Último discurso de Salvador Allende – por Raúl Iturra

El Palacio de La Moneda en llamas, mientras, con serenidad Salvador Allende pronuncia su último discurso

 

Amigos míos:


Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación.

Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha auto designado, más el señor Mendoza, general rastrero… que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros.

Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.

 

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

 

Trabajadores de mi patria: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes,. quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

 

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los Colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos. Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos… porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgará.

 

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

 

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Salvador Allende falava várias línguas, mas não o português. No dia da sua morte, falou para o povo chileno. Há traduções em vários idiomas. Mas, nesse dia, o derradeiro da sua vida, e ele sabia-o, falava para o povo chileno, com a sua elegância característica, usando as palavras mais simples do castelhano chileno, para ser entendido por todos, excepto pela burguesia, que usava palavras da elite que considerava ser, um grupo traidor que nunca teve fome e de açambarcamento de bens, não carecia, pois era simples, compravam noutros países, onde iam passear.

 

O povo entendía fácilmente esta frase: Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha auto designado, más el señor Mendoza, general rastrero… que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros.

 

Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar!

 

Ou esta: Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

 

A burguesia sabia o que ouvia, mas não queria entender, ou eram membros de classe, ou sabiam a crueldade hedionda que cometiam… não queriam ouvir a sua consciência.

 

O que apenas o povo podia entender, eram as frases endereçadas ao trabalho, apenas da sua classe esse tipo de actividade: Trabajadores  de mi patria: tengo fé en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

 

O que o companheiro Presidente sabia dizer, era ouvido, bem entendido por todos, por ser um homem elegante e cheio de respeito as diferentes formas de pensamento, quem as proferia… O seu discurso na Universidade de Guadalajara, ao confessar que respeitava aos marxistas, ateus e cristãos por igual, discurso proferido a 27 de Dezembro de 1972, poucos meses antes da sua morte – pode-se ler em

 

http://www.claudiodimauro.com.br/interna.php?id=5&col=9&n=11 ,

 

palavras alegres, divertidas, analíticas, como as do seu último discurso.

O Presidente tinha uma alcunha, típica do castelhano chileno: el pije ou betinho em português: o povo quer a sua soberania elegante, roupas de marca e com perfume. Foi a época em que o roto chileno – descosido na nossa língua – vestia e se perfumava como podia: é preciso dar exemplos, falava o nosso pije.  Pijes que sabem lutar e cumprir as suas promessas. O seu derradeiro discurso, duas horas antes do seu auto causado falecimento, vestia casaco de cabedal, camisa de seda branca, gravata e colocou a faixa tricolor dos Presidentes do Chile.

 

Morreu como viveu, elegante, calmo, sereno e consciente das suas decisões. O companheiro Presidente podia ser esse amigo, porque era um pije, sorridente e certo de si…

Trinta e oito anos passaram já, desde este discurso. A sua genealogia de pijes e senhores, que pode ser lida em

 

  http://www.genealog.cl/Chile/A/Allende/

 

fez dele o Presidente mais elegante e respeitoso que alguma vez tivemos…

 

Viva o Pije, Viva o companheiro Presidente que soube fazer do povo pessoas, gente respeitadora e orgulhosa da sua classe…

 

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