
A Liberdade, a cultura, a democracia e a justiça social são as nossas paixões.

No es fácil describir y analizar en este momento la situación catalana, porque, a pesar de estar enquistada políticamente, los hechos se están sucediendo con una notable aceleración en los últimos días y los escenarios que se producen cambian notablemente de un momento a otro, sin que ello suponga ningún cambio en las posiciones enfrentadas. El gobierno catalán, en aplicación del compromiso contraído con sus votantes, avanza paso a paso en la realización del proceso anunciado de autodeterminación. Nótese, no obstante, que “autodeterminación” no supone necesariamente “independencia”, dado que un resultado posible es el “no”; pero sí supone capacidad de decisión, es decir, soberanía, y esto es lo que realmente se niegan a aceptar el gobierno español y sus adláteres. En este proceso, el gobierno catalán, el parlamento y la población, han mantenido abierta permanentemente la llamada al diálogo y al entendimiento, establecidos de modo que no supongan renuncia a la reivindicación de soberanía. Por otro lado, el gobierno español permanece enrocado en su oposición a cualquier diálogo, debate, resolución o actuación política que presuponga el establecimiento de un régimen de igualdad entre las partes en conflicto, porque ello significaría la aceptación de la soberanía catalana. Con el argumento de que la soberanía es patrimonio exclusivo y constitucional del pueblo español, exigen como condición sine qua non para el diálogo, que la Generalitat y el Parlament de Catalunya renuncien a plantear el debate autodeterminista que les exige una gran mayoría de la sociedad catalana, muchos independentistas (no todos, porque los hay que consideran que la fase de diálogo ya está superada) y muchos contrarios a la independencia (no todos, porque los hay que se adscriben a las consignas antisoberanistas y consideran que el gobierno español no tiene nada que hablar de igual a igual con la Generalitat). El planteamiento es este, y las posiciones son irreconciliables en este momento. Lo que para unos es irrenunciable, la soberanía catalana, para otros es inadmisible.
Não consigo perceber qual a razão pela qual o Autor não fala de colonização da Catalunha pelo reino de Castela. Dá impressão de querer fugir a qualquer comparação com tantos outros que reclamaram contra a sua colonização. O reino de Castela tem tanto direito a ter colónias quanto Portugal não tinha de as ter. As de Portugal resultaram da evolução, talvez inconveniente, do que começou por ser uma necessidade de poder fazer escalas nas suas longas viagens para a India, afinal uma coisa bem diferente do que é, deliberadamente, querer conquistar e oprimir Nacionalidades. Viva a Catalunha. CLV
Gracias, amigo, por su comen tario y sus buenos deseos. Permítame añadir, no obstante, que Catalunya no ha sido nunca una colonia, y, si bien ha sido tierra de conquista, no ha sido tampoco colonizada; es cierto, no obstante, que la actitud dominadora y prepotente de la hegemonía castellana no ha hecho a lo largo de la historia una distinción muy clara entre una forma y otra de administración del territorio. Las diferencias respecto a la colonización son muy evidentes: Catalunya ha mantenido en todo momento y especialmente desde principios del XIX la iniciativa comercial, industrial, económica; ha sido vanguardia de los movimientos y cambios sociales más significativos; ha liderado los intentos más relevantes de cambio político; ha sido puerta de entrada de la modernidad en muchos aspectos y punta de lanza en la proyección de lo hispano en Europa y en el mundo, y todo ello sin renunciar a su lengua, a su cultura y a la iniciativa de sus sectores sociales más dinámicos; y también son distintas las razones de su reivindicación independentista. Catalunya se reconoce a sí misma como nación, con capacidad para gestionarse sin necesidad de tener que recurrir a la intervención de un administrador que le es hostil, que no la acepta como nación ni le reconoce soberanía ni siquiera en los aspectos que le son propios y, por naturaleza, historia y voluntad, de competencia exclusiva; un administrador que se obstina en ser señor de vasallos, en tratarla como “provincia” -tierra de vencidos-, aunque sea bajo el concepto pseudofederalista de “comunidad autónoma”, que le niega todo tipo de soberanía reservándose el poder de conceder y retraer competencias, y aplicando un “estilo” de gobierno impregnado de actitudes colonizadoras, ahora sí, caciquiles y negacionistas de su personalidad histórica y su identidad.
Un abrazo, de mar a mar.