Selecção de Júlio Marques Mota
San Salvador de Bahamas , 31 jul – Algún día habrá que reflexionar sobre el impacto que la caída del Muro de Berlín ha tenido tanto en el mundo de los vencedores como en el de los vencidos.
Francis Fukuyama, que en aquel momento escribió el famoso libro El fin de la historia, diciendo que con la desaparición del comunismo el capitalismo iba a convertirse en una realidad eterna, acaba de escribir en el New York Times (NYT) pidiendo que se limiten las excesos de las corporaciones, que ocupan diariamente páginas enteras de ese diario.
Los vencedores del comunismo fueron los políticos, que tenían a disposición la fuerza militar y las nuevas tecnologías. El mundo de las corporaciones (cuando las finanzas todavía eran parte de él), había jugado un papel fundamental, pero indirecto hasta entonces. Y los defensores del Occidente de aquella época (estamos hablando del 1988, que parece hoy tan lejano), presentaban como modelo un capitalismo que hoy está en vías de extinción.
Era un capitalismo que se había formado con las luchas sociales creadas por la revolución industrial y que había incorporado progresivamente, como base de su evolución, valores como la justicia social, la participación y la democracia, en la base de la organización social. Un capitalismo que había aceptado a los sindicatos, a las concertaciones sociales y empresariales, y al trabajo como un derecho fundamental para una vida digna,
Ese capitalismo está despareciendo hoy. En 1950, un especulador financiero estadounidense Bernard Baruch, provocó un escándalo teorizando que un jefe de empresa tenía el derecho de ganar cuanto 60 empleados. Hoy, lo normal es que gane cuanto centenas de ellos. Hubo un tiempo en que las corporaciones se dedicaban al mecenazgo del arte y de la sociedad.
William Pfaff, al entrevistar el CEO de AETNA, el gigante de seguros americano, le recordaba este periodo del capitalismo social. Pfaff le contestó “No puedo ver un ejemplo mejor de traición de los intereses de los accionistas. El deber de una corporación es darles a ellos todos los beneficios. Lo que pasa fuera de la sociedad, no nos interesa”. El declive del tejido comunitario, de asociaciones y del sentido cívico de nuestras sociedades ha sido tan notable que le ha permitido al sociólogo Robert Putnam escribir un esplendido libro, Bowling alone, sobre la desaparición del viejo mundo americano solidario, comunitario y asociativo.
A comienzos de julio, David Brooks, el comentarista conservador del NYT, publicó un escrito de defensa del “capitalismo moderno”, observando que la codicia es un fuerte estimulante para el éxito. Y que si se han deslocalizado centenares de miles de puestos de trabajo, es porque el “capitalismo moderno” tiene una visión global, no únicamente nacional. De esto ha resultado en la creación otros tantos puestos de trabajo en países del Tercer Mundo, lo que es objetivamente un resultado de honda significación social.
Brooks dice también que es posible que esto se haya hecho para dar una mayor y legítima ganancia a las empresas, y que los nuevos trabajadores sean, de alguna manera, explotados, pero a la larga esto se va a solucionar. El capitalismo moderno, aunque no tenga ninguna consciencia social, sigue siendo el solo motor de la historia.
Este tipo de lógica, antes de la caída del Muro, hubiera sido impensable. A nadie se le hubiera ocurrido elogiar la codicia y presentar como una idea positiva la eliminación de millones de puestos de trabajo, en nombre de una mayor ganancia de las empresas. El hecho que ésta hoy ocupe las páginas de opinión de un respetable diario, nos demuestra cómo está cambiando el mundo. Hoy se dicen cosas que antiguamente nadie se hubiese atrevido ni siquiera a mencionar. Y lo que es más grave, este tipo de declaraciones son aceptadas con normalidad por los lectores.
Estamos frente a un profundo cambio de valores. Valdrá la pena recordar que los valores de la egalitè (la justicia social), fraternitè (por ejemplo, los sindicatos), y solidaritè (tener el tejido social, médico, educativo y de pensiones, que se están hoy desmantelando), no estaban sólo en las banderas de los revolucionarios franceses, sino que están hoy impresas en las Constituciones de nuestro Estados modernos.
El motor del “capitalismo moderno” ha sido la finanza, no la industria. Aquella fue el motor del viejo capitalismo. En un plazo muy rápido, los capitales se han concentrado en las finanzas para obtener ganancias más veloces y mayores que con la industria.
A la llegada de Facebook a la Bolsa, esta empresa de 300 personas y unas pequeñas oficinas, fue valorada por encima de la Boeing, con sus 60.000 trabajadores, enormes edificios de producción de aviones y laboratorios científicos de altísimo nivel. Facebook pagó a INSTANTMAT — una empresa de Internet con seis funcionarios–, mil millones de dólares. En el mundo de la economía real, ¿cuánto tiempo, sacrificios, inversiones y producción se necesitan para poder vender un negocio en mil millones de dólares? Esta estimación de la Bolsa, ¿a qué realidad se refiere?
Es ilustrativo saber que, en 2010, el valor total de la producción de bienes y servicios de un día en el mundo estaba cerca de 1 millón de billones de dólares (**). En ese mismo día, el total de las transacciones financieras se situaba en 40 millones de billones de dólares. Las transacciones habían crecido cuatro veces desde 2004.
El diario Observer ha publicado el 23 de julio un estudio según el cual la élite económica mundial ha evadido entre el 2005 y el 2010 por lo menos 17 millones de billones de dólares. Casi nadie sabe lo que es en la realidad la astronómica suma de un millón de billones. Baste decir que contando en segundos de tiempo, se necesitan 317 años para llegar a un millón de billones. Ahora bien, los 17 millones de billones de la evasión fiscal en cuestión son más que la suma del Producto Interior Bruto de dos países como Estados Unidos y Japón juntos. El estudio demuestra que 6.3 billones de los capitales evadidos, pertenecen a 92.000 personas, o sea al 0,001% de la población mundial. Pero el estudio también revela que, al final del 2010, los 50 bancos privados más grandes del mundo, manejaron más de 12 millones de billones en el negocio de la evasión fiscal, y los tres que más activos han sido son la UBS, Credit Suisse y la Goldman Sachs. ¿Quién se acuerda de la reunión del G20 de Londres en 2008, en la cual Sarkozy, Merkel y Obama declararon la guerra “inmediata y definitiva a los paraísos fiscales?
La incapacidad de la política para controlar las finanzas es la razón de la fuerza avasalladora del “capitalismo moderno”. Lejos de defender y aplicar las constituciones, la política se ha convertido en un instrumento al servicio de los mercados. No sé cuantos lo han notado, pero hasta ahora ningún fraude del sistema financiero por los daños de la comunidad ha llevado nadie importante a la cárcel (recuerdo que Bernard Madoff era un individuo, no un banco.)
(continua)
