UN VISTAZO A LA FRONTERA EXTREMEÑO-ALENTEJANA DESDE LOS LIBROS – 1 – por Moisés Cayetano Rosado

 

Luis Bello, en 1926, recorrió buen número de pueblos extremeños y algunos de Alentejo, publicando sus impresiones en el periódico El Sol de Madrid, y al año siguiente en forma de libro. En 1994, la Editora Regional de Extremadura lo ha rescatado, en una cuidada edición de Encarnación Lemus López. El periodista pretendía retratar fundamentalmente la situación de los niños y de las escuelas de las zonas visitadas, algo que venía haciendo por toda España.
¿Qué es lo que aquí vio? Pobreza, mucha ilusión en sus maestros, pero una generalizada, desoladora pobreza, que denuncia con palabras como éstas:
El término tiene muchos eriales, peñas, charcas y lagunas. Es pobre. Ello explica que vayan tantos muchachos descalzos a la escuela. Pero no se crea que a Malpartida le falta buena voluntad. He visto la escuela de D. Manuel Juárez, antiguo pósito, con formidables pilastrones que sostienen las bóvedas, propias, no de una escuela, sino de un calabozo inquisitorial. Pero, con ser vieja, no la cambiaba por la nueva de 1923. Ésta no tiene ventilación. Es ancha, fría. El suelo, de cemento, está en algunos sitios, no ya húmedo, sino encharcado, y los niños descalzos, muchos con las huellas inequívocas del paludismo, soportan mal el frío de diciembre, y tosen.
Con la misma delicadeza y recogida amargura va pasando de Cáceres a Badajoz, y así, se detiene en Don Benito:
En la plaza hay, por las mañanas, trabajadores de todos los oficios, especialmente jornaleros del campo y albañiles, que aguardan ajuste en las esquinas y alrededor del cafetín. Suelen ir un rato hasta los obreros fijos y los que ya tienen jornal; pero pronto se ve cuáles son los que van a jugarse el albur del jornal módico o del paro forzoso. Aumenta el número de días difíciles como el de hoy. A medida que la mañana va avanzando, se desparraman y, a falta de jornal, buscan ocupaciones libres. Serán pajareros, pescadores, esparragueros… Cuando el campo no da nada, en épocas en que todo se niega, son las mujeres las que salen a los portales demandando socorro. Los pobres se ayudan unos a otros y el primer remedio es el préstamo de pan entre compañeros.
¿Hacen falta más palabras para mostrarnos la desgarrada situación de estas tierras extremas, arrastrada a lo largo de siglos? Los niños descalzos, aquellos niños que retrató Rafael Alberti:
Los niños de Extremadura
van descalzos.
¿Quién les robó los zapatos?
Les hiere el calor y el frío.
¿Quién les rompió los vestidos?
Los hombres parados en las plazas, buscando el mínimo jornal que no les llega, o que lo hace en cantidades tan ridículas que no da para saciar el hambre arrastrada por generaciones. Nuestro entrañable poeta Luis Álvarez Lencero lo expresaba con estos versos contundentes:
En la plaza del pueblo
sólo hay hombres callados.
No trabajan, no tienen
quien les dé algún trabajo.
Yo no sé qué pan comen,
porque el pan de los amos
se está poniendo duro
y el comerlo hace daño.
¿Qué piensan estos hombres
que nacieron esclavos?

 

 

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