleva tu arco y tus flechas, por si fuera necesario.
