CARTA DE BARCELONA – Aristóteles en Suiza o ¿qué es la metafísica?

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AristoteLes propongo un ejercicio: escuchen durante un rato las explicaciones de un entrenador de fútbol sobre la manera de jugar que propone a su equipo o la disertación de uno de los prestigiosos chefs de cocina que aparecen en los medios; escuchen a tantos gurús de las mil y una propuestas de medicinas alternativas, dietas milagrosas, técnicas de relajación, de respiración y de ejercicio físico o de otras diversas actividades, o dejen que alguien les hable de su vida llanamente. Bien, y, hecho esto, ¿en qué consiste el ejercicio?

No se impacienten y tómense esta introducción con “filosofía”, porque de esto mismo se trata la propuesta: mientras escuchan, vayan contando las veces que aparece la palabra “filosofía”. La filosofía de tal o cual entrenador, una filosofía del fogón y la cazuela, una filosofía de la puesta en escena o una filosofía de la empresa.1

A modo de ejemplo: un comentario deportivo que leo en el colombiano “Diario del Otún” plantea la pregunta “¿Hay filosofía en el fútbol?”2. Su autor propone, como primer abordaje, “definir” qué es la filosofía: “La ciencia que además de ayudarnos a construir respuestas a los interrogantes que ha tenido la humanidad, nos brinda herramientas para reflexionar sobre el hombre y su esencia, para interpretar la realidad y transformarla”, nos dice. Pero lo curioso viene cuando, fiel a su propuesta, procede a definir qué es el fútbol: “El origen del fútbol se remonta al año 200 a.n.e. […] en China […] en Grecia y Roma […] los egipcios […] en Inglaterra en el siglo XII […] en 1863 se creó en Inglaterra […] y luego los colonos ingleses se encargaron de llevar […] hasta convertirse en el deporte más popular del mundo.” Es decir, nos ofrece una trayectoria histórica desdibujada al final de la cual incluye una definición formada por un sustantivo de clase (deporte) sin otra concreción, y una apreciación subjetiva sin base estadística.

A pesar de que las pretendidas definiciones de los conceptos no permiten completar el propósito enunciado (“aclarar qué es la filosofía y qué es el fútbol para luego establecer si existe relación entre ambos”), el autor establece su conclusión: “A simple vista parece no existir vínculo alguno entre la filosofía y el fútbol; sin embargo, en el fútbol hay filósofos y filosofía, porque hay táctica, estrategia, teoría, reflexión, saber y conocimiento.” La inconsistencia de la argumentación no le impide proponer una categorización filosófica del fútbol para ilustrar al lector sobre el “futbol pitagórico”, el “idealismo futbolístico”, el “pragmatismo”, el “fútbol maquiavélico”, el “fútbol sartreano” [sic] (“encarnado en aquellos equipos con crisis de identidad, […] que no encuentran sentido a su existencia”), el “fútbol estético”, el “futbol dialéctico”…3

No es insólita la dificultad de un especialista para definir su propio campo de estudio de manera satisfactoria para quienes comparten con él la especialidad. Para un comentarista de fútbol resulta más fácil definir la filosofía, porque puede recurrir a fórmulas de manual, que definir el fútbol, porque en este caso, siendo su implicación personal mucho mayor, la definición tendrá que integrar sus intereses específicos, desequilibrando su definición o sustituyendo en ella lo particular por lo genérico. Llevando la metonimia al extremo, podríamos encontrar tantas definiciones de biología como biólogos, tantas definiciones de filosofía como filósofos.

De esta misma dificultad nos habla el prólogo de una obra, tan amena como interesante, que he tenido oportunidad de leer reposadamente, “Aristote chez les helvètes. Douze essais de métaphysique helvétique”. En el texto de introducción, los directores de la obra, Olivier Massin y Anne Meylan, profesores de filosofía de las universidades suizas de Ginebra y Fribourg, respectivamente, se enfrentan a la dificultad de responder a la pregunta ¿Qué es la metafísica?. “No existe hoy  -nos dicen-, hasta donde nosotros alcanzamos, una definición de metafísica que pueda satisfacer a todos los especialistas de la materia.” Por eso proponen al lector descubrir la metafísica “viéndola en acción” mediante el planteamiento de doce problemas metafísicos particulares y la proposición de las respuestas correspondientes, cada una de las cuales es en sí misma un ejercicio de análisis que guía lúcidamente al lector curioso por los intricados caminos de la adquisición y la comunicación del conocimiento…

Pero, ¿el conocimiento de qué?

El conocimiento en sí mismo, la operación, nada simple pero elemental, de ver, explorar y analizar, conocer, interiorizar y reconocer o nombrar. Consiste, en definitiva –y hablo como neófito absoluto, desde la simplicidad de mi lectura personal–, en seguir aquel proceso que desde la percepción lleva a la individualización de un objeto y de aquí a la integración de sus cualidades esenciales en un nombre.

Si el lector tiene la sospecha de que los problemas metafísicos pueden sobrepasar su curiosidad natural y se asusta ante la posibilidad de adentrarse en el mundo intangible de lo abstracto, debe tranquilizarse, porque los problemas que se plantean en este volumen suponen retos aparentemente tan al alcance de todos los lectores como un sudoku o un juego de ingenio, y, para mayor amenidad, el volumen incorpora los recursos gráficos del cómic4 y un juego de complicidades con el lector que no está exento de una inteligente y finísima ironía en la medida en que le devuelve, como en un espejo, una cierta imagen de sí mismo entre sus iguales. Así, el lector que se aventuraría tal vez a dar una respuesta de manual sobre qué es la filosofía, no podrá evitar el desconcierto ante el primer problema que se le propone: “¿Qué es una vaca?

La respuesta más elemental a esta pregunta no sé si obvia pero sí desconcertante, es la designación: “Esto”, señalando con el dedo (y en presencia de una vaca, naturalmente). Pero, ¿hasta dónde llega la supuesta seguridad designativa? ¿Qué incluye? ¿Sólo vacas blancas y negras, o también las rubias? ¿Sirve por igual para una vaca suiza que una vaca portuguesa o gallega o catalana? ¿Y para un yak tibetano? ¿Sirve igual para un individuo que para la especie?… Y, entrados ya en el laberinto del conocimiento y de las limitaciones y posibilidades de los conceptos y las categorías, de lo esencial y lo accidental, lo que el lector irá descubriendo tras la pregunta y hasta llegar a una respuesta conclusiva será cómo moverse eficazmente en el espacio inexplorado y compartimentado del laberinto, donde tantos caminos acaban en nada y de donde es difícil salir si no se da con el hilo de Ariadna.

image_3¿Qué es una montaña? ¿Qué es un agujero en el queso Emmental? ¿Qué es una fondue? ¿Qué es el dinero? ¿Qué es un reloj ¿Qué es el placer de comer chocolate? ¿Qué es un banco? ¿Quién es Roger Federer? ¿Qué es una frontera5? ¿Qué es una confederación? ¿Qué es Anton Marty (un accidente o una sustancia)? Esta es la nómina completa de los problemas que plantean y abordan los autores del volumen6, todos ellos profesores de distintas disciplinas filosóficas en las universidades de Ginebra, Neuchâtel, Lille, Angers, Fribourg, Berna y Columbia (NY) y con un sólido prestigio internacional

Probablemente, tras aceptar el reto y la aventura, doce veces repetida –como los doce trabajos de Hércules– el lector no podrá dar a la pregunta ¿Qué es la metafísica? una respuesta capaz de satisfacer a los siete sabios de Grecia, pero estoy seguro de que la aventura habrá dejado en él un sustrato mucho más firme y solvente –es decir, con capacidad de resolver– que el poso filosófico que suponemos a la imaginativa crónica del comentarista deportivo que hemos comentado anteriormente.

Enfrentarse a la realidad y a la construcción de conocimiento desde el pensamiento crítico, y hacerlo con rigor, autoexigencia, método y afán de coherencia no es poco rédito para un lector. Y estoy seguro de que la lectura de Aristote chez les Helvètes7 puede ser abundante en tales beneficios.

Déjenme decir, además, que, ahora que las políticas educativas están consumando, con un celo digno de mejores causas, el exterminio de los aprendizajes (probablemente mal llamados) humanísticos y condenan con contumacia la filosofía, la literatura y el arte al ostracismo de las aulas, propuestas y materiales como los que nos ofrecen estos “doce ensayos de metafísica” son y serán cada vez más valiosos y necesarios.8

Josep A. Vidal

  1. Cito como ejemplo (sin referenciar la cita, porque a poco que busquen encontrarán cientos de iguales): “Colorido, originalidad y materiales autóctonos se conjugan para dar lugar a los zapatos XXXXX, una de las marcas líderes en el mercado del calzado. La clave de su éxito radica en su filosofía: crear productos de moda a precios razonables […]. La esencia de los zapatos XXXXX”.
  2. El lector me disculpará por no citar el autor ni la fuente, pero he consultado el artículo en Internet y me siento incapaz de establecer cuál de los comentaristas que se atribuye la autoría puede ser realmente el autor.
  3. El poso de conocimientos evidente en la crónica es testimonio de algunas horas dedicadas a la historia de la filosofía, que, por lo visto, no fueron suficientes para dar solvencia a su argumentación, que se reduce a ser un triple salto mortal sobre el vacío. Aunque el autor lo disimula hábilmente avalando su discurso con una cita de Milán Kúndera “sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza, aun en los momentos de más profunda desesperación” en correspondencia con una frase atribuida al “filósofo del fútbol” Jorge Valdano: “Ganar queremos todos, pero sólo los mediocres no aspiran a la belleza”.
  4. El título del volumen, que es un remake de Asterix en Suiza (Astérix chez les Helvetes), se reproduce en la cubierta con la misma tipografía de las célebres aventuras del pequeño galo y sus amigos. Las ilustraciones son obra del humorista gráfico Baba.
  5. Traduzco como “frontera” lo que en el original es “Röstigraben”, un concepto muy específico cuyo referente es “frontera geográfica entre dos regiones del territorio suizo, la región francófona y la región germanófona”.
  6. R. Casati, L. Cesalli, F. Correia, A. De Libera, J. G. Hülsmann, O. Massin, M. Nida-Rümelin, F. Teroni, E. Tieffenbach, A. C. Varzi, M. Weber, A. Konzelmann Ziv.
  7. Éditions d’Ithaque, 2014.
  8. Y, si se pretende evitar que la incoherencia y la trivialidad crítica vayan alargando sus raíces con el beneplácito de las políticas educativas que, como las plagas bíblicas, padecen España y otros estados de su entorno, yo propondría que obras como Aristote chez les Helvètes fueran de lectura obligatoria para quienes pretendan desempeñarse como ministros de educación.

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