COMPORTAMIENTO SOCIALISTA Y COMUNISTA EN LA REFORMA AGRARIA DE ESPAÑA Y PORTUGAL. SU REFLEJO EN EXTREMADURA Y ALENTEJO.
El “hambre de tierras” y la necesidad de la Reforma Agraria son constantes históricas, que en la Península Ibérica se vieron acentuadas por el sistema de encomiendas de la reconquista en la Edad Media y las desamortizaciones del siglo XIX, que concentraron la propiedad cada vez en menos manos, poco dispuestas a una producción racional y social.
Durante la II República, en España (y concretamente en Extremadura, destacando especialmente la provincia de Badajoz), la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (de la socialista UGT, bajo el potente liderazgo de Francisco Largo Caballero) y la CNT protagonizarán las movilizaciones en el campo, inclinándose por la explotación colectiva de la tierra. El Partido Comunista -de escasa influencia- defiende la entrega a pequeños campesinos, como forma de implicarlos en el Régimen, sobre todo iniciada la Guerra Civil.
En Portugal, y mayoritariamente en Alentejo -que es donde se realizaría más del 90% de la Reforma Agraria tras la Revolução dos Cravos-, el Partido Comunista impulsa las acciones. Apenas se contará con otras fuerzas, de escasa presencia en Alentejo, incluido el Partido Socialista, fundado un año antes. El PCP -liderado incuestionablemente por Álvaro Cunhal- defiende la colectivización como fórmula preferente.
Ostenta en Extremadura el protagonismo durante todo el proceso la socialista FNTT, acentuando su idea colectivista en la Guerra Civil, reforzada por el PSOE. En Alentejo lo hará el comunista PCP; tras el periodo revolucionario -que acaba en noviembre de 1975-, se procede a una Contrarreforma, pese a la oposición combativa comunista: devolución de tierras y destrucción de Unidades Colectivas de Producción, que ocupa más de una década de luchas activas.
