EXTREMEÑOS POR JORDANIA – 6 – por Moisés Cayetano Rosado

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Desierto de Wadi Rum.

Más al sur, acercándonos ya al Mar Rojo, se nos ofrecen las 74.000 hectáreas de Wadi Rum, impresionante desierto de arena y montañas de piedra arenisca, que junto a Petra sería escenario fundamental de las correrías de Lawrence de Arabia.

Patrimonio de la Humanidad desde 2011, sus petroglifos, inscripciones y restos arqueológicos atestiguan 12.000 años de ocupación humana. 25.000 tallas en roca con 20.000 inscripciones nos revelan la evolución del ser humano y el primer desarrollo del alfabeto. La presencia de campamentos de beduinos, con sus camellos, cabras, ovejas, escasos enseres que ofrecen al turista, para mantener su vida libre y nómada, ponen un punto de vida en medio de la bellísima desolación de arena roja y rocas inmensas, más rojas todavía.

Solo los beduinos, en sus viejos coches 4×4, pueden conducirnos por estos arenales y gigantescos pedruscos sin temor a perdernos, al tiempo que nos ofrecen el reconfortante descanso de sus tiendas, su té verde con hierbabuena, los pinchos de cabrito, oveja y pollo, las verduras traídas a saber dios de dónde. Una aventura “controlada” para los que desde nuestra tierra de contrastes a lo más que llegamos en “desolación” es a la inmensa llanura cacereño-trujillana o los extensos pastizales de La Serena.

Y aquí deshacemos otra vez el tópico: no se molestan los beduinos por nuestros pantalones cortos o cortísimos, las camisetas de tirantas e incluso los increíbles tacones de alguna turista estrafalaria. Están muy ocupados con sus animales y escasas posesiones, y practican la hospitalidad ancestral de los pueblos envueltos en la inmensa soledad.

(Continuará)

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