LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA MASCULINIDAD – 3 – por Raúl Iturra

 

 

3. Heterogeneidad.

 

Es casi imposible decir que existe un concepto de masculinidad. Es demasiado amplio. Se refiere a muchas actividades que los seres humanos toman en sus manos y lo dividen en el trabajo del grupo, según los tiempos. Nunca olvido el estudio que hice de un grupo social gallego, en los años 70 y repetí en los años 90, 25 años después[35]. Los textos me habían enseñado la existencia de una entidad denominada Patrucio o herencia de los bienes por el hijo varón mayor. En mis primeros estudios comprobé que no era el caso: quien tuviera la habilidad de trabajar la tierra, entendiera de bancos y de dinero y de inversión y supiera casarse con alguien que también entendiera ese proceso, heredaba. Si no todo, por lo menos la mayor parte de la herencia. Cuando volví 25 años después, el trabajo, como siempre fue, estaba regido por la ley. Como siempre fue, digo, porque en los años 70 las personas pensaban que mandaban entre ellos su patrimonio, organizado por el jefe de familia, sitio siempre ocupado por quien más supiera del proceso de trabajo: había las señoras que dirigían a sus maridos, había las que hacían como “él mandara”, frase de una vecina. Pero, 25 años después, con el grupo social observado hecho parte de la Unión Europea y parte muy retrasada en relación a otros Estados miembros, quien organizaba era la ley del Estado central de España, con leyes escritas en lenguas que las personas no hablaban: Castellano. Su idioma era una combinación de lengua lusa e hispánico-castellana. Para heredar, es hoy necesario saber la genealogía de los animales que producen leche, las formas de tratar, probar que se entiende de ese trabajo ante el Concejo de la Cooperativa de Productores o Sindicato de Propietarios que informaba al Ministerio y solo así, podía heredar quien, además, se hubiera casado y hubiera producido hijos. Producir hijos es la prueba de que la actividad es orientada al trabajo y no a la vida del criterio de las personas autónomas e individuales. Hombres o mujeres, varones o hembras, masculino o femenino, no tenían importancia. Ni la tienen. Prueba de heredero, es casar e procrear. Como diría Bourdieu, el poder simbólico crea un espacio para cada ser humano y su trabajo[36] y una clasificación para esa persona. El espacio social que ocupa, es el definido por los otros para él. No parece haber ser humano que se imponga a los otros. El propio Pierre Bourdieu, en la conferencia citada en pié de nota, dice: “La ciencia social oscila entre dos puntos de vista aparentemente incompatibles,… : el objetivismo y el subjetivismo….Es raro que esas dos posiciones se expresen…Se sabe que Durkheim es sin duda, con Marx, quién expresó de la manera más consecuente la posición objetivista: Creemos fecunda, decía, esta idea de que la vida social debe explicarse no por las concepciones de aquellos que en ella participan, sino por las causas profundas que escapan a su conciencia…[37]. El autor dice una frase que es mi delicia: clasificar es subordinar a los pensamientos míos lo que otra persona hace. Es subsumir a mis pensamientos y símbolos, lo que está dentro de mi conciencia, criticando para orientar, lo que los otros hacen, dicen, piensan desean. Normalmente, clasificar autores, es ordenarlos en ideas que me son convenientes. Pero, como dice el texto ya citado de Durkheim y que Bourdieu recuerda al comienzo de este texto mío, todo ser humano clasifica. Es así, que el grupo social que observo en Galicia, sean clasificados como campesinos, a pesar de sus hijos y ellos propios ser industriales, artesanos, pastores, abogados, médicos, maestras, músicos, sastres.

Del mismo modo que hay una heterogeneidad en la vida social, hay otra en los conceptos de las personas que nos gobiernan. Decía en el parágrafo 2 de este ensayo, que la Iglesia Católica Romana definía Paternidad, tal y cual define adulto, infancia, bien y mal, hombre y mujer. Y al definir, reglamenta las formas en que unos tienen acceso a los otros. Para estructurar la sociedad, crea los Sacramentos, las permisiones y el tabú de lo que puede ser hecho o no, la distancia social entre personas que pueden o no tener acceso una a la otra. El propio Código de Derecho Canónico define el parentesco y sus grados, para el denominado Sacramento del Matrimonio, entre los Cánones 1073 a 1094[38]. Es allí donde define que ningún menor de edad de catorce años puede casar sin permiso de sus padres o tutores y que, si el matrimonio es hecho, tiene efecto cuando el permiso es otorgado. Es el matrimonio con condiciones. Pero si la condición falla, el sacramento es válido pasado un tiempo.

Este Código habla de Matrimonio. El mismo Obispo de Roma, Karol Wojtila, define en otro texto ya comentado –Catecismo de la Iglesia Católica– declara en el artículo 2366 a la fecundidad como un fin del matrimonio. Al mismo tiempo, en el artículo 2349 se aconseja la castidad como una vida de virtudes de salvación y amor a la divinidad. Al mismo tiempo, los artículos 2352 y 2357, permiten relaciones que por el tipo de personas a las que se vincula –a sí propio con la masturbación, a otro ser humano del mismo género en la homosexualidad masculina y femenina-, no son relaciones reproductivas, a pesar de ser relaciones permitidas y haber sido retirada de la lista de los pecados, en tanto el artículo 2353 habla de la fornicación como un pecado del cual una persona se puede arrepentir y confesar y quedar su espíritu en paz y guardar la castidad del Matrimonio a través del Sacramento.

Prácticamente, ser hombre o mujer, no tiene otro sentido que la espera del comportamiento simbólico que refiere Pierre Bourdieu. Se espera un comportamiento reproductivo de seres humanos en la vida social, pero se admite, como Durkheim dice en los textos citados y, especialmente en su libro de 1912, que la subjetividad gobierne la interacción social[39]. La gobierne hasta el punto de no interferir con el comportamiento esperado de los demás en la vida pública. Pasa a ser así, esa vida pública, una manera de orientar el comportamiento de las personas. Es de esa manera que Adam Smith, presbítero de la Iglesia Presbiteriana Escocesa, supo decir en su libro The theory of moral feelings, de que todos trabajábamos para agradar a los otros[40] y abre su libro con una teoría sobre la felicidad y la simpatía y de la propiedad de las acciones para que otros nos acepten. Y de lo necesario de los otros ser simpáticos y felices, para aceptarlos a ellos. Todo lo cual está basado en la teoría de Jean Calvin, escrita en 1536[41], que refiere al ser humano como una entidad a vivir en felicidad hasta la caída de Adán y su estado de hombre miserable que solo en el silencio y el dolor sabe y debe llevar para no agraviar a los otros[42]. Este no agraviar a los otros es retomado por Adam Smith[43] para explicar que el objetivo del ser humano –no dice hombre o mujer, tal y cual Calvino no distingue o Lutero[44] en sus escritos políticos-, es tener una proclividad o propensión a trabajar. Esa propensión está instalada en él o ella y le permite fabricar lo que va a consumir e intercambiar lo que necesita y, por gastar su tiempo en su arte, no puede hacer y espera de los otros que hagan, para completar sus necesidades. Es la llamada división del trabajo, que Durkheim definió después en su tesis de doctorado[45]como la solidaridad legal o orgánica y la mecánica o acuerdo social entre las personas sin tener que recurrir a la fuerza. En parte ninguna distinguen estos autores cual debe ser el tipo de género para un salario, una aceptación, una propensión a trabajar. O como Mohamed- ben- Abdulá en el Siglo VI, entiende por personas: todos los seres humanos que no hayan inducido a otros a faltar el respeto, como el ángel había hecho el ángel Lucifer o Satanás, que hizo desobedecer a Adán y Eva, según cuenta el autor en su libro[46]. No hay distinción, en cuanto al comportamiento, entre los masculino y lo femenino. Hay, si, distinción entre ofensas a las personas u ofensas a si mismos por no trabajar, por cobrar intereses, por no respetar la libido de la persona con la cual un Ego se ha comprometido a honrar con su cariño y su persistencia en amar y respetar dentro de su contexto.

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