DIÁSPORA. DE TOROTUMBO A DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS, por Moisés Cayetano Rosado

Reflexiono en la Revista del Carnaval del Ayuntamiento de Badajoz (que se distribuirá el próximo día 9) sobre este acontecimiento desde dos publicaciones inolvidables llegadas desde “el otro lado del océano”: Guatemala y Brasil, respectivamente, y dos autores inolvidables: Miguel Ángel Asturias y Jorge Amado. ¡Que sirva desde aquí como homenaje a ese carnaval de Badajoz, cada vez más reconocido internacionalmente, y a esos dos autores tan queridos!

En 1962 publicaba el guatemalteco Miguel Ángel Asturias una novelita corta memorable. De una riqueza barroca en su léxico y estructura exuberante. Bajo el nombre de Torotumbo, el relato nos presenta a Estanislao Tamagás, un alquilador de disfraces a cuya casa va la gente buscando máscaras para las fiestas patronales, una especie de carnaval de los nuestros, pero religioso en lugar de rompedor. Allí, una niña se despista de su padre, quedándose sola, y ante un disfraz de diablo se asusta y grita, llamando la atención… y apetencia de Tamagás, que la viola y, en su brutalidad, la asesina.

Para no ser descubierto, coloca sobre el cadáver el disfraz de diablo y sale a la calle. Después, regresa con el padre, haciéndole creer que ha sido el diablo quién la ha matado; éste recoge, temeroso, el cadáver, organizando un entierro que nos suena a “tumulto de carnaval”.

En el segundo párrafo del libro, leemos este fragmento magistral: Mientras su tata Sabino Quintuche y su padrino Melchor Natayá, cerraban el trato interminable del alquiler de los disfraces, arreos, máscaras, armas y adornos necesarios en los convites, bailes y ceremonias de la «Fiesta de Morenos», con un vejantón escurridizo, color de leche seca, vestido de negro ya vinagre, injertado con un salto de párpado, tic nervioso que involuntariamente le vestía y desnudaba el ojo zurdo, la pequeña Natividad Quintuche, sobandito los pies descalzos en los ladrillos, se deslizó a lo largo de una galería, ancho corredor cubierto del lado del patio, curioseando las flores de papel de plata, las hojas de trapo almidonado, las alas de hojalata de los ángeles, las palomas de cera y algodón, los candelabros, atriles, palmas de mártires, arcas, candeleros, santos envueltos en sábanas, ovejas de madera, vírgenes en nagüillas, todo oloroso a humedad e incienso, sin saber que en terminando aquel amago de cielo, se encontraría al Diablo. (https://es.scribd.com/document/355422540/torotumbo-pdf).

Leer, o releer, esta deliciosa y tormentosa narración es una buena alternativa para los “descansos” de carnavaleros en estos días de bullanga, como contrapunto: ¡vil tergiversación de la ignorancia de los débiles a manos de perversos (Tamagás es, además, confidente policial) y pervertidos. ¡Que no nos vayan a coger desprevenidos…!

Cuatro años más tarde, el novelista brasileño Jorge Amado también recurría a los jolgorios del Carnaval para comenzar su divertida novela -picaresca y también mágica en su lenguaje- Doña Flor y sus dos maridos (https://tlriidcchazcapotzalco.files.wordpress.com/2014/08/jorge-amado-doc3b1a-flor-y-sus-dos-maridos.pdf).

Doña Flor se casaría dos veces. La primera con Vadinho -juerguista irredento, conocido en todos los bares y burdeles de la ciudad- y excepcional, insaciable en sus amoríos. A causa de los excesos etílicos moriría en pleno carnaval. Teodoro, su segundo marido, es el “revés de la moneda”: rígido, mojigato y pudoroso, de vida intachable.

Al año de esta segunda boda, con gran asombro para doña Flor, el pícaro espíritu de Vadinho reaparece con la fogosidad sexual acostumbrada, ante lo que la dama se encuentra en un “aprieto y dilema”… decidiendo finalmente gozar de ambos “opuestos”: la formalidad melosa de Teodoro y la frescura volcánica de Vadinho.

Ya de entrada, la novela nos recibe a los pocos párrafos con este distendido “obituario”: Vadinho, el primer marido de doña Flor, murió un domingo de carnaval por la mañana, disfrazado de bahiana, cuando sambava en un grupo y en medio de la mayor animación, en el Largo 2 de Julio, no muy lejos de su casa. Al día siguiente, a las diez de la mañana, salió el entierro con gran acompañamiento. Ese lunes de carnaval por la mañana no hubo murga ni comparsa que se pudiera comparar en importancia y animación con el funeral de Vadinho. Ni de lejos.

Enfrásquense también en esta lectura (mejor, para el que pueda, en su versión original, de portugués brasileño), que subraya en sus primeras páginas lo que puede ser un carnaval popular en Brasil. Si la resaca de estos días no les permite leer “con claridad”, vayan a la película basada fielmente en la novela, disponible en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=WHRGoqnuqg), aunque le reste algunos ratos de estar disfrutando del bullicio de la calle.

¡Menuda bullanguería que nos preparó Jorge Amado con tan original obra, de extraordinaria calidad literaria, como es la primera mencionada, aunque de contenido tan distinto: literatura de compromiso la primera; de divertida evasión esta segunda. Que de todo tenemos que ver y leer.

About moisescayetanorosado

Maestro de Primera Enseñanza. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Eduación. Licenciado y doctor en Geografía e Historia. Investigador de migraciones humanas y relaciones transfronterizas hispano-lusas. http://moisescayetanorosado.blogspot.com/

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