No hay días libres en nuestros calendarios ni en nuestras agendas. Todos son días para conmemorar una fiesta diferente, un hecho o una alegría: el día de la mujer, el día del papá, el del niño, el de los abuelos, el del matrimonio o casamiento. En fin, aún faltan más parentescos para celebrar, como el del nieto o, porque vivimos hasta muy avanzada edad, el del bisnieto, bisabuelos, el día del viejo. Y otras ideas que no me vienen a la cabeza por encontrar que son relaciones naturales que se deben guardar dentro de la familia o del grupo de personas de nuestra intimidad. Faltaría, tal vez, el de la confianza mutua…
Antiguamente, era el día de los santos: todos estaban a la espera del día del nombre que se tiene, para hacer una fiesta y gastar el poco dinero del que se vive, especialmente en época de crisis económica como ésta por la cual hoy atravesamos. Una crisis que vivimos en la mayor parte de los países, excepto en los lugares en donde no hay mercado o el mercado se hace por medio del intercambio de objetos, por solidaridad, necesidad de cambiar bienes, como la etnia Massim del archipiélago de la Kiriwina en Melanesia. Antes que la mercancía cambie de manos, las personas establecen una relación de amistad que, en su lengua, se denomina Kula. Quién solicita una relación de amistad, primero ofrece un regalo, también llamado presente; si es correspondido con otro, la relación de amistad se establece y el negocio queda establecido.
Quien se compromete en una relación comercial y es amigo de esa persona y su familia, está obligado a cumplir sus compromisos. Si no cumple, el castigo es severo: primero, se pierde un amigo, después, el bien que necesitamos para la subsistencia y que, quien lo solicita, no lo fabrica, es decir, lo necesita. Perder un amigo y un bien, es el castigo más grande que se puede infringir en una persona. La amistad deriva de la confianza mutua que en nuestra ciencia de etnopsicologia de la infancia denominamos reciprocidad. Ni entre los Massim ni entre los occidentales, una persona se arriesga a perder una persona de nuestra intimidad, por lo que no es necesario, como hacen los Massim, cultivar la relación no con regalos, pero si compartiendo nuestras tristezas y los atropellos que sufrimos, nuestra alegría y fiestas, con cariño y amor, nunca preguntando cual es su pecado, la amistad define la confianza de esa confesión.
Como mi editor de blog Carlos Loures, que siempre tiene una solución para los problemas que nos afectan. ¡Como se fuera un adivino! Pero no lo es: es persona amiga como Jacqueline Rodríguez, castellanizando su nombre portugués, como María Ernestina Mascaró, quien me ha enviado un lindo poema desde el sur del mundo, como Maria Paula Almeida, quien en mi confía y acepta los retos a los que la someto, o el Ingeniero Carlos Seixas, quién me ha pagado deudas atrasadas, sin dinero como él está, o mi hermana preferida, ella sabe quién es. O mi amigo del alma, el antropólogo francés Maurice Godelier, siempre enseñándome nuevas ideas. La amistad nos envuelve como lazo de sangre. No es necesario un día especial, es todos los días del año…como mi eterno llamado a las 8 de la mañana para mi hada madrina, ella sabe quien es, la canción de Ana la define.
